De idos y venidos

A finales de julio del año 2009 escribí un texto –que después fue publicado en el desaparecido sitio “Penúltimos días”– en el que predije que eventualmente, en alguno de los futuros posibles, al castrismo se le podría ocurrir la genial idea de desempolvar, o “destronar”, al entonces recién “tronado” Carlos Lage.

Como siempre sucede con cualquier intento de predicción del futuro, el texto que escribí en el año 2009 se equivocó en casi todo, pero acertó en eso de que algún día el castrismo podría necesitar limpiar su imagen con un burócrata profesional, y sin las manos manchadas con sangre.

Ayer, cuando me enteré que habían sacado a Lage del congelador, no pude evitar el pensamiento de que el castrismo es, para los que conocemos su naturaleza, más predecible que una línea de tren.     

Este es el texto que escribí hace doce años:

Salir del punto cero

Es cierto que en este asunto de las bitácoras no es bueno mezclar los temas. Sin embargo, por más que lo intento, no puedo dejar de pensar que existe una relación estrecha entre la supuesta purga de Lage y Felipito, los sucesos en Honduras y la campaña difamatoria contra Carlos Alberto Montaner.

Tres historias que confluyen, según veo, en el dilema fundamental del castrismo de hoy: su intento de sucesión dinástica y la bochornosa falta de legitimidad que enfrenta Raúl Castro, dentro de sus filas, en la opinión pública cubana y en la comunidad internacional. Un rechazo que por el momento se expresa con silencios, tibiezas diplomáticas y esperas.   

¿Qué sentido tiene defenestrar a dos perritos falderos como Carlos Lage y Felipe Pérez Roque?

Lo primero que tenemos que pensar es que para el castrismo las inmorales ganancias de una acción deben ser numerosas y acumulativas. Así, por ejemplo, el simulacro de castigo contra esos dos fieles reporta, de entrada, varias ventajas. Habla de un cambio de cabecillas y de la llegada al poder de un grupo que durante años estuvo en la sombra, y ahora ve llegado su momento. Les mete miedo a esos, muchos, que no se tragan a Raúl Castro, que conocen sus debilidades y esperan, tranquilos, esa oportunidad de destruirlo que ellos saben que él terminará dándoles. Sacude al espionaje y a la opinión pública española y refuerza, de paso, la intransigente imagen de un José Ramón Machado Ventura que ha sido llamado a primera fila por su inclinación a usar el terror como fuente de legitimidad.

A pesar de esos cocteles psicopáticos, los hermanitos Castro no se llaman a engaño. Sólo ellos deben estar manejando en estos momentos los verdaderos reportes del famoso “Estado de opinión de la población”. A esos reportes debemos sumar los bajos precios del petróleo venezolano, la falta de liquidez monetaria, la pérdida del monopolio de la información, la caída del turismo, la disminución de las remesas, la vejez de Raúl Castro… y tendremos una idea aproximada de la triste herencia que deja el castrimo a sus fieles

En ese contexto, aparece otra pregunta: ¿cuál es la razón de ese amor súbito que el castrismo parece mostrar hoy por la democracia entendida como un instrumento para perpetuarse en el poder? ¿Por qué los Castro corren a rasgarse las vestiduras cada vez que fallan esos intentos —de Chávez, Zelaya y, eventualmente, Ortega— de usar la democracia para legitimar tiranías? ¿Por qué, a pesar de la profunda crisis económica que sufre Cuba, el gobierno cubano insiste en gastar millones de dólares enviando médicos, maestros, y “asesores”, a dondequiera que exista un bandolero con intenciones de reelegirse hasta la eternidad?

Una vez más, las inmorales ganancias de ese cambio de chaqueta ideológica tienen que ser varias y, mientras más, mejor. Dar, por ejemplo, la idea de una ideología de bloque y de un liderazgo continental que la megalomanía castrista necesita más que el oxígeno. Mantener ocupados a los americanos, y a la opinión pública internacional, con unos tiranos de nueva adquisición que sirvan, al menos de inicio, de círculo protector del raulismo, de creadores de nuevos caminos para la droga, para el lavado del dinero y la protección de la fortuna de la familia Castro.

Pero no nos engañemos, la más importante de esas ganancias podría ser, a mi entender, el surgimiento de un precedente que le permitiría a Raúl Castro, después de la muerte de su hermano —que es cuando empieza el juego—, y obligado por las circunstancias de un descontento que bien podría empezar en el Sexto Congreso del Partido y llegar a ser incontrolable, usar a Machado Ventura como chivo expiatorio, sacrificarlo a las masas, desempolvar a los “idos de marzo” como candidatos electoreros de oposición blanda y convocar un referendo que buscaría, a toda costa, refrendarlo a él, o a su candidato, en un poder vitalicio que ya para entonces, esperan ellos, será práctica aceptada —o tolerada— en un continente que sabe demasiado de pobrezas y tiranías.

En ese esquema, como en todos, hay varios elementos que pueden llegar a convertirse en obstáculos serios. Una es la pérdida, tecnológica e irreversible, del control de la información, otra es que cualquier simulacro electorero en Cuba tendrá que pasar, por razones de cercanía geográfica y poder económico, por las opiniones, los intereses y —de ser posible para el raulismo— los candidatos representativos de la comunidad cubana en el exterior. Ese será el momento de alguien que el castrismo lleva tiempo intentando desprestigiar.

¿Qué es lo que realmente le molesta al castrismo de Carlos Alberto Montaner? ¿Por qué los hermanitos no dudan en azuzar a sus menguados y ridículos agentes de influencias contra este señor? ¿Cuál es el origen de la obsesión, comprobada hasta la saciedad, que Fidel Castro tiene con CAM?

Las respuestas son, también, muchas (mientras más, mejor). Creo, para empezar, que con sus ataques contra CAM el castrismo deja en claro —para los cubanos que sabemos cómo funciona su maquinaria represiva— que nada comprometedor le sabe a este señor.  Otra cosa que debe molestarles sobremanera de CAM es su inteligencia, su capacidad para expresar y defender sus ideas de una forma que ya hubieran querido para si los Castro en los mejores años de su vida.

Hace poco el propio CAM publicó un artículo en el que intenta explicar las razones de esas campañas difamatorias que el régimen de La Habana ordena a cada rato contra su persona. La conclusión a la que llega, y con la estoy parcialmente de acuerdo, es que se trata de una colección de intentos, imbéciles y ridículos, de asesinar su voz.

Digo parcialmente porque me parece, y pido perdón por usar una frase que no es mía, que en realidad lo que quieren asesinar, lo que realmente les molesta, es el tono de la voz.

Carlos Alberto Montaner es, a mi entender, uno de los opositores al castrismo que menos denota esos vicios y actitudes que padecemos los cubanos y que fueron causa, y hoy son consecuencia, de ese castrismo que pretendemos derrotar sin derrotarnos a nosotros mismos.

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Una canción que parece hecha para un 15 de noviembre

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Mensaje desde el archipiélago

En el año 2022 el país donde nacimos cumplirá 70 años sin democracia. Mis padres jamás han podido elegir de forma libre su ideología, su partido o su presidente. Han debido resignarse a la decisión de otros y han tenido que ratificar esas decisiones para evitar buscarse problemas. En Cuba, por desgracia, callar lo que pensamos es visto por muchos como un signo de inteligencia. Siempre nos piden esperar un “momento” y un “lugar” que en realidad nunca llegan.

Casi toda mi generación creció escuchando la frase: “por tu bien, habla bajito”. La mayoría de mis amigos ya se fue del país y otros sueñan con hacerlo pronto. Yo no quiero que me recarguen el teléfono ni que me envíen un par de zapatos. Quiero que Cuba sea la nación a la que todos puedan regresar cuando quieran, piensen como piensen, y de la que nadie más quiera marcharse.

La Revolución prometió derechos, justicia, libertad y elecciones libres, pero en su lugar nos convertimos en un apéndice soviético. Prometió ser verde como las palmas, pero se envolvió en un manto rojo con una hoz y un martillo custodiando la estrella solitaria. El pensamiento único, la censura y la persecución política han sido el pan de cada día para cualquier cubano que no se someta al control de los mayorales. Y el fin de la Guerra Fría solo aumentó nuestra miseria. Somos sobrevivientes de una guerra inconclusa, en la que no fuimos ni vencedores ni vencidos, solo rehenes de un dogma obsoleto, de un clan de funcionarios aferrado al poder y a sus privilegios, de un capricho apuntalado con fusiles de fabricación rusa.

Es cierto que hubo algunos logros y conquistas, no todo es gris. Pero de qué sirven las gratuidades si luego van a chantajearme con ellas. ¿Qué valor tiene mi educación si luego me prohíben pensar con mente propia? También muchos esclavos aprendieron a leer. Y no pagaban con dinero su rinconcito en el barracón ni su almuerzo, lo pagaban con obediencia y con el sudor de sus espaldas. Si a alguno se le ocurría exigir un cambio de régimen, le esperaban con certeza el látigo, el cepo y el grillete.

Yo ya pagué todos mis estudios. Sépanlo. Fui a todas las escuelas al campo, corté caña, recolecté papas en Artemisa y café en Pinares de Mayarí. Cumplí dos años de servicio social cobrando un salario de “espejitos”. Les debo mucho a mis maestros, pero con el Estado ya saldé mis deudas. No me lo saquen más en cara. Tampoco sigan usando como chantaje mi trabajo con las instituciones culturales. Trabajar es un derecho, no un privilegio. Y yo he entregado tanto o más de lo que he recibido.

Escribo estas palabras bajo una campaña cobarde de mentiras contra mí y contra los organizadores de la marcha. La bajeza es tal que nos han cortado los servicios de Internet para que ni siquiera podamos defendernos desde nuestras redes. Pero no voy a victimizarme. El ingenio cubano también sabe cómo burlar estos bloqueos internos. Mi única preocupación eran mis padres. Sé cuánto les duele, sé cuánto temen, pero también sé que ellos conocen a su hijo. Ambos se han sobrepuesto al miedo y me han llamado solo para decirme que sea fuerte, y que están orgullosos.

Es obvio que nadie nos paga un centavo. Nadie sería tan idiota de enfrentarse a todo esto (y a la furia que vendrá) por dinero. Lo hacemos por convicciones, y eso tiene al poder desesperado. Tampoco nadie nos da órdenes desde ninguna parte. Hay mentes maravillosas en este país y ya vamos aprendiendo a debatir y a encontrar consensos, sin falsas unanimidades, ni líderes máximos. Lo que ellos llaman “alianzas”, no es más que un diálogo honesto con todos los cubanos, sin discriminar a ninguno. Ningún régimen volverá a decirnos jamás con cuál cubano podemos hablar y con cuál no. No vamos a reproducir su esquema de prejuicios, estigmas y satanizaciones.

Agradezco infinitamente la enorme solidaridad que hemos recibido. Si hubiese justicia y tuviéramos 15 minutos en televisión nacional, toda la mentira que el poder ha fabricado, se derrumbaría al instante. Pido con respeto que cese el linchamiento contra cualquier cubano que defienda honestamente sus principios, sea del color político que sea. Cuando decimos “con todos y para el bien de todos”, hablamos en serio.

El 15 de noviembre marcharemos sin odio. Estamos conquistando un derecho que jamás se nos ha respetado en 62 años de dictadura, pero vamos a conquistarlo con civismo. Todo el mundo estará mirando hacia Cuba ese día. Sabemos que el poder juega sucio, que da órdenes de combate contra su propio pueblo, que nos miente en la cara, que sería incluso capaz de infiltrar a sus paramilitares en la marcha para generar violencia y echarnos la culpa. Cada ciudadano deberá ser responsable de su conducta y defender la actitud pacífica y firme que hemos convocado.

El 15 de noviembre puede y debe ser un día hermoso. Donde quiera que viva un cubano, sabemos que su corazón va a estar en Cuba. Ojalá que los poderosos no insistan en comportarse de manera cobarde contra sus propios ciudadanos. No repitan el crimen del 11 de julio. Ojalá que oficiales y soldados comprendan que no hay honor alguno en obedecer órdenes inmorales. Ojalá también que ninguna potencia extranjera interfiera en un asunto que debemos resolver con verdadera soberanía, la de los ciudadanos.

Apostemos por el coraje, la dignidad y la franqueza. Es tiempo ya de decir lo que pensamos en voz alta.

Un abrazo.

Yunior García Aguilera

Nota:

Aquí pueden leer la versión en inglés de este texto de Yunior, disponible gracias al excelente trabajo de la plataforma Translating Cuba (Traduciendo a Cuba).

Por favor, difundan esta versión entre los anglófonos. Es importante.

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La esperanza es verde

No importa quién haya convocado a la marcha.

No importa si pensamos que el régimen controla la marcha.

No importa si la fecha cambia.

No importa si algunos de los convocantes se echan para atrás a última hora.

La marcha ya ha sido un éxito.

Ya, sin ocurrir, la marcha tiene a los machitos castristas soltando litopedias por la boca.

La clave está en los militares.

El 11 de julio ocurrió porque estaban matando al pueblo.

Después del 11 de julio empezaron a morir militares de alto rango.

Tantas muertes de militares de alto rango, en tan poco tiempo, no pueden ser obra de la casualidad.

Cada opositor debe enviar un mensaje a los militares cubanos.

Cada influencer debe enviar un mensaje a los militares cubanos.

Cada cubano debe enviar un mensaje a los militares cubanos.

Un mensaje muy simple: ¡Ya, por el bien de todos, ya!

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Artículo del senador canadiense Leo Housakos sobre Cuba

Hace unos días el senador canadiense Leo Housakos publicó en el sitio True North sus opiniones sobre la situación en Cuba; y sobre la “desnudante” ausencia de una respuesta, por parte del débil gobierno de Trudeau a la que, evidentemente, fue una brutal violación de esos mismos derechos humanos que el débil gobierno de Trudeau dice defender.   

Hago uso el término “desnudante” porque el débil gobierno de Trudeau ha quedado al desnudo como lo que realmente: una meretriz que se pasea encuera mientras ofrece sus servicios al duvalierismo dinástico de la familia Castro.

Es una pena que los canadienses hayan decido reelegir, aunque sea con debilidad, a un individuo que nunca habría llegado a donde está si no fuera por el apellido que tiene.

¡Ah –parecen decir los canadienses que lo reeligieron–, qué sería del mundo sin las dinastías concebidas en el mar Caribe!     

Para los interesados, esta es mi traducción del texto del senador Leo Housakos:

Los canadienses deberían escuchar las voces del pueblo de Cuba

Senator Leo Housakos

Septiembre 25, 2021

El 11 y el 12 de julio de este año más de 187 mil cubanos salieron a las calles de la isla para exigir democracia y libertad en Cuba. Si los canadienses son amigos del pueblo cubano, entonces deberían escuchar sus voces. Es hora de que Canadá lidere un esfuerzo internacional para condenar públicamente y rechazar las brutales violaciones de los derechos humanos perpetradas por el régimen de Cuba contra manifestantes pacíficos.

Es inaceptable que el gobierno de Trudeau no haya tenido el cuidado de adoptar una posición firme frente a los arrestos arbitrarios, la apabullante vigilancia policial, la tortura y las detenciones por motivos políticos perpetradas contra artistas disidentes, periodistas y activistas en Cuba.    

En el 2016, un año después de haber iniciado su mandato, Justin Trudeau dijo que reafirmaba “nuestro compromiso – como individuos y como país— con la protección y la promoción de los derechos humanos alrededor del mundo”. Los resultados actuales del gobierno de Trudeau no coinciden, sin embargo, con esa retórica.    

Canadá debe crecer a la altura de este momento histórico y repensar su política exterior hacia Cuba, y debe hacerlo desde el entendimiento de que los cubanos merecen vivir en democracia.   

Recientemente me reuní, en la Colina del Parlamento, con un grupo de cubanos. Ellos me expresaron la necesidad de un cambio urgente en la política exterior del Canadá, porque el turismo y las inversiones canadienses están ayudando a apuntalar el estado unipartidista de Cuba y la maquinaria represiva del régimen. Sus puntos de vista me llevaron a entender mejor el papel que Canadá debe jugar en un momento en el que el pueblo cubano exige vivir en democracia y libertad.

Durante nuestro intercambio, me hicieron una pregunta que merece ser pensada: ¿Si usted supiera que sus vacaciones están ayudando a fortalecer un sistema que persigue y encarcela a periodistas y artistas inocentes, seguiría usted viajando a Cuba?

El Canadá, que es la principal fuente de turismo e inversiones en la isla, debería reflexionar sobre cuánto está ayudando a fortalecer al régimen cubano. Los canadienses deberían estar al tanto de que no hay forma posible de gastar o invertir dinero en Cuba sin enriquecer y sostener al gobierno cubano.

El ejército cubano, a través de su holding GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A) controla una buena parte de la economía del turismo cubano. Opera hoteles, instituciones financieras, compañías de importación/exportación, transporte, y más. Según Bloomberg, se estima que en el 2015 GAESA dominaba entre el 50 y el 80% de las ganancias de negocios en Cuba.

En contra de los reclamos del régimen, el dinero que los canadienses gastan en Cuba no contribuye al mejoramiento de la vida de los cubanos, lo que hace es financiar la represión del régimen.

Un análisis de Global Fire Power establece que Cuba tiene la sexta fuerza paramilitar más grande del mundo, que es movilizada para monitorear y reprimir a activistas de derechos humanos, periodistas, artistas y otras personas críticas del régimen. Mientras tanto, un médico en la isla gana 31 dólares canadienses al mes (al cambio oficial), un salario mucho más bajo que los 36 dólares canadienses que gana un guardia de prisiones de segundo rango y sin educación preuniversitaria.

Además de eso, las ganancias del turismo cubano son invertidas de una forma desproporcionada en la construcción de hoteles y no en programas de educación, salud pública o asistencia social.

Mientras el ejército cubano invierte en sus planes para construir 90 mil habitaciones de hotel antes del 2030, el pueblo sufre la carencia de alimentos, medicinas y oxígeno en los hospitales –y Cuba sufre en estos momentos la peor ola de COVID-19 que ha sufrido hasta la fecha.

Al mismo tiempo, el pueblo sufre por la falta de ambulancias, supuestamente por la carencia de combustible; mientras que el régimen tiene recursos de sobra para movilizar a sus fuerzas paramilitares en camiones, furgonetas y autobuses, todas bien equipadas para detener arbitrariamente a miles de manifestantes pacíficos, como sucedió después de las protestas del 11 de julio.     

Con todo esto en mente, yo aliento a los canadienses a preguntarse a sí mismos por qué gastar nuestro dinero en un país cuyo gobierno no lo usa para mejorar la vida de su pueblo, sino para reprimirlo y agarrarse al poder durante décadas.   

Los canadienses son conocidos alrededor del mundo como defensores de los derechos humanos universales. Como senador que defiende la libertad y la democracia alrededor del mundo, yo tengo el compromiso de poner al tanto a mis conciudadanos sobre las implicaciones éticas y morales de gastar nuestro dinero en Cuba, que es una hermosa isla gobernada por un régimen político que depreda al pueblo de sus derechos.

Aquí en Canadá, los Conservadores respaldan públicamente al movimiento pro-democracia en Cuba y condenan la brutal represión del régimen contra su pueblo.

Es por eso que la Plataforma Conservadora dice explícitamente que un nuevo gobierno conservador: “respaldará al pueblo de Cuba en su lucha por la democracia y la libertad que merece”.

Entendemos que para que un movimiento pacífico y democrático pueda tener éxito en Cuba, necesita de la solidaridad y el respaldo del Canadá. El pueblo de Cuba merece nuestro apoyo y creo que debemos estar preparados para dárselo.

Coda

El pasado 7 de agosto tuve el honor de asistir a una reunión de exiliados cubanos, aquí en Montreal, con representantes del partido conservador de Canadá. Entre los asistentes estuvo el senador Leo Housakos y, tengo que reconocer, me impresionó por su franqueza y su solidaridad para con la causa de la libertad de Cuba.

En un momento determinado de esa reunión tuve la oportunidad de hacer esta pregunta:

Llegamos tarde, y cuando digo llegamos hablo de la humanidad, de la especie humana, todos nosotros llegamos tarde a Ruanda, llegamos tarde a los Balcanes, hemos llegado tarde, varias veces, a Haití. La comunidad internacional reconoce, y sabe, que vivimos en tiempos en los que el 5% de una población, altamente organizado, con el control total de las armas, de la policía y otros recursos, puede controlar al 95% restante de esa población. Eso hace que sea muy difícil destruir o cambiar regímenes comunistas o socialistas, porque la fuente final de la libertad es la propiedad privada. Cuando usted es el dueño de una panadería, usted tiene comida a su disposición durante meses, y usted puede organizar una resistencia que puede durar varias semanas. Cuando usted tiene que despertarse cada día en la mañana pensando en qué va comer ese día no hay posibilidad para una revolución o para un cambio de régimen. Hay algo que yo conozco con seguridad, conozco a mi país, y es un país con dos guerras de independencia, dos supuestas revoluciones, décadas de gansterismo, y cinco grandes campañas militares alrededor del mundo. Es un país con una larga historia de violencia, y hay algo de lo que no nos estamos dando cuenta con respecto a esto, con respecto al 11 de julio, ¿okey?: este es el comienzo de un nuevo ciclo de violencia en Cuba. El pueblo está hasta el pelo, el pueblo se dio cuenta de que lo están matando por razones políticas, y salió a las calles a luchar. Pero este es solo el primer asalto. Entonces, estamos descartando o estamos diciendo “ninguna intervención internacional, ninguna intervención militar”, como si eso fuera un No-No, cuando sabemos que algunas veces la mejor manera de parar la muerte de la gente, y la sangre corriendo en las calles, es con una comunidad internacional que tenga la capacidad de decir “vamos a intervenir si esto se va de las manos”. Es por eso que nosotros estamos hablando de intervención humanitaria o militar, porque conocemos nuestro país, y sabemos que el pueblo está cansado. Entonces, esta es mi pregunta: ¿cuánta sangre tendrá que correr por las calles antes de que ustedes cambien su posición sobre la intervención militar?

Para los que entiendan inglés, este es el video de ese momento:

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Genocidio en cámara lenta

Hace unas semanas me senté a conversar, en mi spanglish de Montreal, con el gran Julio Schilling. El tema de la conversación fue algo que, a pesar de ser evidente, no ha sido reiterado por el exilio cubano con la insistencia que creo merece. Me refiero al hecho de que, mucho antes de la rebelión del 11 de julio, no pocos sabíamos que el pueblo cubano estaba siendo utilizado como rehén, y que su sufrimiento no era más que un elemento de negociación por parte del régimen de la familia Castro.

Para los que entiendan mi spanglish, o prefieran leer los subtítulos, aquí está el video de esa conversación.

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Bien dicho

El tiempo ha terminado por poner al esbirro ideológico de Silvio Rodríguez donde los cubanos pesantes siempre supimos que estaría: en la cloaca.

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I am a genius-IV (by Frank Rodríguez)

(versión en español a continuación)

It takes a military genius like me to have been able to forecast that U.S. citizens would be left behind in Afghanistan if the U.S. military was removed first.

An average American citizen would not have come up with the idea that Americans would need a military escort to be able to get out of a country now run by a hostile terrorist group.

Only an expert, like me, would realize that if a country is already more than 50% in the hands of the enemy in May, 60% in June, 70% in July and 80% in August, that the country would probably fall into enemy hands by September (oh sorry, 90% in September and 100% in October).

An average American citizen would have agreed with the State Department in conducting normal visa procedures for allies who had fought alongside the U.S. for twenty years. An average American would have not foreseen the need to hurry things along. After all, the lives of these people were not on the line. We must recall that among the first acts of the Taliban, more than 20 years ago, was to throw women from springboards into swimming pools. Those pools were empty of water.

Once the democratically elected Afghan government had ceased to exist, only a military genius like me would have come up with the idea that the U.S. did not need to abide by any agreement with it, and so, it could destroy, or better still remove, all or most of its military equipment, already bought and paid for by U.S. taxpayers (although they are still paying for it as it was bought with a Chinese credit card.)

And it takes a genius like me to realize that the U.S. is not going to defend Taiwan (Republic of China) from an attack by Red China (People’s Republic of China). After all, Uncle Joe is all in favor of unity, and he will give a speech to rejoice in the final unity of all the Chinese people, to now include the Taiwanese along with Tibetans, and Uighurs, all eager to partake in the Xi Jinping’s dim sum. I am off to get my third Pfizer shot against the Chinese virus.

Soy un genio-IV (por Frank Rodríguez)

Hay que ser un genio militar, como yo, para haber sido capaz de predecir que muchos ciudadanos de los EE. UU. serían abandonados a su suerte, en Afganistán, si las tropas americanas eran sacadas antes.   

A un ciudadano promedio de los EE. UU. no se le habría ocurrido la idea de que los americanos necesitarían escoltas militares para salir de un país controlado por un grupo terrorista hostil.    

Solo un experto, como yo, se habría dado cuenta de que, si más del 50% de un país está en manos del enemigo en mayo, el 60% en junio, el 70% en julio y el 80% en agosto, probablemente en septiembre ese país caería en manos del enemigo (oh, perdón, 90% en septiembre y 100% en octubre).    

Un ciudadano promedio de los EE. UU. habría estado de acuerdo en que el Departamento de Estado aplicara los procedimientos normales de visado a esas personas que lucharon junto con los EE. UU. durante veinte años.

Un ciudadano promedio de los EE. UU. no habría imaginado que hiciera falta apurar esos procedimientos de visado porque, después de todo, las vidas de esos que lucharon junto a los EE. UU. no estaban en peligro. Debemos recordar, por ejemplo, que uno de los primeros actos de los Talibanes, hace más de veinte años, fue lanzar a mujeres desde trampolines hacia piscinas… sin agua.

Una vez que el gobierno democráticamente electo de Afganistán hubiera dejado de existir, solo un genio militar como yo habría concebido la idea de que los EE. UU. no necesitaban cumplir ningún acuerdo con ese gobierno y, por lo tanto, podrían destruir o, aún mejor, sacar toda o una buena parte ese equipamiento militar que ya había sido comprado y pagado por los contribuyentes americanos (aunque todavía lo están pagando porque fue comprado con tarjetas de crédito chinas).

Y hace falta un genio militar como yo para darse cuenta de que los EE. UU. no van a defender a Taiwán (República de China) de un ataque de la China Roja (República Popular China). Después de todo, el Tío Joe está completamente a favor de la reunificación, y hasta daría un discurso para saludar con alegría la unidad final de todo el pueblo chino. Una unidad que incluiría, a partir de ese momento, a taiwaneses, tibetanos, uigures, y a todos los que ansíen ser parte del plato de Dim Sum servido por Xi Jinping.

Voy echando a meterme el tercer pinchazo contra el virus chino.

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I am a genius-III (by Frank Rodríguez)

(versión en español a continuación)

Before Uncle Joe Biden proposed his “Build Back Biden” plans, I predicted, with a high degree of certainty, that his policies would produce a high rate of inflation.

An average citizen would not have been able to forecast that not allowing oil pipelines to be completed, and forbidding exploration for oil in Alaska, and other federal lands, would mean an increase in the price of a gallon of gasoline. After all, Biden, such a nice man, promised that pipeline construction workers would now be employed building solar panels that would somehow offset the decrease in domestic fuel supplies. An average citizen would surely think that having a solar panel on the roof meant lower prices at the pump, logically.

But the sun has not shined on Biden’s plans, and his opposition to U.S. coal production has also meant an increase in the price of electricity and heating oil, another cause of inflation. And forget about building nuclear plants, the lowest source of air pollution, but anathema to Uncle Joe.

No, an average American would not have thought that since gasoline is used to transport all goods in the good-old USA, and electricity is used to run all factories that produce all the goods in the good-old USA, the price of all goods in Amazon would rise like a Jeff Bezos rocket, and all the heavily subsidized electric cars built by Elon Musk would now cost more to run, or park, if they run out of juice.

One definition of inflation taught to average Americans is a situation of “too many dollars chasing too few goods.” But Uncle Joe has always thought that there can never be too many dollars, how can that be bad? So, he has decided to beg, borrow, or steal, (an old English expression) to get his way. Beg OPEC to produce more oil, borrow from the Chinese Communists, and steal from the pockets of U.S. taxpayers. After all OPEC includes Venezuela and Iran, the Red Chinese have financed the Biden lifestyle for quite a while, and it is not really stealing if your grandchildren will be paying for it.

One way to produce more goods, an average American citizen might deduce, is to have more people working on making the goods. But in addition to the laid off pipefitters and coal miners, turns out now that the nurses we glorified during the pandemic are now being fired, not laid off, if they will not vaccinate. Never mind that nurses should know if they need to do so or not, being among the people fighting the pandemic head on. So, Biden’s solution is to give money to people to stay at home, except to deny unemployment benefits to those unvaccinated health workers

An average American would certainly agree with these policies, as well as the one that demands that corporations fire unvaccinated workers, an average American would surely realize that that will increase the supply of workers and then goods, which would lower the cost of goods, that is, lower inflation.

And now the grand finale, by hook or by crook (another old English expression) Uncle Joe is obstinate to spend $3.5 trillion (really from $5 to 8 T over the years) in Build Back Biden, + $1.2 T for bridges and roads in addition to the big Ts he already spent fighting COVID, only to have COVID return with a vengeance. Uncle Joe Biden’s policies surely remind me of Uncle Joe Stalin’s, another genius in totalitarian economics.

Only a highly trained economist, namely me, could figure this out. I am off to the mall. I am buying all I can now, before prices go up, along with my taxes and blood pressure.

Soy un genio-III (por Frank Rodríguez)    

Antes de que Joe Biden propusiera su “Plan de Reconstrucción Biden” yo predije, con un alto grado de certeza, que esa política suya generaría un alto índice de inflación.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de predecir que dejar que los oleoductos quedaran sin ser completados, y prohibir la exploración petrolera en Alaska y en otras tierras federales, podría traer como consecuencia un aumento en el precio del galón de gasolina.

Después de todo Biden, un tipo tan bueno, prometió que ahora los constructores del oleoducto serían empleados en la construcción de unos paneles solares que, de alguna manera, servirían para compensar la disminución en el suministro de combustibles de uso doméstico. Un ciudadano promedio de seguro habría pensado, lógicamente, que tener un panel solar en el techo se traduciría en precios más bajos en la gasolinera.

Pero el sol no brilló sobre los planes de Biden, mientras que su oposición a la producción de hulla en los EE. UU. también se tradujo en un incremento en el precio de la electricidad y, eventualmente, de la calefacción, que son otras de las causas de la inflación. Y olvidémonos de la construcción de plantas nucleares, que son las que menos polucionan el aire, pero de las que el Tío Joe huye como de la hulla.

No, a un americano promedio no se le habría ocurrido que, si la gasolina es usada para transportar todos los bienes en nuestra vieja y buena América, y la electricidad es utilizada para producir todos los bienes en nuestra vieja y buena América, un aumento en los precios de esas energías traería como consecuencia que los precios en Amazon subirían como uno de esos cohetes de Jeff Bezos, o que los fuertemente subsidiados carros de Elon Musk empezarían a costar más caros para moverse, o para ser parqueados si se quedan sin enjundia.  

Una de las definiciones de inflación mejor conocidas, por el americano promedio, es “demasiados dólares cazando muy pocos bienes”. Pero el Tío Joe siempre ha pensado que nunca hay demasiados dólares porque, según él, ¿cómo puede ser eso malo? Así es que ha decidido mendigar, pedir prestado o robar (que es una vieja expresión de la lengua inglesa) para salirse con la suya.

Mendigar a la OPEP para que produzca más petróleo, pedir prestado a las arcas del Partido Comunista Chino y robar de los bolsillos de los contribuyentes americanos. Después de todo, la OPEP incluye aliados como Venezuela e Irán, la China roja ya ha financiado el estilo de vida Biden por un buen rato, y no es realmente robar si los que pagan son tus nietos.      

Una forma de producir más bienes, podría deducir un americano promedio, es teniendo más gente que trabaje en la producción de esos bienes. Pero además de despedir a los trabajadores de los oleoductos, y a los mineros de la hulla, ahora resulta que esas enfermeras que glorificamos durante la pandemia serán despedidas, sin ayuda para el desempleo, si deciden no vacunarse.

Poco importa que esas enfermeras deban saber, después de haber sido las personas que lucharon de frente contra la pandemia, si necesitan o no vacunarse . Así es, la solución a la que Biden ha llegado es pagar para que la gente se quede en casa, mientras niega la ayuda de desempleo a los trabajadores de la salud no vacunados.    

Un americano promedio podría estar ciertamente de acuerdo con esas políticas de Biden, así como con esa idea de demandarles a las corporaciones que despidan a sus trabajadores no vacunados. Un americano promedio podría seguramente pensar que eso incrementará el suministro de trabajadores y, en consecuencia, de unos bienes que eventualmente bajarán sus precios y reducirán, por tanto, la inflación.

Y así llega la apoteosis, porque ya sea a las buenas o a las malas el Tío Joe se obstina en gastar 3,5 billones españoles, que son los trillones americanos (aunque en realidad serán de 5 a 8 en el curso de los años), en su “Plan de reconstrucción Biden”, a los que hay que sumarles otros 1,2 billones españoles en puentes y carreteras, más los que ya se ha gastado en luchar contra el COVID, solo para lograr que el virus regrese aún más vengativo.

Sin lugar a dudas, las políticas del Tío Joe me recuerdan las del Tío Stalin, otro genio de la economía totalitaria.

Solo un economista muy bien entrenado –quiero decir, yo– podría darse cuenta de todo esto. Por eso voy echando para el mercado ahora mismo, a comprar todo lo que pueda antes de que los precios suban, junto con mis impuestos y mi tensión arterial.

Traducción del texto en la imagen del encabezamiento:

Biden: “El almuerzo es gratis si ya está pagado”.

Pie de imagen: “Asesores económicos elucubran sobre al Bidenconomía”.

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I am a genius-II (by Frank Rodríguez)

(Versión en español a continuación)

I predicted, against all forecasts from the American Left, that there would be a spike in crime in the USA if the Democrats were to win the 2020 election. An average citizen would not have been able to predict this because Joe Biden is a very nice old man, and the Democratic Party is very concerned with the plight of criminals and their victims, in that order.

An average citizen would not be able to conclude that crime would increase if bail was not required when someone is arrested at the scene of a crime. There is no reason to believe that such a person might be involved in a second crime.

An average citizen would not be able to conclude that after being arrested at the scene of a second crime, this same person might be arrested at the scene of a third crime.

An average citizen would not be able to imagine that reducing the number of police officers would not mean that a lesser amount of crimes would be committed.

An average citizen would not be able to conclude that allowing demonstrators to burn down buildings and attack and insult the police would lead to police officers deciding to quit their jobs.

An average citizen would not be able to assume that if your remove immunity from police officers and you restrict them in how they should do their jobs, that many would restrict themselves, take the easy way out, and not get in trouble by doing their jobs correctly.

An average citizen would not have been able to conclude that young people would decide on a different career path, as being a good policeman doesn’t pay.

An average citizen would not have been able to understand that sending in a social worker into a situation of violence may not be a good idea, for the social worker, or for the victims.

An average citizen would not be able to connect the dots that if people with a criminal record are deported that these same people may decide to walk across the border while the Border Patrol is busy changing diapers.

No, an average citizen would never have been able to come up with these conclusions, it takes a highly skilled social scientist, like myself, to be able to decipher these complex sociological phenomena. I am off to play the lottery, you have to be in it to win it, they say. But if police are not in the streets in required numbers, criminals will do a number on the average citizen.

Soy un genio-II (Frank Rodríguez)

Yo predije, en contra de todas las predicciones de la Izquierda Americana, que habría un aumento marcado de la criminalidad en los EE. UU. si los Demócratas ganaban las elecciones del 2020.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de predecir eso porque Joe Biden es un viejito muy agradable y el Partido Demócrata está muy al tanto de la situación de los criminales y sus víctimas, en ese orden.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de concluir que los crímenes se incrementarían si ninguna fianza es solicitada cuando alguien es arrestado en la escena del crimen. No hay razón para creer que esa persona podría estar involucrada en un segundo crimen.    

Un ciudadano promedio no sería capaz de concluir que después de ser arrestado en la escena del crimen, por segunda vez, esa misma persona podría ser arrestada en la escena del crimen una tercera vez.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de imaginar que la reducción del número de policías no se traduciría en una reducción del número de crímenes cometidos.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de concluir que dejar que manifestantes quemen edificios, y ataquen e insulten a la policía, podría llevar a que los policías decidieran irse de sus trabajos.

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de asumir que si eliminamos la inmunidad de los policías y los restringimos en la forma en la que deben hacer sus trabajos, muchos de ellos se restringirían a sí mismos y buscarían la forma más fácil de escapar sin meterse en problemas por perseguir bien a los criminales.   

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de concluir que muchos jóvenes se decidirían por carreras profesionales distintas si ser un buen policía no paga.    

Un ciudadano promedio no habría sido capaz de entender que enviar un trabajador social a una situación de violencia podría no ser una buena idea para el trabajador social, o para las víctimas de esa situación.  

Un ciudadano promedio podría perder el rastro de que, si las personas con antecedentes criminales son deportadas, esas mismas personas podrían decidir volver a entrar caminando, a través de la frontera, mientras la patrulla fronteriza está ocupada cambiando pañales.   

No, un ciudadano promedio nunca sería capaz de arribar a esas conclusiones. Hace falta un científico social altamente calificado, como yo, para ser capaz de descifrar esos fenómenos sociológicos tan complejos.

Así es que voy echando a jugar la lotería porque, según dicen, el que no apuesta no gana. Pero si los policías no están en las calles, en los números requeridos, entonces los criminales le van a hacer un número al ciudadano promedio.

Traducción de la imagen del encabezamiento:

En 1933 Hitler nombró a Hermann Göring como ministro del Interior. Su primera orden fue el desfinanciamiento y la eliminación de los departamentos de policía, de forma tal que no interfirieran con sus “Camisas Pardas”. La misión de las “Camisas Pardas” de Hitler fue manifestarse, quemar, golpear y matar a algunos ciudadanos con el objetivo de garantizar las elecciones y asegurar la agenda del Nacional Socialismo. Ahora, los líderes del Socialismo americano de hoy quieren desfinanciar y eliminar a la policía. ¿Se repite la Historia?   

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