El bluf del desdentado oso soviético

El Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos acaba de publicar la transcripción del encuentro que sostuvieron Nikita Jrushchov y Raúl Castro, durante la visita del sátrapa cubano a Moscú, en julio de 1960.

La transcripción publicada muestra, para cualquier persona medianamente relacionada con la historia del comunismo cubano, una de esas típicas reuniones de «control y ayuda».

En este caso se trata de un intercambio entre un guajirito imberbe y sediento de orientaciones —llamado Raúl Castro— con el máximo representante de ese mismo imperialismo soviético que, años antes, había reclutado como agente a ese guajirito imberbe y sediento de orientaciones.

En varias ocasiones de ese corto encuentro, el abyecto benjamín de la satrapía castrista soltó frases como, “no lo hemos hecho porque no sabemos cómo los camaradas soviéticos reaccionarán”, “nos gustaría saber su opinión”, “estamos solicitando que ustedes nos den todos los consejos que consideren necesarios”, “se han tomado pasos equivocados”, “debemos buscar la opinión de la URSS y consultar con ella”.

Se trata, para los que saben de eso, de las frases típicas de ese ritual comunista que conocemos como una reunión de «control y ayuda». Una liturgia en la que el controlado debe mostrar su carácter autocrítico, pedir consejos, y agradecer mucho, antes de merecer las orientaciones del controlador.

En el contexto de esa reunión, sin embargo, el agradecimiento estuvo más que justificado; porque unos días antes, durante un congreso de maestros, el Secretario General del partido comunista de la URSS había dicho que “… los artilleros soviéticos pueden apoyar al pueblo cubano con el fuego de sus misiles en caso de que las fuerzas agresivas del Pentágono se atrevan a iniciar una intervención contra Cuba”.

Esa declaración marcó el inicio de la inclusión del castrismo dentro de la sombrilla nuclear soviética o, visto desde una perspectiva más real, marcó la decisión de la alta dirigencia de la URSS de arriesgarlo todo en una gigantesca y peligrosa fanfarronada nuclear.

Hay tres informaciones a tener en cuenta para poder entender completamente esa reunión:

  1. Los agentes soviéticos dentro de Cuba —léase el aparato de Inteligencia del viejo partido comunista cubano (PCC-PSP)— habían logrado un control tan alto de la mal llamada revolución —y de Fidel y Raúl Castro— que habían convertido a Cuba, en apenas 18 meses, en un peón muy importante dentro del ajedrez de la geopolítica soviética.
  2. Esa importancia trajo como consecuencia que la URSS decidiera, en contra de los más elementales dictados de la lógica, proteger a sus peones cubanos a como diera lugar, incluso al precio de incluirlos dentro de su sombrilla nuclear, y de amenazar con la supuesta destrucción total del planeta si a los americanos se les ocurría invadir al castrismo.
  3. La sombrilla nuclear soviética no se abría, le faltaban flejes, y estaba deshilachada.

Claro está que el psicópata y megalómano de Fidel Castro enseguida se vio con acceso a los botones nucleares, con la posibilidad de chantajear a los EE. UU. y, quizás, de cumplir finalmente el viejo sueño febril de su derrotado padre. Es por eso que cambió los planes del benjamín —que estaba en Checoslovaquia y ya había dicho que no iría a la URSS— para decirle que corriera enseguida a Moscú y averiguara, después de agradecer mucho, cómo se traduciría en la práctica esa declaración de la alta dirigencia soviética.

Nikita, por su lado, le calmó los ánimos al servil Raúl Castro, le dijo que tuviera paciencia, le aclaró que nadie quería meterse en una guerra nuclear y que la lejanía de Cuba hacía las cosas mucho más difíciles. En pocas palabras: Nikita dejó entrever —si su interlocutor hubiera sido medianamente inteligente— que la cucaracha soviética tampoco tenía con qué sentarse.

Para poder explicarse esa limitación o vulnerabilidad soviética hay que estudiar —perdónenme el verbo— la historia de la disparidad nuclear entre los EE. UU. y la URSS. Una historia muy interesante que describiré, por limitaciones de espacio, de una forma muy somera.

Después de robarle la tecnología de la bomba atómica a los americanos, la URSS detonó su primer ensayo nuclear en 1949. En 1957, gracias a la tecnología de los cohetes alemanes que ocuparon después de la Segunda Guerra Mundial, y al trabajo de muchos ingenieros alemanes que fueron llevados hacia la URRS como prisioneros de guerra, los soviéticos enviaron el primer satélite artificial al espacio (Sputnik).

El Sputnik desató preocupaciones en los EE. UU. y, en 1959, durante la campaña electoral que lo llevaría a la presidencia, John F. Kennedy y su equipo crearon la noticia falsa de la supuesta ventaja nuclear soviética con respecto a los EE. UU. Kennedy usó esa noticia falsa para acusar a Eisenhower de ser blando y de poner a los EE. UU. en una situación de vulnerabilidad. De más está decir que, pasadas las elecciones Robert McNamara, el nuevo secretario de defensa de la administración Kennedy, sencillamente reconoció que no existía tal superioridad soviética.

La situación, por suerte, era completamente al revés; o sea, que la superioridad la tenían los americanos, pero no querían reconocerla porque para hacerlo tendrían que haber desclasificado el programa de vuelos espías que estaban usando desde 1958. Un programa que les había permitido llegar a la conclusión de que la tecnología nuclear de la URSS, sus cohetes balísticos, sus inexistentes submarinos nucleares, sus bombarderos estratégicos, y su capacidad de respuesta rápida no alcanzaban, ni de lejos, para enfrentarse al poderío nuclear estadounidense.

Los americanos tenían ventaja en los ensayos nucleares bajo tierra, en la creación de la primera bomba de hidrógeno, en la construcción del primer submarino atómico portador de cohetes nucleares en 1959 (Nautilus), en una poderosa flota de bombarderos atómicos, en una enorme cantidad de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) propulsados con combustible sólido, y en una aún mayor cantidad de misiles de mediano alcance desplegados alrededor de la URSS por toda Europa. La pelea era, sencillamente, de león contra oso sin dientes, borracho, y amarrado.

Hoy se sabe que, en julio de 1960 —cuando Nikita habló con el aprendiz de General sin batallas—, la URSS tenía menos de diez de esos misiles intercontinentales que tanta falta le hacían para “defender” al castrismo. Hoy también se sabe que esos misiles usaban un combustible líquido que tenía que ser cambiado todos los meses para evitar que explotaran dentro de sus silos. De submarinos, ni hablar. En esa fecha la URSS todavía estaba lejos de poner a punto su tristemente célebre K-19, el defectuoso submarino nuclear soviético que pasaría a la historia con los espeluznantes apodos de “Hiroshima” y “Widowmaker” (“Enviudador”).

En mayo de 1960 los soviéticos lograron tumbar el U2 de Gary Power y comprobaron, a partir de los interrogatorios de ese piloto, que los americanos llevaban años fotografiándolos en ropa interior. A pesar de esa vulnerabilidad, y de saber al cien por ciento las serias limitaciones de su poderío nuclear, la alta dirigencia de la URSS decidió soltar su hoy famosa fanfarronada nuclear para así proteger a esos agentes cubanos —léase el aparato de Inteligencia del viejo partido comunista (PCC-PSP)— que se habían apoderado de Cuba.

Si eso no es un acto heroico, que habla de la importancia de esos agentes para la URSS, entonces nada lo es. Kennedy, ya sabemos, decidió no subirle la parada al bluf nuclear de 1960. No invadió a Cuba cuando las cartas nucleares de Nikita no pasaban de un triste par de tres, y dejó que el soviético acumulara el triste trío de dos que después quiso usar durante la llamada Crisis de los Misiles. En ese momento, octubre de 1962, Kennedy sí subió la parada y Nikita tuvo que plegarse y recoger sus cartas.

Ese vergonzoso plegamiento dejó a Fidel Castro con una pataleta antológica cuando descubrió, pobrecito, que le sacaban sus cohetes, y que nunca pasaría de ser lo que siempre fue: un peón de peones.

Para los interesados, esta es mi traducción del documento publicado por el Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos:

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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9 respuestas a El bluf del desdentado oso soviético

  1. rolando izquierdo dijo:

    Cesar, entonces los cohetes que puso Rusia en cuba ni por asomo podían golpear a nadie right.
    Nos han dormido con el cuento del famoso ejército rojo. Que actualmente no hayan podido tomar la provincia de Ucrania lo dice todo.
    Que gran estafa ha sido el maldito Comunismo o socialismo real.

    • En el 62 los cohetes que la URSS puso en Cuba eran de mediano alcance y potencia, no podían llegar a todos los EE. UU. y su poder destructivo era relativamente menor. Eso quiere decir que, si los disparaban, los EE. UU. iban a ser muy dañados, pero la URSS iba a desaparecer. Hay rumores de que los cohetes que los soviéticos llevaron a Cuba no tenían las cargas nucleares, pero no he podido confirmarlos. Lo que sí sé es que todo fue un bluf de Nikita y le salió mal.

  2. Alexander Rivas dijo:

    Hola Cesar,

    Muy interesante lo que dices. Ya habia escuchado sobre el tema de que el oso nuclear solo tenia balas de salva. Y todo parece indicar que no han cambiado mucho. Pero igual, es preocupante lo que estamos viviendo ahora, pues hay demasiados intereses en esa guerrita y no solo de la parte de Putin. Cualquiera puede lanzar el primer cohetico y echarle la culpa al malo de la pelicula.

  3. pedrin dijo:

    no hay mejores exponentes del lacayismo comunista de un siervo latinoamericano que raul castro y su pandilla en estas «conversaciones» con los amos.

    • Lacayismo duro y puro. Se hacían los independientes y le estaban vendiendo el país al imperialismo soviético.
      El que quiera saber en qué anda un socialista solo tiene que pensar lo contrario de lo que el socialista dice que va a hacer.
      Si dice que quiere paz, está buscando guerra.
      Si dice que quiere bienestar, está buscando pobreza.
      Si dice que quiere justicia, está buscando un estado policial.
      Si dice que quiere igualdad, está buscando una nomenclatura.
      Y así.

  4. Pingback: Unos empiezan a decir adiós – lafronteratransparente idolidiadarias

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