Nawep

Suena a nagüe, pero es el acrónimo en inglés de Neurological Attacks With Elecromagnetic Pulses”.

En español sería Ataques Neurológicos Con Pulsos Electromagnéticos; pero como Ancpe suena a trabalenguas, prefiero Nawep.

Olvídense de grillos, de histerias colectivas, del virus del Zika y de las fumigaciones.

Olvídense del “Síndrome de La Habana”.

Lo que pasó en la capital de Cuba fue un ataque con pulsos electromagnéticos contra –según indica la lógica— los miembros de las comunidades de Inteligencia de los EE. UU. y Canadá. Un personal que siempre tiene cobertura diplomática y que, por tanto, ha sido identificado como tal.

Lo primero que salta a la vista sobre esos ataques es que existe una campaña de desinformación alrededor de ellos. Así lo indica la lentitud en reconocerlos, la falta de transparencia sobre el número y los nombres de los afectados.

Para más desinformación, aun no se sabe ni la fecha exacta del inicio de los ataques. La mayor parte de los reportes hablan de “finales del año 2016” o del “otoño del año 2016”.

La única indicación tangencial que he podido encontrar, sobre la fecha más temprana de los ataques, es el reporte que sobre los mismos hizo el CDC (Centro para el Control de Enfermedades de los EE. UU.).

En el título de ese reporte dice “Cuba-Investigación de eventos inexplicados-Reporte final”, y en el subtítulo “Habana, Cuba, agosto 2016 a marzo 2019”. Según ese reporte, entonces, todo empezó en agosto del 2016, pero no he podido confirmarlo. La fecha exacta del inicio de los ataques es, como se verá después, muy importante, y quizás por eso han decidido esconderla.

Las campañas de desinformación alrededor de los ataques se pueden dividir en dos grandes grupos:

 1) Las conducidas por los propios implicados, que en este caso serían el castrismo, la inteligencia rusa, la CIA, y la Inteligencia canadiense.

 2) Las conducidas por esas personas que han sido adoctrinadas en el odio a los EE. UU.  y que aprovechan cualquier circunstancia que les permita poner a ese país bajo una luz negativa.

Al segundo tipo de desinformación, la de los odiadores, pertenece un artículo del New York Granma (perdón, Times), diciendo que –según los expertos que ese libelo siempre tiene a mano– la idea de los ataques acústicos es “más apropiada de una película de James Bond”. Hay frases que envejecen muy mal, y ese libelo es experto en ellas.

Otra desinformación de un odiador fue la publicada por un tal Bartholomew diciendo, agárrense, que una “explicación” alternativa a la teoría de los ataques es que todo fue un episodio de histeria colectiva.

Según ese sesudo del odio, un personal diplomático o de Inteligencia altamente seleccionado, entrenado, y constantemente evaluado médica y psicológicamente, de malas a primeras sufrió, porque así lo necesita el camarada Bartholomew, un ataque de histeria colectiva. Es bien sabido que el odio embrutece… colectivamente.

Las desinformaciones de rusos y cubanos se han reducido a negar enfáticamente cualquier implicación en esos ataques, a hablar de grillos y a citar constantemente, claro está, las oportunas desinformaciones creadas por el New York Pravda (perdón, Times), o por tipejos como el tal Bartholomew.

La CIA y la Inteligencia canadiense, por sus lados, han usado las desinformaciones descritas al inicio de este texto y lo han hecho, creo, por razones distintas. La CIA para no reconocer, al menos de inicio, la magnitud del ataque sufrido y así ganar tiempo para investigar o enterrar esa historia.

La Diplomacia/Inteligencia canadiense tendría como razón fundamental de sus desinformaciones el no reconocer abiertamente que colabora con la CIA y, más importante aún, que no lo hizo durante la presidencia de Donald Trump.

A pesar de todas esas campañas de desinformación, lo que se ha reconocido hasta ahora es que varias decenas de los miembros del personal diplomático de los EE. UU. en La Habana sintieron un ruido intenso, en la mayor parte de los casos de alta frecuencia, y en algunos de baja frecuencia, acompañado de una sensación de opresión y malestar que después les dejó secuelas como zumbidos auditivos (acúfenos o tinitus), dolor de oídos, mareos, dolores de cabeza, trastornos cognitivos, insomnio y otros trastornos neurológicos.

Sobre los diplomáticos canadienses se ha dicho que no sintieron los sonidos iniciales, aunque es difícil saber si eso fue referido por razones de encubrimiento, o porque realmente fue así. Lo que sí se sabe es que recientemente, en el año 2021, un “diplomático” canadiense fue víctima de uno de esos ataques y sí refirió, bajo condiciones de anonimato, haber escuchado los sonidos de marras.

Es importante recordar que, si una característica diferencia a las armas electromagnéticas de las convencionales es, precisamente, que las primeras pueden ser moduladas; o sea, que la intensidad de un ataque electromagnético puede ser siempre distinta y en dependencia del tipo de blanco escogido o del efecto que se quiera lograr. Eso podría contribuir, entre otras cosas, a la heterogeneidad de las molestias iniciales y de los cuadros clínicos presentados por las víctimas.

En La Habana, los ataques ocurrieron en dos tipos de localidades específicas. La mayor parte de ellos en las casas de los diplomáticos y algunos, los menos, en los hoteles Capri y Nacional.

Es importante recordar que esos dos hoteles son famosos en Cuba por la fuerte presencia en ellos de los Kajoteros, que son los miembros del (¿antiguo?) departamento KJ de la Contrainteligencia castrista y que tienen a su cargo los seguimientos físicos, las escuchas electrónicas, las porno-filmaciones y demás lindezas.

Los ataques fueron selectivos. De los ciento y pico de diplomáticos estadounidenses que estaban trabajando en La Habana en ese momento solo unas decenas fueron víctimas de los ataques.

Los ataques fueron específicos. En algunos casos las víctimas refirieron estar en la misma habitación con otra persona y, sin embargo, solo ellos fueron afectados.

Los ataques fueron dirigidos. En algunos casos las víctimas se desplazaron dentro de la habitación, en el momento del ataque, y reportaron que el sonido los seguía hacia donde fueran. Algunas de las víctimas reportaron que, al abrir la puerta de la casa, y salir de ésta, el ataque cesó.

Muchos cubanos recordamos, en cuanto los ataques fueron reportados en el 2017, aquellos cuentos que tanto repetían los antiguos soldados cubanos en Angola. Unas historias de camiones con armas electromagnéticas soviéticas que llegaban cuando los francotiradores de la UNITA no los dejaban vivir.

Llegaban aquellos camiones, la tropa cubana tenía que meterse en el fondo de sus trincheras, los bolos hacían su gracia electromagnética y al otro día no había un solo francotirador de la UNITA por los alrededores.

En el 2017, cuando salieron los primeros reportes de los ataques, muchos pensamos que lo que había pasado en La Habana era una versión moderna y miniaturizada de aquellas historias de Angola. Por eso, quizás, nos dieron tanta risa las desinformaciones del New York Xinhua (perdón, Times) o del camarada Bartholomew.

El primer estudio médico de las víctimas que he podido encontrar data del 2018 y describe los hallazgos clínicos, fundamentalmente auriculares (enrojecimiento), vestibulares (mareos) y neurológicos (disfunciones cognoscitivas).

Alguien podría explicarle al camarada Bartholomew que hay cosas que ni los mejores histéricos pueden fingir; pero sería perder el tiempo, porque el odio embrutece tanto que termina afectando el entendimiento de las verdades más simples.

En el 2019, unos investigadores canadienses de Nueva Escocia se apearon con la teoría de que los ataques no eran tales, y que todo se había debido a una intoxicación con los compuestos químicos organofosforados que se usan para fumigar contra los mosquitos.

Esos organofosforados inhiben una proteína llamada Acetilcolinesterasa, que es la encargada de degradar a la Acetilcolina, que es uno de los principales neurotransmisores en el sistema nervioso central. De esa forma, si la fumigación inhibe la degradación, el neurotransmisor dura más, ejerce su efecto por un período de tiempo mayor que el normal o requerido, y termina creando un despelote neurológico.

La teoría de esos expertos canadienses hace agua, claro está, por los cuatro costados. Para empezar, los organofosforados tienen una vida media relativamente corta (de unas cuantas horas). Además, las mediciones de Acetilcolinesterasa que esos expertos reportaron fueron hechas en el suero de los pacientes, y es bien sabido que esas proteínas existen mayoritariamente unidas a la pared de los glóbulos rojos. Por último, los estándares de referencia para valores normales de Acetilcolinesterasa reportados por esos investigadores no fueron los adecuados. 

Sin embargo, como consecuencia de esos expertos a la carta, el puesto a dedo de Trudeau pudo respirar aliviado porque pudo decir que sus “diplomáticos” nada tenían que ver con los de los EE. UU.

También, y como consecuencia de esos expertos a la carta, los héroes canadienses atacados en Cuba se quedaron sin la posibilidad de recibir ayuda financiera del gobierno federal canadiense. Ese estudio fue muy oportuno y obediente para dejar a los héroes canadienses sin sopa.

En el año 2020, y teniendo en cuenta que en el 2019 varios diplomáticos estadounidenses en China sufrieron episodios similares, el gobierno de los EE. UU. decidió crear un comité de expertos para analizar todos los estudios hechos a las víctimas (incluido uno muy extenso del NIH que, para más desinformación, todavía no ha sido publicado) y poder así, de ser posible, llegar a una conclusión sobre qué fue lo que realmente sucedió.

El reporte de esos expertos –titulado: “Una evaluación de la enfermedad de los empleados del gobierno de los EE. UU. y sus familias en las embajadas extranjeras”—llegó a la conclusión, después de analizar y descartar todas las hipótesis manejadas hasta el momento (incluida la de la histeria colectiva, por cierto), de que: “mucho de los signos y síntomas agudos y distintivos, así como de las observaciones reportadas por los empleados del Departamento de Estado, son consistentes con el efecto de una energía de radiofrecuencia pulsátil y dirigida”.

En pocas palabras: fueron Ataques Neurológicos Con Pulsos Electromagnéticos.

Si aceptamos que los ataques fueron selectivos y dirigidos; si observamos la reticencia de los gobiernos de los EE. UU. y Canadá a identificar a las víctimas; si reconocemos que los verdaderos diplomáticos son funcionarios públicos que no necesitan, para nada, esconder sus identidades; y si recordamos todos los esfuerzos desinformativos que se desataron desde el mismo inicio del reporte de los ataques, podemos aceptar que, con una alta probabilidad, las víctimas de esos ataques fueron, en su inmensa mayoría, funcionarios de las comunidades de Inteligencia de los EE. UU. y del Canadá.

De ser así estaríamos hablando, entonces, del ataque más devastador que han recibido esas comunidades de Inteligencia en sus respectivas historias; porque, hasta donde sé, o logro recordar, no ha existido antes una situación en la que en unos cuantos meses hayan sido neutralizadas tantas decenas y decenas de miembros de las Inteligencias americana y canadiense de una sola vez.

Les dieron duro y no precisamente consejos; y sufrieron también, a juzgar por las víctimas civiles cuya existencia ya ha sido reconocida, un sucio y cobarde acto de terrorismo de estado cometido por rusos y castristas.  Estamos en presencia, por decirlo de otra forma, del Pearl Harbor de la CIA y sus compañías.

¿Se imaginan ustedes que al ataque a Pearl Harbor le hubieran llamado el “Síndrome de Hawái”?

¿Se imaginan que durante años los americanos hubieran dicho que estaban estudiando si el ataque a Pearl Harbor fue realmente un ataque o solo una explosión en cadena por un mal manejo de los proyectiles en los barcos?

¿Se imaginan que años después del ataque a Pearl Harbor todavía no se supiera la fecha exacta del ataque, ni los nombres de unos afectados que serían descritos bajo el término genérico de “navegantes”?

¿Se imaginan que después del Ataque a Pearl Harbor hubieran salido un montón de teorías intentando decir que fue un meteorito, o un mini ciclón, o un acto de histeria colectiva de la marina de los EE. UU.?

Salvando las distancias, algo así ha estado sucediendo con los ataques sufrido por los oficiales de Inteligencia americanos y canadienses en La Habana.

La heroicidad de esas víctimas (porque para mí son héroes y víctimas reales) ha quedado sepultada bajo un alud de campañas de desinformación desatadas por sus propios servicios de Inteligencia, por los odiadores de los EE. UU., por la DGI del castrismo, por los rusos y, quizás, hasta por los mismos chinos.

Solo recientemente ha quedado en evidencia, y ha empezado a ser aceptado, que lo que sucedió fue lo que realmente sucedió y no lo que muchos hubieran querido que sucediera. Solo recientemente han empezado a ser identificados los verdadero implicados en esa monstruosidad, y la vieja historicidad de esos ataques.

Para los interesados, les recomiendo los artículos que ha publicado el analista Tom Rogan en el Washington Examiner. Si los leen podrán enterarse de que ya la comunidad de Inteligencia de los EE. UU. acepta que fue atacada con armas de pulso electromagnéticos, que los rusos están detrás de esos ataques, y que el oficial de Inteligencia ruso que se ocupa de ese asunto es el viejo y fuerte amigo del castrismo Nicolai Patrushev.

Tom Rogan ha descrito también que dos oficiales de Inteligencia americanos sufrieron ataques con pulsos electromagnéticos en el año 1996, cuando todo parece indicar que estaban trabajando clandestinamente en Rusia.

Además, ese analista refiere que, según las memorias de la ex primera dama de los EE. UU. Laura Bush, su esposo, el entonces presidente George W. Bush, sufrió en el año 2007 una situación que recuerda mucho a la descrita por las víctimas de esos ataques que empezaron en La Habana, y ya se han extendido a China Viet Nam, Colombia, etc.

Creo que ya nadie en su sano juicio se atreve a negar que los ataques sucedieron y han seguido sucediendo, que el arma es un nuevo tipo de arma basada en pulsos electromagnéticos, y que son los rusos quienes están, al menos tecnológicamente, detrás de esos ataques.

En el caso de los que ocurrieron y han seguido ocurriendo en La Habana, es evidente que no pudieron haber ocurrido sin el conocimiento y la cooperación del castrismo. El reconocimiento de eso nos lleva, a su vez, a dos preguntas:

  1. ¿Cuáles son las ventajas que los rusos esperarían obtener de esos ataques?
  2. ¿Cuáles son las ventajas que los castristas esperarían obtener de esos taques?

La alta dirigencia rusa, para desgracia del pueblo ruso, todavía vive con las ínfulas de dirigir una superpotencia que Rusia nunca ha sido, es, ni será. Esos dirigentes parecen olvidar que el país que ellos dirigen tiene un producto interno bruto equivalente al del estado de Nueva York, una población que decrece en flecha, y una riqueza económica que depende esencialmente de los hidrocarburos.

A pesar de esas limitaciones evidentes e insalvables, la autocracia rusa de hoy se ha enfrascado en una guerra asimétrica contra occidente, una guerra que solo ha tenido éxito cuando las administraciones estadounidenses han decidido, por odio a su propio país, concederles a los autócratas rusos unas ventajas que ninguna potencia real, como los EE. UU., le daría a un país tan desvencijado como Rusia.

A través de las campañas de influencia mediática, de los sobornos de políticos occidentales, de las interferencias en las elecciones extranjeras, del asesinato de opositores y disidentes, o del aprovechamiento oportunista de las debilidades estadounidenses, los rusos han hecho avanzar su agendita global y han llegado a creerse que en realidad siguen siendo una superpotencia.

En ese sentido, los ataques con armas de pulso electromagnéticos encajan perfectamente con la estrategia de guerra asimétrica que Rusia ha estado desarrollando desde hace tiempo, y que recientemente se ha visto obligada a intensificar con vista a lo que parece ser su objetivo estratégico más importante a corto plazo: invadir y controlar, al menos, la costa al mar negro de Ucrania. Pobre pueblo ruso.

En el caso del castrismo, o de las ventajas que el régimen de La Habana podría derivar de su autorización a unos ataques rusos desde su territorio, la explicación no es tan clara o evidente. Sobre todo, si se toma en cuenta que las negociaciones y las puestas a punto de esos ataques tienen que haber sucedido en plena luna de miel entre el castrismo y la administración de Barack Hussein en los EE. UU.

Para decirlo en forma de pregunta: ¿en un momento en el que el régimen de la familia Castro parecía estar a punto de lograr que los EE. UU. terminaran convirtiéndose en proveedores, o en lo que antes habían sido la URSS y Venezuela, qué ventajas podrían haber obtenido autorizando a los rusos para ejecutaran la chapucería (desde el punto de vista del trabajo de Inteligencia) de fundirle el cerebro a los espías canadienses y americanos en La Habana?

Es verdad que siempre ha existido una lealtad perruna del castrismo hacia la Inteligencia soviética, de inicio, y la rusa después. Es verdad que los lazos de “amistad” llegan hasta el punto de que una buena parte de los autócratas del castrismo de hoy fueron entrenados, cuando eran jóvenes, en las academias de la Inteligencia Militar Soviética (GRU), una institución que es, dicho sea de paso, la rama de la Inteligencia rusa de hoy que muchos identifican como la que está detrás de los ataques.

Todo eso es verdad, pero incluso reconociendo ese fondo “solidario” es importante reconocer, también, las posibles ventajas que podría obtener un castrismo que en aquellos momentos (y hoy aún más) ya estaba boqueando y con la lengua afuera. Unas ventajas que, aunque están interrelacionadas, podrían ser separadas en dos grandes categorías: políticas u operativas.

Por desgracia, para poder saber o intuir cuál de esas dos ventajas pesó más, es necesario saber la fecha exacta en la que se iniciaron los ataques.

Si los ataques se iniciaron después de noviembre del 2016, o de la elección de Donald Trump como presidente de los EE. UU., sería posible pensar que la decisión de autorizarlos fue más política que operativa.

Si se iniciaron después de esa fecha, sería posible pensar que el castrismo decidió usar los ataques para dar marcha atrás o congelar una luna de miel que ya imaginaban, con toda certeza, condenada a desaparecer bajo la administración Trump. Además de poder usar la agresión para pasar el mensaje de que con ellos hay que negociar a las buenas o a las malas, o de que el ya evidente movimiento de odiadores de Trump tenía en la autocracia de La Habana a un aliado muy fiel.

Ahora bien, si los ataques se iniciaron a partir de agosto del 2016, como parece indicar el reporte del CDC, entonces las razones operativas tienen que haber tenido más peso, al menos de inicio, que las razones políticas. Con esto quiero decir que el castrismo tiene que haber pensado en unas ganancias operativas, a largo plazo, que eran más importantes que lograr parasitar a los EE. UU.

¿Cuáles pueden haber sido esas razones operativas?

No lo sabemos, y es muy probable que tengamos que esperar un largo tiempo antes de tener una idea de qué fue lo que realmente sucedió. Por el momento, sin embargo, sí podemos aventurar hipótesis que intenten explicar los hechos conocidos.

Es bien sabido que Cuba fue, durante décadas, el punto más avanzado de la guerra electromagnética de la antigua URSS contra los EE. UU. La base electrónica de Lourdes es bien famosa por haber sido el centro de las operaciones de escucha, rastreo, intercepción y posible interferencia, que los soviéticos se montaron en el hemisferio occidental. La base, ya sabemos, fue cerrada en el año 2002.

En el año 2013, sin embargo, la contrainteligencia de los EE. UU. parece haber detectado a un espía ruso dentro de las operaciones electromagnéticas de su comunidad de Inteligencia. Ese posible espía, llamado Edward Snowden, fue inmediatamente convertido por los rusos, como muchas veces sucede, en uno de esos soplapitos (whistleblower) que se dedican, antes de desertar físicamente hacia el país de sus manejadores, a revelar esas informaciones que tanto estimulan la culpa blanca, protestante y puritana que yace en el centro de las creencias, y de la propaganda, de los odiadores de los EE. UU.

Otra consecuencia de la deserción de Snowden fue, claro está, que los rusos se sintieron con el derecho moral de reabrir en Cuba, en el año 2014, otro equivalente de la base de “escucha” de Lourdes. De más está decir que ante esa propuesta rusa el castrismo mostró, una vez más, esa vieja virilidad de entrar en caja por la puerta chiquita, de espalda, y engrasado.

Ese era uno de los tantos contextos que existían cuando los EE. UU. reabrieron su embajada en Cuba, en el año 2015, y a La Habana empezaron a llegar muchos “diplomáticos” americanos, junto con muchos contenedores repletos de unos equipos que a los castristas les tienen que haber sonado mucho peor que a Hatuey los arcabuces españoles.

A partir de ese contexto los castristas pueden haber pensado que los ataques electromagnéticos ofrecidos por los rusos, para adelantar su guerrita asimétrica, podrían servir para mantener a raya o neutralizar, de una forma secreta, macroscópicamente inmaterial, y legalmente indemostrable, a esa nueva arribada de “diplomáticos” americanos armados con tecnologías tan avanzadas.

Al mismo tiempo, los castristas pueden haber razonado que si, por algunos de esos azares incontrolables de la vida, Donald Trump terminaba siendo elegido presidente de los EE. UU., ya ellos tendrían emplazada, y a su disposición, una forma de presionar o, llegado el caso, de atacar a los representantes del gobierno americano en La Habana.

Hasta ahí las cosas encajarían si los ataques electromagnéticos se hubieran circunscrito a una sola ola. O sea, si entre el 2016 y el 2017 los castristas se hubieran dedicado a cerrar la luna de miel con el socialismo estadounidense sacando a unos cuantos americanos de Cuba en camillas.

Después podrían haberse recogido a la buena conducta mientras hablaban de unos grillos, o de unos ataques de histeria colectiva, que saldrían respaldados por el dato innegable de que los “episodios” no se habían repetido. Pero, por desgracia para las víctimas, los ataques continuaron.

El hecho de que los ataques continuaron queda demostrado por las declaraciones, anónimas, de un diplomático canadiense que refiere haber sido atacado este año (2021) y haber sentido el zumbido característico de los ataques.

Al mismo tiempo, después del inicio de los ataques, y como sería lógico hacer, el personal de reemplazo ha sido sometido, antes de partir hacia Cuba, a estudios clínicos y de laboratorio, incluidas las técnicas de imaginería del cerebro, que permitirían comparar, en caso de nuevos ataques, con los hallazgos derivados de los mismos.

Resulta interesante observar que, en el artículo de los investigadores canadienses de Nueva Escocia, se refiere que seis de los pacientes estudiados tenían estudios anteriores que permitieron establecer comparaciones. Eso implica que, con toda probabilidad, algunos o todos de esos seis pacientes fueron atacados después de la primera ola de ataques.

La pregunta ahora es: ¿qué ventaja operativa pueden haber obtenido los castristas autorizando ola tras ola de esos ataques? La respuesta, una vez más, es que no sabemos, pero podemos aventurar una hipótesis que, lejos de negar las anteriores, podría añadirse como una dimensión más a esos objetivos que el castrismo pudiera querer alcanzar con los ataques.

A partir de los años 90s, y con la innegable derrota económica, tecnológica y militar del socialismo real, los ideólogos del socialismo, sobre todo en los EE. UU., desplazaron la lucha a favor de su adorada doctrina hacia la esfera cultural.

¿Se acuerdan de aquella letanía que repitió durante décadas la grandeza económica del socialismo? ¿Se acuerdan de aquella letanía que repitió durante décadas la crisis final y la destrucción imparable de eso que los socialistas llaman capitalismo? ¿Se acuerda de como en los años 90s el socialismo real se derritió como la plasta de mierda congelada que siempre fue?

Bueno, a partir de ese momento el discurso de los socialistas de este mundo, con los estadounidenses a la cabeza, se desplazó hacia la esfera cultural. A partir de ese momento dejaron de hablar de superioridad económica y de victoria imparable para empezar a trabajar, culturalmente, en el asesinato del carácter, de la historia y de la idiosincrasia de los Estados Unidos de Norteamérica. Como ya no podían alabar al derrotado se dedicaron a vilipendiar al victorioso.

Como resultado de esa revolución cultural, que se inició en los años 90s y se extendió a las escuelas, las universidades, los medios, etc. surgió una nueva generación de estadounidenses que, después de la elección de Barack Hussein a la presidencia de los EE. UU., pudo acceder a la alta política de su país. Se trata, entonces, de la primera generación de americanos que había sido adoctrinada, desde el kindergarten hasta la universidad, en un odio profundo y multifacético a su país.

Esa es la generación de la Ocasio-Cortez, de Ben Rhodes, de Emily Mendrala y de una larga lista de chiquillos que muestran como signo de pertenencia un odio irracional a su país y, por compensación, una admiración sin límites hacia esos que, según ellos, osan enfrentarse a los EE. UU.

En el caso del ejército y la comunidad de inteligencia, por desgracia para esos chiquillos, el acceso a los altos niveles de dirección no depende de elecciones o designaciones, sino que requiere, necesariamente, del retiro o la neutralización de unos funcionarios que ocupan esos puestos, que tienen una larga experiencia en sus trabajos y que, por sus edades, no pertenecen a la generación de los adoctrinados.

Desde esa perspectiva, es posible ver a los ataques electromagnéticos continuados como una especie de poda del jardín de la comunidad de Inteligencia de los EE. UU. O sea, como una especie de tijera de jardinero que le permitiría a rusos y castristas ir seleccionando a esos cuadros de la Inteligencia americana que no les resultan tan negativos (tontos útiles), que les resultan apetecibles (adoctrinados en el odio a los EE. UU.) o necesarios (agentes ya reclutados).

Eso explicaría por qué los castristas continuaron con los ataques incluso después de la llegada al poder del régimen Biden. Una cosa que parece absurda si recordamos que el único obstáculo que tiene ese régimen, para devolverle al castrismo todas las dádivas de Barack Hussein es, precisamente, el hecho de que los ataques no cesan.

Una explicación lógica de ese sin sentido aparente podría ser que los castristas están posicionando, a través de esos ataques, a los cuadros que después le permitirán obtener algo mucho mejor que unas simples dádivas que siempre estarán sujetas a los vaivenes de la política estadounidense.

Si eso es así, creo que hay que mirar con mucho detenimiento y cuidado a los reemplazantes de los héroes, tanto en La Habana como en Langley. En ese sentido, me he estado preguntando recientemente si detrás de la operación con Yúnior García Aguilera no podría estar una funcionaria americana joven, recién nombrada en La Habana como reemplazo y adoctrinada, desde chiquitica, en el odio a su país. Sería interesante averiguarlo.

Nota: Guarden, por favor, este texto en un fichero aparte. No se los pido para que si mañana, o ayer, me empiezo a quejar de mareos, dolores de cabezas, acúfenos e insomnio, puedan pensar que esos “padeceres” no se deban a los rasgos histéricos de mi personalidad. No se los pido para que si mañana, o pasado, tengo un incidente desagradable en una frontera, o se cae el avión en el que voy, puedan imaginar de dónde salió el golpe. No se los pido por nada de eso porque, en realidad, para mí todo eso no pasa de unas simples caricias escrotales. Se los pido para que algún día, cuando se sepa la verdad sobre esos ataques electromagnéticos, porque es seguro que algún día esa verdad se sabrá, alguno de ustedes les lleve este texto a las víctimas de esos ataques, o a sus familiares, y les diga que en una Cuba libre ellos siempre serán recordados como lo que realmente fueron: héroes en la lucha contra el socialismo.  

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Nawep

  1. pedrin dijo:

    gracias cesar.

  2. aga dijo:

    Más que disfrutar, he «paladeado» tu estupendo análisis. Pero para que veas que no es algo nuevo, te reproduzco un fragmento del texto que publicó Salvador de Madariaga en la Bohemia Libre, Año I, Nº 3, Caracas, 23 de octubre de 1960. «El Zar Rojo en Nueva York» (pp. 35 et pass) «… El Occidente padece un optimismo incorregible. Se ha empeñado en que el día menos pensado, Dios sabe cómo, se ha de llegar a un acuerdo con Moscú y todo irá como una seda en un mundo de neutralistas sin nada sobre qué ser neutral. En esta creencia, el Occidente, el Occidente pone toda su esperanza en el señor Krushchev. El Zar Rojo, seguro del terreno que pisa, se desmanda y entrega a su insolencia natural y a la adquirida como mandón sin resistencia; y así se siente libre para abrumar a Occidente con todo el desprecio que le inspira y que a veces, por desgracia, no está muy lejos de merecer…» Sustituye el nombre de Krushchev por el de Putin y es lo mismo que pasa ahora. Mucha gente olvida que más allá de «capitalismo» y «comunismo», entre EEUU y Rusia hay un enfrentamiento consustancial como lo vio proféticamente Alexis de Tocqueville. Son dos países condenados a chocar y dominar, más allá de sus sistemas políticos y económicos. Y parten de dos principios diametralmente opuestos: distribuir el poder entre todos o concentrarlo en un sólo personaje. Pero viendo, además, lo que tan claramente expones, algo que me llama siempre la atención es la persistencia y perseverancia del «ideal comunista», esa «idea fracasada que nunca muere». Tú, que tienes una formación como científico, me entenderás mejor cuando te digo que estoy convencido que esa invencible tendencia es algo hormonal. En la época de Franco, muy precaria e intuitivamente, se habló del «gen comunista» y aunque de modo elemental en ello se aplicó el Dr. Vallejo Nájera. Tú lo sabes mejor que yo: antes que cualquier otra cosa, el ser humano es el resultado de la química. Somos química sobre todo. Y las secreciones glandulares forman la base más estable de la formación d ela personalidad, el temperamento, al cual después se superpone el carácter. Creo que hay «comunismo» mucho antes que hubiera «Comunismo»: es decir, el sentimiento de envidia, resentimiento, venganza, envidia y los otros concurrentes, forman el perfil de ese ADN comunista, mucho antes que un tipo como Marx le diera «forma y cuerpo filosófico». Seguramente sabes que a Watson, el Padre de la Genética Moderna, le ha ido fatal con la comunidad «científica» de izquierda, que lo ha demonizado sólo por asumir la continuación de sus estudios sobre genética. Lo han expulsado de la comunidad y hasta propusieron quitarle su Premio Nobel. Pero hay también otros científicos que actualmente están estudiando esa «reacción placentera» que producen las hormonas con sus endorfinas, cuando alguien «se declara» o «se siente» «de izquierda». Si te interesa, te paso la referencia con más precisión. Se trataría de crear El Príncipe Perfecto. Esto puede parecer algo muyu loco, y quizás lo sea. Pero como no tengo a nadie que me inspire confianza y respeto intelectual para comentarlo, sólo lo comparto contigo, apelando a tu generosidad e indulgencia. Te mando un gran abrazo cordial, con mi admiración y amistad. Alesso PS: Te adjunto algo que acabo de terminar y enviárselo a Zoé, que lo publicará pronto. Y otra bobería de mis investigaciones sobre los cubanos en México que acaba de aparecer.

    ________________________________

  3. Alexa Garib dijo:

    Excelente analisis y excelente trabajo investigativo..

    Nos tienen viviendo en the matrix, la realidad ya no es la realidad, quieren que creamos una realidad alternativa que hace agua por todos lados.. Ahora tu dices me cayo mal la comida y te dicen no, eso son ideas suyas..y tu dices pero si es que lo se y nada te dicen que no y no los sacas de ahi…tiempos raros estamos viviendo…. El gobierno de Cuba dijo que era una manada de grillos… que fuerte..

    Un saludo Cesar…

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