Cosas de blancos

Lingote

Acaba de salir publicada, en la revista Hypermedia, una entrevista que me hizo el historiador y profesor retirado José “Pepín” Álvarez, antiguo miembro del Movimiento 26 de julio (M-26-7) en Santiago de Cuba y autor de una biografía de Frank País.

La razón de la entrevista es mi libro “El soviet caribeño”, un texto sobre el que Pepín tiene muchas más preguntas que yo respuestas. Uno de los temas que tocamos durante nuestro intercambio fue el de las genealogías, o el de la importancia que tienen los parentescos, al menos para mí, a la hora de esclarecer ciertos vínculos que de otra forma podrían pasar inadvertidos.

Ayer, por una de esas casualidades que a cada rato adornan nuestras vidas, el libelo oficial del castrismo, el periodicucho Granma, se dignó a mencionar, por primera vez en cincuenta años, el nombre de mi madre en uno de sus artículos. La última vez que lo hicieron fue en 1968, durante el llamado proceso de la “Microfracción”.

Es verdad que se trata de una mención tangencial y con el nombre mal escrito. Escribieron Taif Aguilera donde debieron haber puesto Thais Aguilera; pero de todas formas queda claro, por la doble militancia en el M-26-7 y en la UJC, así como por los barrios habaneros de los que se habla (La Víbora y Lawton), que se trata de mi madre.

El texto en el que la mencionan es, a su vez, una entrevista que le hace una estudiante de eso que los castristas denominan periodismo a un señor llamado Rolando Blanco Sales.

Reconozco que no pude evitar una mueca cuando leí el primer apellido.

Blanco es un apellido premiado en la historia del comunismo cubano. Sin hacer mucho esfuerzo puedo recordar a Juan Blanco Grandío y a su hermana, a Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), a Antonio Blanco Rico, y a Alberto Blanco (uno de los tantos nombres de guerra que utilizó Fabio Grobart).

El problema es que ese apellido es tan común en Cuba que resulta muy difícil, sin el acceso adecuado a los registros civiles, establecer cuáles pudieron ser, o no, las relaciones de parentesco entre esas personas. Se sabe, por ejemplo, que un famoso caricaturista y jugador de ajedrez cubano respondía al nombre de Rafael Blanco Estera y le decían, también, Blanquito. Hasta donde sé, nunca fue comunista.

En el caso de Rolando Blanco Sales, sin embargo, sí se puede establecer una línea de parentesco muy interesante. Se trata del hermano de José A, Blanco Sales, alias Lingote, un miembro del M-26-7 al que Esteban Ventura identificó en sus Memorias (publicadas en 1960) como un vil delator, y al que mi madre denunció como chivato en 1959; o sea, mucho antes de que a Ventura se le ocurriera hacerlo.

La extraña historia de Lingote, que nunca fue molestado por su chivatería, que fue fundador de la Seguridad del Estado castrista en 1959, y que llegó a alcanzar un alto grado dentro de esta, yo intento explicarla en el “El soviet caribeño”. La posible explicación que doy es, esencialmente, que Lingote fue un criptocomunista infiltrado dentro del M-26-7.

Algo que podría ayudar a esclarecer los orígenes de esa posible infiltración sería averiguar si existió alguna relación de parentesco entre Lingote y Rafael Blanco Álvarez (Blanquito), un militante muy vinculado al aparato clandestino del PCC-PSP y que fue, además, el Secretario General de esa organización en Arroyo Apolo durante la lucha contra Batista. Un barrio que incluía a La Víbora y a Lawton, y en el que militaron, entre otros, mi madre, Isidoro Malmierca (primer director del Granma), Marcos Rodríguez (el supuesto delator de las mártires de Humboldt 7) y, quizás, uno de los hermanos Blanco Sales.

Cualquiera que sea el origen de esa infiltración, lo cierto es que mi explicación puede haber llegado como un gran alivio para Rolando Blanco. A partir de ella su hermano, otrora reconocido en los corrillos revolucionarios como un vil delator, puede ahora pasar a ser visto, por quien así lo desee, como un cuadro con “tarea”, o como un abanderado temprano del futuro que vendría. Por decirlo en pocas palabras, ahora Rolando puede pensar y decir que su hermano fue un chivato, pero no un chivaaaaato.

A lo mejor es por eso que se decidió a mencionar a mi madre en la entrevista que le hicieron; y a lo mejor fue por eso que el director actual del Granma (hijo de los viejos comunistas Osvaldo Sánchez y Clementina Serra) autorizó para que el nombre saliera impreso, aunque fuera mal escrito.

Nada es casual en ese libelo, y Orlando Blanco lo sabe muy bien porque su hija, Katiuska Blanco, escribe en la sucursal del Granma que se llama Juventud Rebelde y es, además, la apologista oficial de Fidel Castro.

En fin, son cosas de blancos, ellos se entienden.

 

Foto: De izquierda a derecha: el coronel José A. “Lingote” Blanco, Pascual Martínez Gil, Antonio de la Guardia y José Abrantes. En Nicaragua, durante el primer viaje de Fidel Castro, en julio 1980. Propiedad de Norberto Fuentes

 

 

 

 

 

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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