Foto y oración

JAE preso

En la página 372 de El soviet caribeño escribí lo siguiente:

Terminé de leer y empecé a hablar con mi padre sobre el tema. De inicio me repitió lo que ya había declarado. Me mostró la famosa foto del joven comunista Fulgencio Oroz protegiendo de la policía a los líderes del Directorio Fructuoso Rodríguez y José Antonio Echeverría. También sacó otra foto, que por desgracia no conservo, de un grupo de estudiantes presos. Lo vi al lado de Echeverría y por detrás de unas rejas…

Confieso que poco faltó, cuando estaba revisando el libro, para que sacara esa oración que ahora aparece subrayada. Tuve miedo de que la memoria me fallara, de que la foto no existiera y de que al final quedara yo como un mentiroso.

Por suerte decidí dejarla y ahora, gracias a la excelente base de datos que conserva José “Pepín” Álvarez, he podido recuperar la foto y publicarla aquí.

La cara que está entre José Antonio Echeverría y el joven con las gafas oscuras es la de mi padre.  Para más exactitud, es la cara que está entre los barrotes nueve y diez contando de izquierda a derecha.

 

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Cosas de blancos

Lingote

Acaba de salir publicada, en la revista Hypermedia, una entrevista que me hizo el historiador y profesor retirado José “Pepín” Álvarez, antiguo miembro del Movimiento 26 de julio (M-26-7) en Santiago de Cuba y autor de una biografía de Frank País.

La razón de la entrevista es mi libro “El soviet caribeño”, un texto sobre el que Pepín tiene muchas más preguntas que yo respuestas. Uno de los temas que tocamos durante nuestro intercambio fue el de las genealogías, o el de la importancia que tienen los parentescos, al menos para mí, a la hora de esclarecer ciertos vínculos que de otra forma podrían pasar inadvertidos.

Ayer, por una de esas casualidades que a cada rato adornan nuestras vidas, el libelo oficial del castrismo, el periodicucho Granma, se dignó a mencionar, por primera vez en cincuenta años, el nombre de mi madre en uno de sus artículos. La última vez que lo hicieron fue en 1968, durante el llamado proceso de la “Microfracción”.

Es verdad que se trata de una mención tangencial y con el nombre mal escrito. Escribieron Taif Aguilera donde debieron haber puesto Thais Aguilera; pero de todas formas queda claro, por la doble militancia en el M-26-7 y en la UJC, así como por los barrios habaneros de los que se habla (La Víbora y Lawton), que se trata de mi madre.

El texto en el que la mencionan es, a su vez, una entrevista que le hace una estudiante de eso que los castristas denominan periodismo a un señor llamado Rolando Blanco Sales.

Reconozco que no pude evitar una mueca cuando leí el primer apellido.

Blanco es un apellido premiado en la historia del comunismo cubano. Sin hacer mucho esfuerzo puedo recordar a Juan Blanco Grandío y a su hermana, a Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), a Antonio Blanco Rico, y a Alberto Blanco (uno de los tantos nombres de guerra que utilizó Fabio Grobart).

El problema es que ese apellido es tan común en Cuba que resulta muy difícil, sin el acceso adecuado a los registros civiles, establecer cuáles pudieron ser, o no, las relaciones de parentesco entre esas personas. Se sabe, por ejemplo, que un famoso caricaturista y jugador de ajedrez cubano respondía al nombre de Rafael Blanco Estera y le decían, también, Blanquito. Hasta donde sé, nunca fue comunista.

En el caso de Rolando Blanco Sales, sin embargo, sí se puede establecer una línea de parentesco muy interesante. Se trata del hermano de José A, Blanco Sales, alias Lingote, un miembro del M-26-7 al que Esteban Ventura identificó en sus Memorias (publicadas en 1960) como un vil delator, y al que mi madre denunció como chivato en 1959; o sea, mucho antes de que a Ventura se le ocurriera hacerlo.

La extraña historia de Lingote, que nunca fue molestado por su chivatería, que fue fundador de la Seguridad del Estado castrista en 1959, y que llegó a alcanzar un alto grado dentro de esta, yo intento explicarla en el “El soviet caribeño”. La posible explicación que doy es, esencialmente, que Lingote fue un criptocomunista infiltrado dentro del M-26-7.

Algo que podría ayudar a esclarecer los orígenes de esa posible infiltración sería averiguar si existió alguna relación de parentesco entre Lingote y Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), un militante muy vinculado al aparato clandestino del PCC-PSP y que fue, además, el Secretario General de esa organización en Arroyo Apolo durante la lucha contra Batista. Un barrio que incluía a La Víbora y a Lawton, y en el que militaron, entre otros, mi madre, Isidoro Malmierca (primer director del Granma), Marcos Rodríguez (el supuesto delator de las mártires de Humboldt 7) y, quizás, uno de los hermanos Blanco Sales.

Cualquiera que sea el origen de esa infiltración, lo cierto es que mi explicación puede haber llegado como un gran alivio para Rolando Blanco. A partir de ella su hermano, otrora reconocido en los corrillos revolucionarios como un vil delator, puede ahora pasar a ser visto, por quien así lo desee, como un cuadro con “tarea”, o como un abanderado temprano del futuro que vendría. Por decirlo en pocas palabras, ahora Rolando puede pensar y decir que su hermano fue un chivato, pero no un chivaaaaato.

A lo mejor es por eso que se decidió a mencionar a mi madre en la entrevista que le hicieron; y a lo mejor fue por eso que el director actual del Granma (hijo de los viejos comunistas Osvaldo Sánchez y Clementina Serra) autorizó para que el nombre saliera impreso, aunque fuera mal escrito.

Nada es casual en ese libelo, y Orlando Blanco lo sabe muy bien porque su hija, Katiuska Blanco, escribe en la sucursal del Granma que se llama Juventud Rebelde y es, además, la apologista oficial de Fidel Castro.

En fin, son cosas de blancos, ellos se entienden.

 

Foto: De izquierda a derecha: el coronel José A. “Lingote” Blanco, Pascual Martínez Gil, Antonio de la Guardia y José Abrantes. En Nicaragua, durante el primer viaje de Fidel Castro, en julio 1980. Propiedad de Norberto Fuentes

 

 

 

 

 

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El Soviet en La Américas

Me acaban de avisar que El Soviet Caribeño ya está a la venta en la librería Las Américas, aquí en Montreal.

Para los interesados, apúrense, que dice un dicho que el pan caliente vende rápido.

Y para los que lleguen a comprarlo: muchas gracias.

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Oscuros varones de Cuba

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Se llama Lizandro Arbolay –con zeta de decisión materna– y habíamos quedado, tiempo ha, en un intercambio de libros. Al fin nos vimos en la presentación de “El compañero que me atiende”. Él me dio su opera prima, titulada Oscuros varones de Cuba y yo le firmé uno de los míos. Mientras lo hacía no pude evitar, por más risas que intenté, esa preocupación que siempre me persigue en esos casos.

Llevo mucho tiempo preocupado por el hecho de que casi nunca me gusta un libro que leo. Llevo años preguntándome cuanto de miedo a la competencia, de validación del ego, de esnobismo o de pura imbecilidad tiene ese hecho.

Durante todo ese tiempo también descubrí que no puedo mentir con respecto a un libro; que en literatura no existe la crítica constructiva; que el silencio es la crítica más gentil, pero es considerado mera mezquindad; y que entre los escritores la amistad es una tregua malparida que malvive entre dos libros.

Es lógico que así sea, porque cuando un escritor escucha, por ejemplo, una crítica de sus hijos siempre puede echar mano a los cromosomas maternos, a la recombinación genética, al bodeguero de la esquina, a los amiguitos, a la escuela o al hecho, inobjetable, de que sus hijos son proyectos que todavía no están terminados. Con los libros ningunas de esas escapatorias existen.

Esas ideas, y muchas más que no vienen al caso, ronroneaban en la trastienda de mi cabeza cuando entré en el vagón del Metro y empecé a leer Oscuros varones de Cuba. Leí unos cuantos párrafos y cerré el libro con un gesto que, tengo que reconocer, fue demasiado brusco para un objeto tan hermoso.

Fue un gesto de alivio que salió convoyado –como las croquetas– con malas palabras. Fue un “al fin” con alusiones a la entrepierna y con la decisión de empezar a leer el libro, incluida la relectura de los primeros párrafos, como en realidad se merecía. En la cama, con las almohadas garantizando el ángulo adecuado, con la lámpara de noche dando una luz perfecta y con las páginas volando ante mis ojos. Bueno, salvo unas pausas, muy cortas, para cerrar el libro y confirmar que en la carátula está escrito el nombre de un autor de carne y hueso.

Hay gente así. Hay gente que es capaz de contarnos una historia que ya conocemos para hacérnosla vivir como si fuera nueva, y más interesante, y llena de unos detalles que nunca vimos y que son narrados de una forma que nos pone de cuerpo presente en medio de una realidad que está hecha de palabras, solo de palabras. Son narradores extraordinarios, son muy pocos, son elegidos, y Lizandro Arbolay, el autor de Oscuros varones de Cuba, es uno de ellos.

No dejen de leerlo, no se van a arrepentir.

 

 

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Separen el tiempo, por favor

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El próximo jueves 10 de mayo, exactamente dentro de una semana, Enrisco estará en Montreal.

La sección de estudios hispanos del Departamento de Lingüística y Lenguas Clásicas y Modernas de la Universidad de Concordia (CMLL) tiene el gusto de invitarlos a la presentación del libro “El compañero que me atiende”, una colección de 57 textos sobre las ardientes –y casi casi nunca bien correspondidas– relaciones de los escritores cubanos con los despreciables chivatos del castrismo.

La entrada es gratis, pero lleven dinero constante, porque habrá venta de ejemplares.

No dejen de ir, digo, si quieren pasarla bien.

 

 

 

 

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A un mes de publicado

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Hoy “El Soviet caribeño” amanece en el primer lugar de ventas para los libros recién publicados, y en las tres categorías que lo clasifican, una de ellas en lengua inglesa. La verdad es que no me puedo quejar. Gracias, una vez más, a todas las personas que lo han comprado. Y si les gustó, y no es mucho pedir, recomiéndeselo, por favor, a sus conocidos.

 

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Buena noticia

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Según Amazon, “El Soviet Caribeño” se acaba de colar en el número uno de ventas entre los libros de historia en español publicados recientemente. Gracias a tod@s los que lo han comprado. Ahora solo queda ver cuánto dura en esa posición.

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