Con Juan Manuel Cao en América TV

#1 Best Seller

Ayer, a las 10:30 pm, salió al aire aquí en Miami el primero de los dos programas que el periodista Juan Manuel Cao decidió hacer para comentar mi libro El Soviet Caribeño.

Para mi asombro, hoy en la mañana el libro amaneció en el primer lugar de ventas de Amazon en la categoría de libros de Historia en español.

Es increíble el poder de la televisión.

Muchas gracias a todas las personas que vieron el programa, y a todas las personas que decidieron comprar el libro.

Si quieren, hoy nos volvemos a ver a las 10:30 pm en el programa El Espejo, de América TV.

Aquí la primera parte del primer programa

Aquí la segunda parte del primer programa

Aquí la primera parte del segundo programa

Aquí la segunda parte del segundo programa

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En saludo al 26

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Ayer, en horas de la noche, tuvo lugar otro encuentro de la Escuela Historiográfica Cubana de Montreal.

Participaron el Lic. Francisco García González, el matemático Félix Carbonell, el ingeniero Roldán Pérez y quien esto escribe.

La actividad fue exquisitamente preparada por las licenciadas Vilma Vidal y Gretel Barreras, quienes además de la cena y los refrigerios brindaron una excelente conferencia –en paralelo– sobre los desacuerdos en precios y estilos entre Ikea y Structube.

El primero en usar la palabra fue el Lic. Francisco García González, quien empezó pidiendo –antes de explicar su interesante tesis– que en las actas de este encuentro su nombre no apareciera como Franky.

La tesis de Francisco García González es que la grandeza de la Escuela Historiográfica Cubana de Montreal radica en el hecho de que los mejores antídotos contra la mitología gringo-castrista de la revolución cubana son, precisamente, los análisis pobres y tendenciosos, las evidencias parciales, las tramas templarias y las teorías conspiratorias.

Para así demostrarlo Francisco García González se comprometió a escribir la Historia del famoso y nunca bien ponderado Partido Auténtico de Cuba, y se comprometió, además, a escribirla a partir de un análisis exhaustivo de todos los periódicos y libelos publicados durante la existencia de ese partido político.

Cuestionado por los presentes sobre la validez de semejante método de investigación el interpelado se defendió explicando que ya ese método había sido validado… mediante la escritura de la Historia de un bar del Centre-Ville de Montreal a partir de los grafitis leídos en sus baños y paredes.

Se procedió a los aplausos en silencio (y a los suspiros de admiración mal contenida) antes de pasar al siguiente punto, que estuvo a cargo del ingeniero Roldán Pérez Morales.

Este ponente, que llegó al encuentro muy bien preparado, defendió la idea del extraordinario valor informativo que pueden llegar a tener los errores, las mentiras y las omisiones del sitio de desinformación castrista llamado Ecured.

Para defender su ponencia el ingeniero procedió a un análisis comparativo entre las entradas de Ecured correspondientes a las muertes del esbirro castrista Osvaldo Sánchez y de su piloto Martín Klein. La comparación está recogida en la imagen que sirve de encabezamiento a este texto.

Como bien explicó el ingeniero Roldán, esa imagen muestra que, a pesar de estar los dos en el mismo avión, Osvaldo Sánchez murió a causa del mal tiempo que derribó a la aeronave, mientras que Martín Klein, que iba piloteando la misma, murió como consecuencia del fuego cruzado de la defensa antiaérea castrista.

Un verdadero enigma histórico que el Lic. Francisco García González quiso resolver proponiendo la existencia de dos dimensiones espaciales diferentes. Según esa explicación Osvaldo Sánchez estaba exactamente en el mismo sitio que su piloto Martín Klein, pero al mismo tiempo no estaba. Fue, entonces, esa dicotomía de estar y no estar la que permitió que uno muriera de una forma y el otro de otra.

Hay que reconocer que muchos de los presentes ya se inclinaban a aceptar esa explicación cuando pidió la palabra el matemático Félix Carbonell.

Según Félix la explicación propuesta no se sostenía porque un análisis detallado del texto publicado por Ecured demostraba un desfasaje más temporal que espacial. Según Ecured Osvaldo Sánchez murió a las 6:45 de la tarde, mientras que su piloto fue derribado alrededor de las 7:30 de la noche.

Ante la imposibilidad de aceptar semejante plegamiento de las coordenadas espacio-temporales procedimos a buscar una explicación más pedestre. Así llegamos a extraordinaria idea de que el castrismo y Ecured intentan esconder el hecho de que Osvaldo Sánchez fue derribado ex profeso y con nocturnidad y alevosía.

Para explorar esa posibilidad decidimos utilizar el método de la concatenación histórica; o sea, nos propusimos establecer una línea de continuidad entre hechos en apariencia no relacionados. Por ejemplo:

  1. La llegada a La Habana del agente de la KGB Alexander Alexeyev (el 1ro de octubre de 1959).
  2. La orden de apresamiento del comandante Huber Matos (26 de octubre de 1959).
  3. La desaparición física de Camilo Cienfuegos (el 28 de octubre de 1959).
  4. La muerte del capitán Cristino Naranjo (el 12 de noviembre de 1959).
  5. El alzamiento, la búsqueda, captura y fusilamiento del capitán Manuel Beaton (junio de 1960).
  6. El derribo por fuego amigo de la avioneta en la que iba Osvaldo Sánchez (9 de enero de 1961).
  7. El apresamiento en Praga de Marcos Rodríguez (10 de enero de 1961).
  8. El juicio a Marcos Rodríguez y el inicio de la defenestración de Joaquín Ordoqui (marzo de 1964).
  9. La extraordinaria carrera artística de Juana Bacallao.

Después de rompernos un poco la cabeza arribamos a una narrativa que dice más o menos así: El bolo de la KGB ordena crear el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y que Raúl Castro sea el jefe. Camilo Cienfuegos se queda sin pincha, se pone bravo y le dice tres o cuatro verdades al benjamín. Los hermanitos de Birán deciden deshacerse del Señor de la Vanguardia y le piden a Osvaldo Sánchez que se ocupe. La Bestia Roja dice que hace falta sacar a Camilo de La Habana. Fidel Castro, lejos de firmar la renuncia de Huber Matos, le dice a Camilo que vaya a prenderlo. Camilo va y desaparece sin dejar rastro alguno.

Hasta ahí todo va bien. Pero alguien le filtra la información a Cristino Naranjo de que su adorado jefe había sido asesinado. Cristino Naranjo abre una investigación propia y empieza a desenterrar informaciones que no encajan. Osvaldo Sánchez decide tomar cartas en el asunto, busca en sus archivos y encuentra que una mujer de Manuel Beatón también tiene amoríos con Cristino. Le dejan caer la información a Beatón, quien se siente deshonrado y en su deshonra asesina a Cristino Naranjo.

El problema parecía solucionado, pero unos pocos meses después unas baterías antiaéreas, en las que había gente de la antigua tropa de Camilo, se cargan a Osvaldo Sánchez. ¿Quién estaba alimentando a los antiguos hombres de Camilo con semejantes informaciones? ¿Quién los puso al frente de esas baterías? Bueno, pues nada más y nada menos que el viceministro del MinFar, Joaquín Ordoqui. Ante esa debacle de lealtades no quedó más remedio que apresar a Marcos Rodríguez allá en Praga y empezar así el proceso que terminaría en la prisión domiciliaria de Ordoqui. Mientras tanto, se hizo necesario neutralizar a todos y cada uno de los hombres importantes de la antigua tropa de Camilo Cienfuegos. El último de ellos fue Arnaldo Ochoa Sánchez. La pregunta de peso, claro está, es:

  • ¿Y Juana Bacallao?

Bueno, está la historia de la teniente Juanita de las Mercedes Montes de Oca Bacallao, sobrina nieta, con dos grados de separación, de la famosa cantante y, además, primer teniente del Minfar. Juanita, que es como la llamamos sus amigos, trabajó como archivista de los expedientes médicos del Minfar durante más de 20 años. En 1989 Juanita hizo algo increíble. En cuanto se enteró que Arnaldo Ochoa estaba preso fue y fotocopió, sin que nadie lo notara, el expediente médico del General. Días después, como era de esperarse, el expediente fue incautado por los hombres de Raúl Castro y desapareció. Pero eso ya no importaba, porque ya Juanita podía saber, a partir de la fotocopia que había hecho, que Arnaldo Ochoa estaba narcotraficando en Nicaragua el mismo día y a la misma hora en la que estaba siendo sometido a un análisis de sangre en el Hospital Naval de La Habana. Así fue como Juanita supo que meses antes de morir el General Ochoa llegó a alcanzar el divino don de la ubicuidad.

Se hizo un largo silencio y Félix Carbonell terminó sus cálculos antes de explicar que la ubicuidad de Ochoa era matemáticamente imposible, que semejantes plegamientos de los planos espacio-temporales de este universo traerían como consecuencia la desaparición de todas esas coordenadas y campos de energías que llamamos Cuba.

Se hizo otro largo silencio antes de que el ingeniero Roldán explicara que, dado el decrecimiento de la población cubana, y dada la sustitución en Cuba de las polimitas por el caracol africano, de la caña de azúcar por el marabú, del son por el reguetón, del béisbol por el futbol, etc., etc., no era descabellado pensar que podríamos estar asistiendo a una desaparición no-catastrófica, o a una catástrofe silenciosa, o a eso que en el cine llaman salida por disolución.

Decidimos dejar esa idea para un próximo encuentro. Había llegado la hora del postre. Recogimos la mesa, llevamos las bandejas de yuca con mojo, ensalada y puerquito asado hacia la cocina. Guardamos las botellas de vino y nos dispusimos a disfrutar de una excelente pastelería francesa.

Alguien dijo:

  • Esto le molesta al comandante.

 

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El candil y la oscuridad

Candil de la calle

Se llamó Ángel Arturo Álvarez Lombardía, pero le decían Fray, como a Fray Candil.

No creo que haya dado mucha luz. Fue más bien uno de esos cuadros oscuros que el PCC-PSP siempre mantuvo en las sombras.

Nació en la ciudad de Santa Clara y se destacó como líder estudiantil de la enseñanza media por allá por los años 40. Eso me hace pensar que debe haber nacido alrededor de 1925, quizás un poco antes.

Indamiro Restano (hijo) asegura que después del golpe de estado del 10 de marzo de 1952 Fray Lombardía fue el administrador de las gasolineras que eran propiedad de Cosme Varas, el ayudante personal de Fulgencio Batista. Y fue, además, el director de Carta Semanal el periódico ilegal que el PCC-PSP creó cuando le cerraron Hoy.

Si eso es verdad, entonces todo parece indicar que el aparato de Inteligencia del PCC-PSP se las agenció para posicionar a Fray en un punto clave.

Debe haber hecho un buen trabajo, porque a partir de 1959 pasó a ser, junto con otros viejos comunistas, uno de los fundadores de la Seguridad del Estado castrista.

Orlando Rodríguez Pérez cuenta en sus memorias que a inicios de 1959 se encontró con Fray Lombardía en una calle de La Habana. Eran amigos desde la época de las luchas estudiantiles de los años 40 y se abrazaron. Cuando le preguntó en qué andaba la respuesta que recibió fue:

  • Estoy metido a esbirro, estoy trabajando en Seguridad…

En 1960, cuando Anastas Mikoyan visitó La Habana, dos amigos comunistas de Orlando Rodríguez Pérez –Carlos Guigou y Cuco González—le confesaron que eran parte del dispositivo de seguridad personal que los comunistas cubanos habían establecido para proteger al enviado soviético.

Para demostrarle que estaban diciendo verdad le enseñaron a su amigo las credenciales que los acreditaba para tan importante tarea. El asombro de Orlando Rodríguez Pérez fue mayúsculo cuando vio que las identificaciones estaban firmadas por su amigo Fray Álvarez Lombardía, una persona a la que él nunca había tenido por comunista.

Que Fray estaba metido a esbirro lo confirma a su vez Juan Antonio Rodríguez Menier, uno de los desertores de la Seguridad del Estado castrista, cuando dice en sus memorias que Lombardía fue el “jefe de la Sección Jurídica de Operaciones y principal organizador de lo que después devino en el Viceministerio de Contrainteligencia”.

La mano no le tembló a Fray Lombardía a la hora de organizar la implacable represión del castrismo. Ya hoy se sabe que muchas de las penas de muerte de los procesados en la cárcel de “Quinta y 14” fueron firmadas por ese viejo comunista.

Menier también confirma la militancia de Fray cuando dice: “Me agradaba la sencillez y enorme capacidad de ese hombre. No era Jefe de Operaciones del DSE por el gran sentido de la disciplina que le inculcó la jefatura del viejo partido comunista, lo que le hizo aceptar jefes bastantes incapacitados pero muy oportunistas. Álvarez, que fue el padre del DSE, nunca fue jefe de ninguna rama. Triste destino de ese brillante hombre, servir de segundón de hombres mediocres, pero más astutos que él”.

No hay dudas de que hay astucias y astucias. La de Fray fue a más largo plazo y siempre tuvo objetivos que iban mucho más allá de aparecer como jefe. Terminó siendo el ayudante personal de José Abrantes, una posición idónea para seguir haciendo lo que mejor sabía hacer: trabajar desde las sombras para sus verdaderos jefes.

En el último capítulo de mi libro “El soviet caribeño” explico que la preparación de la intervención cubana en la guerra civil angoleña empezó mucho antes de que –como dice la versión oficial del castrismo— a Fidel Castro se le ocurriera hacer semejante estupidez de una forma independiente e inconsulta.

Como parte de esa preparación los submarinos atómicos soviéticos empezaron a parecer en aguas y puertos cubanos, la URSS le regaló a Castro algunos submarinos convencionales mientras que Cuba empezó a desarrollar, sin que mediara racionalidad económica alguna, una imponente flota pesquera. Está claro que se estaban preparando las condiciones -con dinero soviético- para mover tropas a través de los mares.

Esa fue la época en la que dos cubanos muy vinculados al aparato de Inteligencia del PCC-PSP, y a la KGB, fueron nombrados como dirigentes del Ministerio de la pesca en Cuba. Emilio Aragonés como ministro e Isidoro Malmierca como viceministro. Lo interesante del caso es que en 1973 Fray Lombardía fue nombrado director de la Flota Cubana de Pesca.

Todo parece indicar que viejo Partido los criaba y la KGB los reunía.

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Foto y oración

JAE preso

En la página 372 de El soviet caribeño escribí lo siguiente:

Terminé de leer y empecé a hablar con mi padre sobre el tema. De inicio me repitió lo que ya había declarado. Me mostró la famosa foto del joven comunista Fulgencio Oroz protegiendo de la policía a los líderes del Directorio Fructuoso Rodríguez y José Antonio Echeverría. También sacó otra foto, que por desgracia no conservo, de un grupo de estudiantes presos. Lo vi al lado de Echeverría y por detrás de unas rejas…

Confieso que poco faltó, cuando estaba revisando el libro, para que sacara esa oración que ahora aparece subrayada. Tuve miedo de que la memoria me fallara, de que la foto no existiera y de que al final quedara yo como un mentiroso.

Por suerte decidí dejarla y ahora, gracias a la excelente base de datos que conserva José “Pepín” Álvarez, he podido recuperar la foto y publicarla aquí.

La cara que está entre José Antonio Echeverría y el joven con las gafas oscuras es la de mi padre.  Para más exactitud, es la cara que está entre los barrotes nueve y diez contando de izquierda a derecha.

 

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Cosas de blancos

Lingote

Acaba de salir publicada, en la revista Hypermedia, una entrevista que me hizo el historiador y profesor retirado José “Pepín” Álvarez, antiguo miembro del Movimiento 26 de julio (M-26-7) en Santiago de Cuba y autor de una biografía de Frank País.

La razón de la entrevista es mi libro “El soviet caribeño”, un texto sobre el que Pepín tiene muchas más preguntas que yo respuestas. Uno de los temas que tocamos durante nuestro intercambio fue el de las genealogías, o el de la importancia que tienen los parentescos, al menos para mí, a la hora de esclarecer ciertos vínculos que de otra forma podrían pasar inadvertidos.

Ayer, por una de esas casualidades que a cada rato adornan nuestras vidas, el libelo oficial del castrismo, el periodicucho Granma, se dignó a mencionar, por primera vez en cincuenta años, el nombre de mi madre en uno de sus artículos. La última vez que lo hicieron fue en 1968, durante el llamado proceso de la “Microfracción”.

Es verdad que se trata de una mención tangencial y con el nombre mal escrito. Escribieron Taif Aguilera donde debieron haber puesto Thais Aguilera; pero de todas formas queda claro, por la doble militancia en el M-26-7 y en la UJC, así como por los barrios habaneros de los que se habla (La Víbora y Lawton), que se trata de mi madre.

El texto en el que la mencionan es, a su vez, una entrevista que le hace una estudiante de eso que los castristas denominan periodismo a un señor llamado Rolando Blanco Sales.

Reconozco que no pude evitar una mueca cuando leí el primer apellido.

Blanco es un apellido premiado en la historia del comunismo cubano. Sin hacer mucho esfuerzo puedo recordar a Juan Blanco Grandío y a su hermana, a Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), a Antonio Blanco Rico, y a Alberto Blanco (uno de los tantos nombres de guerra que utilizó Fabio Grobart).

El problema es que ese apellido es tan común en Cuba que resulta muy difícil, sin el acceso adecuado a los registros civiles, establecer cuáles pudieron ser, o no, las relaciones de parentesco entre esas personas. Se sabe, por ejemplo, que un famoso caricaturista y jugador de ajedrez cubano respondía al nombre de Rafael Blanco Estera y le decían, también, Blanquito. Hasta donde sé, nunca fue comunista.

En el caso de Rolando Blanco Sales, sin embargo, sí se puede establecer una línea de parentesco muy interesante. Se trata del hermano de José A, Blanco Sales, alias Lingote, un miembro del M-26-7 al que Esteban Ventura identificó en sus Memorias (publicadas en 1960) como un vil delator, y al que mi madre denunció como chivato en 1959; o sea, mucho antes de que a Ventura se le ocurriera hacerlo.

La extraña historia de Lingote, que nunca fue molestado por su chivatería, que fue fundador de la Seguridad del Estado castrista en 1959, y que llegó a alcanzar un alto grado dentro de esta, yo intento explicarla en el “El soviet caribeño”. La posible explicación que doy es, esencialmente, que Lingote fue un criptocomunista infiltrado dentro del M-26-7.

Algo que podría ayudar a esclarecer los orígenes de esa posible infiltración sería averiguar si existió alguna relación de parentesco entre Lingote y Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), un militante muy vinculado al aparato clandestino del PCC-PSP y que fue, además, el Secretario General de esa organización en Arroyo Apolo durante la lucha contra Batista. Un barrio que incluía a La Víbora y a Lawton, y en el que militaron, entre otros, mi madre, Isidoro Malmierca (primer director del Granma), Marcos Rodríguez (el supuesto delator de las mártires de Humboldt 7) y, quizás, uno de los hermanos Blanco Sales.

Cualquiera que sea el origen de esa infiltración, lo cierto es que mi explicación puede haber llegado como un gran alivio para Rolando Blanco. A partir de ella su hermano, otrora reconocido en los corrillos revolucionarios como un vil delator, puede ahora pasar a ser visto, por quien así lo desee, como un cuadro con “tarea”, o como un abanderado temprano del futuro que vendría. Por decirlo en pocas palabras, ahora Rolando puede pensar y decir que su hermano fue un chivato, pero no un chivaaaaato.

A lo mejor es por eso que se decidió a mencionar a mi madre en la entrevista que le hicieron; y a lo mejor fue por eso que el director actual del Granma (hijo de los viejos comunistas Osvaldo Sánchez y Clementina Serra) autorizó para que el nombre saliera impreso, aunque fuera mal escrito.

Nada es casual en ese libelo, y Rolando Blanco Sales lo sabe muy bien porque su hija, Katiuska Blanco, escribe en la sucursal del Granma que se llama Juventud Rebelde y es, además, la apologista oficial de Fidel Castro.

En fin, son cosas de blancos, ellos se entienden.

 

Foto del encabezamiento: De izquierda a derecha: el coronel José A. “Lingote” Blanco, Pascual Martínez Gil, Antonio de la Guardia y José Abrantes. En Nicaragua, durante el primer viaje de Fidel Castro, en julio 1980. Propiedad de Norberto Fuentes

Nota añadida.

Ahora encuentro, indagando en otra dirección, esta foto publicada el lunes 14 de noviembre de 1938 en el periódico Hoy (órgano oficial del PCC-PSP hasta 1965). Se trata de un elogio al trabajo desarrollado por la Comisión Central de Orden (léase grupo de choque o comisión estaca) durante el acto celebrado el sábado 12 de noviembre de 1938 en el estadio habanero de La Polar. Todas y todos los que aparecen en esa foto son gente bragada. Ahí están el legendario Manuel Porto Dapena y el inefable Silvio Cardoso. Entre los mencionado también está, para sumar más blancos a la historia del comunismo cubano, un  tal de José Blanco.

José Blanco

 

 

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El Soviet en La Américas

Me acaban de avisar que El Soviet Caribeño ya está a la venta en la librería Las Américas, aquí en Montreal.

Para los interesados, apúrense, que dice un dicho que el pan caliente vende rápido.

Y para los que lleguen a comprarlo: muchas gracias.

_WZZaFtZ

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Oscuros varones de Cuba

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Se llama Lizandro Arbolay –con zeta de decisión materna– y habíamos quedado, tiempo ha, en un intercambio de libros. Al fin nos vimos en la presentación de “El compañero que me atiende”. Él me dio su opera prima, titulada Oscuros varones de Cuba y yo le firmé uno de los míos. Mientras lo hacía no pude evitar, por más risas que intenté, esa preocupación que siempre me persigue en esos casos.

Llevo mucho tiempo preocupado por el hecho de que casi nunca me gusta un libro que leo. Llevo años preguntándome cuanto de miedo a la competencia, de validación del ego, de esnobismo o de pura imbecilidad tiene ese hecho.

Durante todo ese tiempo también descubrí que no puedo mentir con respecto a un libro; que en literatura no existe la crítica constructiva; que el silencio es la crítica más gentil, pero es considerado mera mezquindad; y que entre los escritores la amistad es una tregua malparida que malvive entre dos libros.

Es lógico que así sea, porque cuando un escritor escucha, por ejemplo, una crítica de sus hijos siempre puede echar mano a los cromosomas maternos, a la recombinación genética, al bodeguero de la esquina, a los amiguitos, a la escuela o al hecho, inobjetable, de que sus hijos son proyectos que todavía no están terminados. Con los libros ningunas de esas escapatorias existen.

Esas ideas, y muchas más que no vienen al caso, ronroneaban en la trastienda de mi cabeza cuando entré en el vagón del Metro y empecé a leer Oscuros varones de Cuba. Leí unos cuantos párrafos y cerré el libro con un gesto que, tengo que reconocer, fue demasiado brusco para un objeto tan hermoso.

Fue un gesto de alivio que salió convoyado –como las croquetas– con malas palabras. Fue un “al fin” con alusiones a la entrepierna y con la decisión de empezar a leer el libro, incluida la relectura de los primeros párrafos, como en realidad se merecía. En la cama, con las almohadas garantizando el ángulo adecuado, con la lámpara de noche dando una luz perfecta y con las páginas volando ante mis ojos. Bueno, salvo unas pausas, muy cortas, para cerrar el libro y confirmar que en la carátula está escrito el nombre de un autor de carne y hueso.

Hay gente así. Hay gente que es capaz de contarnos una historia que ya conocemos para hacérnosla vivir como si fuera nueva, y más interesante, y llena de unos detalles que nunca vimos y que son narrados de una forma que nos pone de cuerpo presente en medio de una realidad que está hecha de palabras, solo de palabras. Son narradores extraordinarios, son muy pocos, son elegidos, y Lizandro Arbolay, el autor de Oscuros varones de Cuba, es uno de ellos.

No dejen de leerlo, no se van a arrepentir.

 

 

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