Ucrania y su Bahía de Cochinos

El pueblo de Ucrania lo está descubriendo en estos momentos de la misma forma que lo descubrieron los cubanos en abril de 1961: cuando de luchar contra regímenes autoritarios se trata, es un error esperar ayuda del Partido Demócrata de los Estados Unidos de Norteamérica.

Putin siempre lo ha sabido y esperó, pacientemente, a que los demócratas regresaran a la Casa Blanca. Esperó y, como Fidel Castro siempre hizo, levantó su copa, en cuanto regresaron, para celebrar la veda impuesta a la cacería de déspotas en este mundo.

Como fondo de esa espera putinesca siempre ha estado, además, el viejo adagio de que “perro no come perro”; porque es evidente que las similitudes entre el déspota ruso y la élite actual del Partido Demócrata son demasiadas para pasar inadvertidas, o para no pensar que puedan tener una influencia en las decisiones que esa élite está tomando en materia de política internacional.

Veamos esas similitudes.

Asumiendo la exageración de que Putin lleva 23 años ejerciendo su poder despótico —desde 1999 hasta la fecha—, podríamos entender que el déspota ruso es un bebé cuando se le compara con la élite actual del Partido Demócrata.

Si miramos la lista de los miembros activos del Congreso de los Estados Unidos que más tiempo han estado en esa institución, descubrimos que la mareada de Nancy Pelosi lleva 33 años de ejercicio del poder, que la odiadora Maxime Waters lleva 29, que la hipócrita Dianne Feinstein lleva 27, y que el incontinente de Jerrold Nadler también lleva 27.

Cifras impresionantes cuando las comparamos con los 23 años de ejercicio del poder que llevan el déspota de Putin o, para más comparaciones, el cínico de Chuck Shumer. A todo eso hay que sumarle que, antes de llegar a la Casa Blanca, el abusado de Joe Biden estuvo caminando durante más de cuarenta años por los pasillos del poder en Washington.

Alguien podría pensar que la lista anterior es escogida a propósito y no representa, para nada, una tendencia particular del Partido Demócrata. Lamento contradecirlos cuando los refiero a esa misma lista para que observen que, de los 48 miembros activos del Congreso que más tiempo han ejercido sus funciones en esa institución, 35 son del Partido Demócrata, y solo 13 son del Partido Republicano. Cuando vemos que entre esos 13 está el RINO de Mitch McConnell, podemos decir que las tres cuartas partes de los aferrados al poder, dentro del Congreso de los EE. UU., pertenecen al llamado partido de la democracia. Una institución que si por algo se caracteriza es precisamente por el recambio del poder.

Para más similitudes, los mecanismos que tanto Putin como la élite demócrata han utilizado para aferrarse a ese poder son muy similares. A partir del año 2000, y para afianzar su autoridad, Putin se dedicó a utilizar la educación, la salud pública, el acceso a la vivienda y la protección de los desposeídos como banderas de su gobierno. No creo que nadie se atreva a dudar de que esas son exactamente las mismas banderas que el Partido Demócrata de los EE. UU. siempre ha usado para justificar su sed de poder. Hay diferencias, como el nacionalismo de Putin y el anti nacionalismo de los Demócratas, pero son diferencias que se anulan cuando recordamos que, en política, los extremos siempre se tocan.

Después de haber convencido a las masas de su falsa bondad, Putin usó el poder que emana de esa falsedad para acosar y destruir a los que enseguida denominó como “oligarcas”, y que eran la única fuente posible de una oposición efectiva a su gobierno. En unos pocos años, a las grandes corporaciones rusas no les quedó más remedio que perecer o aliarse con el Estado de Putin. Eso es algo muy parecido a lo que está pasando hoy en los EE. UU. cuando vemos a corporaciones como Google, Facebook, YouTube, Disney, Twitter, CNN, y un largo etcétera, aliarse descaradamente con el Partido Demócrata.

En este momento es importante detenerse y recordar que Benito Mussolini, el padre del fascismo, definió esa ideología como la integración de las corporaciones con el Estado. Una integración que, ya sabemos, le permitió a Putin controlar los medios de difusión masiva de una forma muy similar a la que hoy usa el Partido Demócrata de los EE. UU. para controlar a eso que conocemos como Main Stream Media (Principales Medios de Comunicación).

Una vez maniatadas las corporaciones, y controlados los medios, Putin pudo dedicarse al acoso de sus opositores políticos mediante el uso de grupos violentos que son indistinguibles, en lo esencial, de las Camisas Negras de Mussolini. Esos grupos pudieron actuar a su antojo, dentro de Rusia, para acosar y neutralizar a los opositores de Putin mientras los medios, controlados por el Estado, los presentaban como simples ciudadanos indignados. Eso es algo muy parecido, quién podría negarlo, al uso que el Partido Demócrata hizo de Black Lives Matter y Antifa para desestabilizar al gobierno democráticamente elegido de Donald Trump.

No contento con el uso de sus Camisas Negras, Putin también decidió usar a los organismos de defensa del Estado para neutralizar a sus opositores más recalcitrantes. Desde Anna Politkóvskaya hasta Alekséi Navalni, es larguísima la lista de opositores a Putin que han sido víctimas del uso indebido de la Comunidad de Inteligencia rusa para neutralizar a los que osan oponerse al nuevo Zar. Una vez más, las similitudes con el accionar del Partido Demócrata son anonadantes.

Ya hoy sabemos que el Partido Demócrata hizo un uso indebido del FBI, y quizás de la CIA, para crear un falso dossier de Inteligencia pretendiendo “probar” que Donald Trump tenía vínculos financieros con Rusia y que detrás de su elección, y de sus decisiones políticas ulteriores, siempre estuvieron los intereses de Putin.

No contentos con eso, en cuanto Trump protestó porque la Comunidad de Inteligencia se estaba prestando para semejante sinsentido, la élite del Partido Demócrata se dedicó a amenazarlo, precisamente, con las posibles represalias de esa Comunidad de Inteligencia.

En una conversación televisada con la propagandista Rachel Maddox, el cínico de Chuck Schumer dijo lo siguiente refiriéndose a las protestas de Trump: “Cuando te metes con la Comunidad de Inteligencia ellos tienen seis formas distintas, a partir del domingo, para pasarte la cuenta”. Pocos, por no decir nadie, han asociado esa frase con el hecho de que la salida del poder de Trump se logró de una forma casi indistinguible a esas “revoluciones de color” (Color Revolutions) que la Comunidad de Inteligencia de los EE. UU. ha llevado a cabo con éxito en otros países.

Una de las consecuencias más tristes del inmenso poder acumulado por Putin ha sido el control del sistema judicial ruso, y el desplazamiento asimétrico de la justicia hasta convertirla en un instrumento infalible para reprimir y darle legitimidad a una ideología evidentemente fascista. Eso ha traído como resultado que en la Rusia de Putin los “corruptos” sean siempre los opositores; y que las investigaciones de las evidentes corruptelas de la maquinaria del poder sean consideradas como delitos contra la seguridad del Estado.

En los EE. UU. es evidente que la élite del Partido Demócrata se las ha arreglado para que el sistema judicial sea cada vez más asimétrico. Sobran los ejemplos de criminales convertidos en héroes y de héroes convertidos en criminales, siempre según las necesidades ideológicas de esa élite. Igual, las corruptelas evidentes de personas vinculadas a esa élite nunca son investigadas con rigor judicial, mientras que los llamados a que eso se haga, como el que hizo Donald Trump con respecto a la familia Biden en Ucrania, son considerados un delito tan grande, contra la seguridad del Estado, que justifican de inmediato el surgimiento de un circo disfrazado de destitución presidencial.

El punto culminante del despotismo de Putin ha sido una inmunidad absoluta con respecto al sistema electoral ruso. Putin siempre gana cualquier elección, y siempre lo hace de la forma que mejor le parece y conviene. Nadie, absolutamente nadie, ha podido retar, de una forma legalmente efectiva y transparente, las irregularidades de las elecciones en Rusia. Eso, sencillamente, es imposible.

En ese sentido, resulta interesante recordar que, en las últimas elecciones presidenciales americanas, la élite del Partido Demócrata se comportó como si estuviera absolutamente convencida de que iba a ser inmune al resultado de esas elecciones. Sus hordas de Black Lives Matter y Antifa quemaron ciudades y mataron; sus mentiras sobre la trama rusa empezaron a perder credibilidad, y el circo de la destitución presidencial dejó al descubierto su vocación despótica. A pesar de esas pifias, sin embargo, siempre mostraron el convencimiento absoluto de que no pagarían por ninguno de esos escandalosos errores en las elecciones que se avecinaban.

Basta recordar las declaraciones de Nancy Pelosi, cuando casi nadie iba a un acto político de Biden, para darse cuenta de que esas declaraciones no eran sobre el optimismo obligado que siempre acompaña a las campañas presidenciales. No, eran declaraciones que mostraban una certeza absoluta, cínica y despiadada de que Donald Trump no se reelegiría presidente. Después, cuando llegó en día de las elecciones, nos fuimos a dormir con Donald Trump gozando de una amplia ventaja, y despertamos con la noticia de que en medio de la madrugada eso había cambiado. Como en Rusia, nadie, absolutamente nadie, ha podido retar, de una forma legalmente efectiva y transparente, las irregularidades de esas elecciones.

La lista de similitudes entre el despotismo de Putin y las acciones de la actual élite del Partido Demócrata es demasiado larga para este espacio. Desde la reescritura de la historia, hasta los sospechosos enriquecimientos de la maquinaria de poder; desde la tendencia a las autoagresiones, hasta el apoyo de otros regímenes despóticos —como el de la familia Castro en Cuba—, esa lista es lo suficientemente larga para dejarnos, al menos, con la sospecha de que una buena parte de la inacción real que la Casa Blanca muestra hoy, ante la agresión de Putin a Ucrania, se debe a ese viejo adagio de que “perro no come perro”.

Algunos pueden pensar, si así lo desean, que las similitudes anteriormente descritas son subjetivas, pueden estar sujetas a los deseos de quien las describe y necesitan, por tanto, de algo más tangible. Algo que indique en el sentido de que pueda existir una especie de resonancia ideológica entre las dos entidades analizadas. Ese algo podría ser, por ejemplo, una correlación positiva entre los momentos del poder de Partido Demócrata y el aumento de las agresiones internacionales del régimen de Putin.

Uno de los argumentos más utilizados por la propaganda demócrata, para achacarle los desmanes de Putin a sus colegas republicanos, es que la primera agresión internacional del régimen de Putin, la invasión a Georgia en el año 2008, fue durante la administración de Bush, y fue este quien dejó que eso pasara. En realidad, ese argumento se derrumba cuando recordamos que, en agosto del 2008, cuando Putin invadió Georgia, Bush ya era un cadáver político a la espera del fin de su mandato.

La razón de eso es que en las elecciones parciales del 2006 los Demócrata lograron controlar el Senado y la Cámara de Representantes. De esa forma, redujeron la presidencia de Bush a un gesto simbólico, o a una gestión incapaz de tomar grandes decisiones, como la de pararle bolas a Putin en Georgia, sin contar con la aprobación de una mayoría Demócrata que tiene, como uno de sus signos de identidad, una vergonzosa admiración por los déspotas de este mundo. Putin, que es un buen conocedor de la política americana, enseguida supo que había veda para la caza de depredadores, y decidió depredar. Se metió en Georgia y nada pasó.

Después, durante la presidencia de Barack Hussein, es evidente —a menos que estemos muy parcializados— que esa administración americana le concedió al déspota ruso todas y cada una de sus exigencias. ¿Crimea? Concedida. ¿Siria? Concedida. ¿Dinastía castrista? Concedida. ¿Importación de uranio americano? Concedida. ¿Dependencia europea del gas natural de Rusia? Concedida.

Fue así, con todas esas concesiones, como Barack Hussein convirtió a esa gasolinera glorificada que es Rusia, que tiene un producto interno bruto inferior al del estado de Nueva York, que abriga una población cada vez más vieja y decreciente, y que solo cuenta con un arsenal militar completamente desfasado, en ese simulacro de potencia internacional que hoy ha decidido, porque Donald Trump ya no está en el poder, invadir a Ucrania.

El régimen Biden, por su lado, se encargó desde el mismo inicio de su mandato, de crear todas las condiciones necesarias para que los Estados Unidos no pudieran liderar una respuesta internacional efectiva contra la invasión rusa de Ucrania. ¿Cómo lo hizo? Muy fácil. ¿Eliminación del permiso del oleoducto Keystone XL? Hecho. ¿Invasión de ilegales en la frontera? Hecho ¿Prohibición de nuevas prospecciones petroleras? Hecho. ¿Disminución de la autosuficiencia americana en el suministro de petróleo? Hecho. ¿Aumento del precio de la gasolina en los EE. UU.? Hecho. ¿Inflación más alta en los últimos cuarenta años en los EE. UU.? Hecho. ¿Reducción del presupuesto militar efectivo de los EE. UU.? Hecho. ¿Incapacidad americana para exportar grandes cantidades de gas natural hacia Europa? Hecho. ¿Aumento de la dependencia europea del gas natural ruso? Hecho. ¿Ejército americano castrado por los mandatos vacunales y el marxismo cultural? Hecho.

Putin tendría que haber sido un déspota muy estúpido para no darse cuenta de que todas las señales que le estaban llegando desde los Estados Unidos le indicaban, a gritos bien claros, que podía meterse en Ucrania. Son esas señales, junto con la enorme cantidad de similitudes entre Putin y la élite del Partido Demócrata, las que explican la pesadilla que hoy está viviendo el pueblo ucraniano. Una pesadilla de pueblo traicionado una vez más. Una traición inesperada para unos políticos que pagaron millones de dólares a la fundación Clinton, y que hoy se dan cuenta de que esa plata solo les ha servido para tener el derecho a decir “quiero armas, no aventones para escapar”.

Sé que este texto no será del agrado ni de los talibanes demócratas ni de esos comunicadores que se precian de defender la libertad. Los primeros me importan un bledo. Los segundos sí mi importan, y es por ellos, y por el pueblo de Ucrania, y por mis amigos ucranianos, que me senté a escribir estas palabras.

Sé que es muy fácil ganar audiencia denunciando los desmanes del desmadrado de Putin, sé que podemos sentirnos muy bien demonizando, aún más, a ese demonio de la antigua Unión Soviética; pero nada de eso va a ayudar al pueblo de Ucrania.

La única posibilidad —remota, pero posibilidad aún— de ayudar al pueblo de Ucrania es empezar a decir en todos los lugares, y dejándolo bien claro, que una buena parte de los sufrimientos actuales de ese pueblo se debe a las acciones, e inacciones, de la misma maquinaria de poder que hoy controla la Casa Blanca.

Solo denunciando eso —y rezando para que esa maquinaria no se sienta muy inmune a las elecciones parciales de este año— podríamos lograr que la élite del Partido Demócrata decida desmarcarse de su alter ego en esteroides, y se anime a liderar una coalición para sacarlo de Ucrania.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a Ucrania y su Bahía de Cochinos

  1. Alexa Garib dijo:

    Cesar demoledor el articulo y right on the spot..un analisis agudo y totalmente acertado..Le dijeron a Putin desde el principio que la OTAN no iba a intervenir…Ademas dejaron bien claro en Afghanistan que somos unos traidores, que no mantenemos nuestra palabra y que dejamos tirado a todo el mundo…y que ademas somos idiotas que dejamos billones de dolares en armamento.al enemigo.
    Ademas le hemos dejado claro al mundo que lo que nos interesa son los pronombres, demoler estatuas de hace 150 anos, amplificar la opresion que sienten un monton de millonarios en nuestro pais por la esclavitud que sufrieron sus antepasados hace 150 anos y luchar contra el terrorismo interno que protesta contra las politicas de el school system…podemos ser mas idiotas…no creo aunque claro todo es posible…
    Esta es la cronica de una muerte anunciada y aunque se vanaglorian de sacar a Rusia del SWIFT system, si tu lees la letra pequena te das cuentas que es solo con unos bancos y que la postura de Italia y Alemania es todavia mas timida…Si realmente decidiense sacar por completo a Rusia del SWIFT entonces otra historia seria..
    Pero no, nos falta el valor y la fuerza y por sobre todo las convicciones que son las que realmente conducen a la victoria..no es que tu hagas, tu tienes que sentirlo en el fondo de tu corazon, como es el caso de esos civiles en Ucrania que estan luchando contra todo pronostico de obtener una victoria….
    Mi querido Cesar, a ver cuando pones mas cosas en tu canal de youtube para que esos analisis tuyos tan buenos tengan mas alcance..

    Un abrazo grande desde Oklahoma..

    • Alexa, tienes razón, las sanciones no son tales y, además, son impuestas por el mismo partido político que siempre se ha llenado la boca (de mierda) para decir que las sanciones contra el despotismo castrista hay que quitarlas porque no han funcionado.

  2. Alexa Garib dijo:

    Cesar
    ,aqui le contestaba a un seguidor de Andres en facebook que defiende la invasion rusa, si tienes razon pero eso ha sido la politica expansionista de los democratas con sus primaveras..que se las podian haber metido por ahi mismo…yo condeno esas guerras de ambos lados..ninguna de los bandos esta correcto..lo cortes no quita lo valiente…si vamos a intervenir cada pais que tenga nucleos separatistas..la lista es larga..Venezuela, Cuba, Nicaragua, los chechenos, los vascos, Cataluna,Galicia..no para la lista…pq yo hize mal en el pasado no significa que tenga que justicar lo que otros estan haciendo mal..Todas han sido guerras inutiles y absurdas que no nos han conducido a nada..solo caos, tragedia y dolor..

    • Alexander Rivas dijo:

      Hola Cesar,
      Excelente post, como siempre.
      Hay cosas que para mí aún no están claras del todo y no comprendo. Para empezar, pensaba que Putin no atacaría Ucrania, pues toda esta propaganda de Biden desde finales del ano pasado, de que si ataca la semana que viene, que si será el miércoles, que si ahora será tal día, me parecía que era ver a Biden pidiéndole a gritos a Putin Ataca! Ataca! Que esa guerra la necesita ahora mismo. Por eso me parecía que Putin no atacaría y no porque no quisiera sino porque no le iba a hacer el juego a Biden. Pero al final atacó. Y entonces me pregunto si precisamente el juego entre los dos era ese, y se habrían ya puesto de acuerdo de antemano, no se la verdad. Por otro lado Europa y aun mas Alemania son totalmente dependientes del gas de Rusia y aun se prestan para el juego. ¿Es que les han prometido algo que no se ve o es que están los jefes de gobierno dispuestos a sacrificar sus pueblos a costa de otro beneficio?
      Es posible que mi interpretación sea completamente errónea del todo y las cosas son mas simples, no se. Es que ya estoy tan predispuesto con los medios de comunicación que siempre voy buscando algo mas allá de lo que dicen.

      • Alexander, todo lo que dices es perfectamente posible y bien podría ser parte de la vieja alianza entre Putin y la élite del Partido Demócrata, una alianza muy similar a la que esos cabrones tienen, por ejemplo, con el despotismo de la familia Castro. El objetivo de todos ellos es uno y solo uno: la destrucción de los Estados Unidos de Norteamérica.

  3. Alejandro González Acosta dijo:

    Estupenda reflexión. Confieso que me repugna referirme a ellos como «demócratas», que es una usurpación del término… Quizás debiéramos pensar en una nueva denominación: ¿»democratistas»?

  4. Alexander Rivas dijo:

    Hola Cesar,

    Dime si alguna vez el Granma o Juventud Rebelde publico algo como esto. Yo creo que nuestros periodicos eran mas serios. Esto no se si da ganas de reir o llorar.

    Doit-on rebaptiser la poutine ?: https://lp.ca/nDrCyF?sharing=true

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s