Victoria convoyada

Señoras y señores, si salta de aquí para allá, rompe tambor, y berrea, ¿qué es? ¿me van a decir que es un gato?

Por dios, que el chivo es el chivo y sin chivo no hay chiva.

Lo digo porque ya va siendo hora de que aceptemos la realidad y dejemos de negar lo que siempre fue una sospecha y ya hoy es evidente: Yúnior García Aguilera es una jugada de la familia Castro.

Y no es que yo lo esté diciendo ahora, de malagradecido que soy, después que Yúnior se haya rajado como una caña santa. No, lo dije en su momento, cuando escribí que había que apoyar la marcha del 15 de noviembre, y que había que apoyarla aunque el régimen la controlara, aunque cambiaran la fecha, o aunque algunos de los convocantes se echaran para atrás a última hora.

Está escrito y tiene fecha.

El historial de Yúnior solo convenció, si es que lo hizo, a incautos y castristas. Su trayectoria alabando a Raúl Castro en público, pidiendo que lo dejaran vivir en La Habana (deseo concedido, por cierto), y queriendo arreglar al socialismo desde el socialismo, solo indicaron en el sentido de un joven poseedor de eso que los policías castristas llaman “vectores de reclutamiento”.

Con Yúnior ya en La Habana, con Archipiélago surgiendo casi de la nada, y con esos jóvenes –algunos de ellos otrora “emprendedores”, por cierto— convocando a la crónica de una marcha avisada, algunos nos preguntamos si los vectores habían sido desplazados para ir llevando al aguerrido muchacho, poco a poco, hasta esa esquina del gráfico que dice “chiva”.

La pregunta, claro está, fue y es retórica; porque a fin de cuentas era irrelevante si el castrismo usaba a un agente suyo para convocar a una marcha que solo podía tener, al menos de inicio, un efecto negativo para el castrismo. Cualquier efecto que la marcha pudiera tener a favor del castrismo, pensamos algunos, sería después del 15 de noviembre.

Facilito, seguimos pensando, lo único que tenemos que hacer es agarrar lo que nos conviene (el llamado a la marcha), e ignorar o neutralizar después cualquier efecto a favor del castrismo que pudiera surgir como consecuencia de esa convocatoria. ¿Se acuerdan de aquellas croquetas que salían convoyadas con una guachipupa intragable? ¿Se acuerdan como comprábamos las croquetas y dejábamos la guachipupa en el mostrador? Bueno, algo así.

La pregunta, entonces, es: ¿qué gran ventaja ulterior pensaba alcanzar el castrismo que le permitiera justificar, desde el punto de vista operativo, el efecto perjudicial que pudiera tener la convocatoria de esa marcha?

Para empezar, el único efecto perjudicial serio que el castrismo pudo haber temido fue que la gente saliera a protestar y ellos tuvieran que enfrentar, de nuevo, algo parecido al 11 de julio. Ese fue un riesgo calculado que ellos lograron minimizar gracias al reciente y escaso perfil opositor de los convocantes, al cambio de la fecha inicial, a la absurda campaña de descrédito que desataron y a la actitud dubitativa (¿casual?) de los que convocaron la marcha.

El resto, digamos, la mala imagen internacional del régimen, la “quemadera” de chivatos dentro y fuera de Cuba, el no quitar la electricidad durante un tiempo, el gastar gasolina o espantar a los turistas, son cosas todas que el castrismo, sencillamente, se pasa por los forros. Para nosotros fueron victorias evidentes, pero para ellos nunca llegaron a ser turbulencias capaces de desgarrarles la ropa interior.

La segunda parte de la pregunta operativa, esa de la ventaja que pensaban alcanzar los castristas, es mucho más difícil de explicar porque para hacerlo se debe empezar por reconocer que ninguna de esas operaciones se hacen buscando un objetivo único, o una sola ventaja. Todo lo contrario, esas operaciones solo son aceptadas cuando permiten postular, de antemano, que se pueden obtener muchos objetivos a la vez.

Para entender esos objetivos hay que hacer un poco de historia y hay que empezar por recordar, parafraseando a John Lennon, que en política todo pasa mientras estamos ocupados protestando por otras cosas. Así, mientras en el año 2012 todos estábamos protestando por el vil asesinato de Oswaldo Payá y Harold Cepero, el castrismo iniciaba sus planes para obtener la rendición total e incondicional de los Estados Unidos de Norteamérica, y la destrucción final del exilio cubanoamericano.

La llegada de Barack Hussein a la Casa Blanca en el año 2008 marcó el acceso al poder en los EE. UU. de la primera generación de estadounidenses que habían sido pavlovianamente educados, desde inicio de los años 90s, en el asesinato de la reputación de su país, y en la culpa y el odio que siempre acompaña a esa antigua estrategia de los marxistas.  

Eso creó una mezcla perfecta para el castrismo. Por un lado, tuvieron a un presidente americano con viejos vínculos personales con el terrorista y agente castrista Bill Ayers, y por otro tuvieron a una caterva de chiquillos adoctrinados en el odio a su país y, por contraste, en la admiración al régimen asesino de la familia Castro. La mesa estuvo servida, y poco falto para que el castrismo se diera banquete.

En el 2012, y en cuanto empezaron las negociaciones entre el Tuerto y Hussein el castrismo dio la orden, con vistas a lo que vendría, de empezar a crear un grupo de futuros emprendedores controlados por el régimen, y de empezar a insertar en Cuba, en los EE. UU., y en el resto del mundo, a una nueva camada de agentes de influencias disfrazados de artistas, escritores, periodistas y un largo etcétera.

¿No recuerda aquellos articulitos y libritos premiados que no leyeron ni los premiadores? ¿No recuerdan aquellos pintores y comunicadores salidos de la nada?  ¿No recuerdan aquellos trajeados “hombres de negocios” ofreciendo villas y castillas? Esas fueron las lubricaciones previas a las penetraciones.

En el año 2016, ya con la mano de Hussein levantada por La China en señal de victoria, y con la Clinton presta a meterse en la Casa Blanca, el castrismo estuvo a punto de llevarse el gato al agua. Todo parecía indicar que estaban muy cerca del viejo sueño de destruir al exilio cubano en los EE. UU., y de lograr que el gigante del norte se encargara de hacer lo que antes habían hecho soviéticos y venezolanos.

Hay que aclarar que, por parte del castrismo, no todo fueron negociaciones y promesas en forma de zanahorias. También hubo, desde el año 2016, los palos de unos ataques acústicos concebidos como una declaración de principios, y como el recuerdo de que los objetivos del régimen serian obtenidos a las buenas o a las malas.

Ya para el 2016 el castrismo sabía, de buena tinta, que podía contar con una nueva generación de admiradores gringos que estarían dispuestos a gritar, a todos los niveles de las administraciones demócratas, que a esos émulos de Numancia (léase el Tuerto y compañía) era mejor darles todo lo que pidieran.  

Estuvieron a punto de lograrlo, pero ocurrieron dos milagros. Uno nació del pueblo estadounidense, y es la figura de Donald Trump; el otro nació del pueblo y el exilio cubano, y es la figura de Alexander Otaola. Uno logró llegar a la presidencia de los EE. UU. de una forma inesperada para muchos; y el otro se ha convertido en el flagelo económico, político y social más devastador que ha tenido que enfrentar el castrismo.

Donald Trump es el primer presidente de los EE. UU. con un estilo de poder empresarial y anti burocrático. Esa forma de gobernar enseguida le permitió poner al castrismo al borde de la quiebra. Ya para el 2021, cuando Donald Trump tuvo que dejar la Casa Blanca, era evidente que el régimen de La Habana estaba pidiendo el agua por señas, y que muchos de sus emprendedores y agentes de influencias se habían quedado con el bate al hombro.  

Alexander Otaola, por su lado, es una mezcla perfecta de Eduardo Chibás con Clavelito (quizás los dos comunicadores más exitosos de la historia de Cuba), algo que le dio la posibilidad de interesar, movilizar y agrupar a una enorme masa de cubanos, dentro y fuera de Cuba, que hasta ese momento habían mostrado una gran apatía por los discursos y las metratrancas de los políticos e intelectuales cubanos.

Otaola, como todo comunicador obligado a vivir en la inmediatez de las noticias, se equivoca a veces, pero otras veces acierta de una manera evidente y devastadora para el castrismo. Uno de sus grandes aciertos fue el llamado que hizo al famoso parón en el envío de las remesas. Otro fue la enorme presión moral que empezó a ejercer sobre artistas y músicos cubanos para que dejaran de nadar entra dos aguas, o entre La Habana y Miami, y se decidieran, finalmente, a denunciar el dolor del pueblo cubano.

Hubo fricciones, hubo desencuentros, pero Otaola se mantuvo firme y al final la humanidad de esos músicos y artistas resultó ser más fuerte que las presiones del régimen, o las comodidades de sus carreras. Fue a partir de ese momento que estuvieron listas las condiciones para que surgiera algo tan extraordinario como la canción Patria y Vida.

Mientras todo eso sucedía el régimen, claro está, no se quedó con los brazos cruzados y empezó a trabajar para ayudar a sus queridos compinches demócratas en el derrocamiento de Donald Trump. Todavía es muy temprano para saber con exactitud cuál fue la contribución del castrismo a la desvergüenza de las últimas elecciones estadounidenses. Hay que esperar, pero por lo pronto resultan muy llamativos el nombramiento de Josefina Vidal como embajadora en Canadá, el vínculo de las famosas maquinitas para (¿mal?) contar los votos con Venezuela (léase castrismo), y de las compañías dueñas de las maquinitas con esa misma Canadá a la que fue a parar Josefina.

Parece ser que lo lograron y, con la salida de Donald Trump de la Casa Blanca, el castrismo volvió a ver los cielos abiertos. Al nuevo régimen Obama-Biden no le sería muy difícil, pensaron, regresar a la rendición anteriormente pactada. Solo sería cuestión de echarle la culpa de los ataques acústicos a los rusos y de movilizar, dentro del nuevo régimen demócrata, a esos muchachos y esas muchachas, como la Emily Mendrala, que se habían quedado con unos deseos incontenibles de bajarse sus blumercitos en La Habana.

Para ayudar a esos funcionarios y esas funcionarias el castrismo solo tendría que movilizar a aquellos emprendedores que se habían quedado con el bate al hombro, y ordenarles que se pusieran a pedir el fin de las sanciones. Lo mismo hicieron con aquellos agentes de influencias, ya sembrados de antemano, para que empezaran a hablar de amor, diálogo y todas esas sandeces que el castrismo usa cuando quiere engatusar. La nota inicial de esa orquesta roja la daría un tal profesor Lazo.

Todo estaba listo, pero… ¿se acuerdan de Patria y Vida?  Bueno, ya para ese momento Patria y Vida se había convertido en el himno que eventualmente, el 11 de julio del 2021, se convertiría en la primera canción protesta de la historia de Cuba; o sea, en la primera canción que dio lugar a una protesta real, en la que cientos de miles de cubanos salieron a las calles a gritar, precisamente, el título de esa canción.

Gritaron Patria y Vida, gritaron libertad, gritaron abajo el comunismo y Díaz Canel singao. Nadie gritó abajo las sanciones, nadie gritó queremos diálogo, nadie gritó vamos a conversar mientras tú me crucificas. Ese día el castillo de naipes del castrismo se derrumbó, ese día la banda procastrista dentro del régimen Biden perdió una buena parte de su capacidad para defender al castrismo. Ese día todo regresó a la casilla cero.

A partir de ese momento el castrismo se dio cuenta de que tenía al menos tres prioridades, dos a corto plazo y una a mediano o largo plazo. Sabían que tenían que atacar, ningunear y minimizar la canción Patria y Vida antes de la entrega de los premios Grammy; y sabían que para poder reactivar la muela bizca del fin de las sanciones, y el dialoguito, tenían que crear a un “opositor” que escapara de Cuba después del 11 de julio y que terminara en los EE. UU. pidiendo vehemente, y amparado por su coartada de “opositor”, el fin de las sanciones y el reinicio de la eterna conversadera entre sordos.

¿Ven ahora como fue diseñada la Operación Levah?

Yúnior convoca a una marcha, y la atención se va para allá. El régimen responde con el aviso de unas exageradas maniobras militares, y la atención continúa. Yúnior cambia la fecha de la marcha, y la atención sigue ahí. El régimen empieza el acoso, y la atención ya es foco. Se acerca el día de los Grammy, Yúnior dice que va a marchar solo y la atención es expectativa. Ya casi están ahí los Grammy, Yúnior “desaparece” y la atención es obsesión. Faltan unas horas para los Grammy, reaparece Yúnior y los ojos de muchos se van para España.

¿Ven ahora como se explica el mensaje insultante, contra Beatriz Luengo, de uno de esos premiaditos que apestan a chilindrón por los cuatro costados?

Ese fue el primer diente de la tenaza castrista. El segundo fue que Yúnior llegó a España y, lejos de ponerse a hablar de teatro, de las mejores estrategias para las migraciones internas, o de reclutamientos policiales, se dedicó, sin sacudirse el polvo del camino, a defender enfática y seborreicamente las consignas del fin de las sanciones y del puto dialoguito.

Pero todavía está lejos de gritar misión cumplida. Todavía le falta entrar en contacto con la castrobanda del régimen Biden, todavía le falta volver a cruzar el Atlántico, esta vez en dirección a Washington, para empezar la gira de los medios masivos de noticias falsas, las entrevistas, y las declaraciones ante congresistas y representantes.

Para lograr esa tercera fase de la tenaza castrista es muy probable que, estando todavía en Cuba, Yúnior haya hecho contacto con funcionarios de la embajada estadounidense (o de alguna muy parecida). Gente que idealmente lo haya ayudado a escapar o que, al menos, se preste para crearle la leyenda de una escapada digna. Funcionarios que le permitan realzar su perfil de “opositor” y así establecer contactos políticos que, de suceder, podrían servirle para ayudar al castrismo en la que es ahora una de sus máximas prioridades a mediano o largo plazo: la neutralización mediática de Alexander Otaola.

Lo interesante del caso es que nada de esto es una sorpresa. Muchos pensamos, desde el inicio, que la inobjetable victoria del 15 de noviembre podía salir convoyada y que, de ser así, solo teníamos que agarrar la croqueta y dejar la guachipupa. Ahora esperamos que, una vez pasados los inevitables quince minutos de fama que tendrá Yúnior, el exilio haga lo mismo… y se siente a observar.

Foto del encabezamiento: Yúnior dizque incomunicado de Archipiélago (Archi).  

Nota: La invitación al exilio, para que se siente a observar, parte de que muy pocas veces hemos tenido los exiliados cubanos una oportunidad tan clara para ver como salen de las sombras los agentes castristas. El régimen está tan desesperado, y necesita tanto convertir a Yúnior en el recadero de sus anhelos, que ha decidido empujar, como un carrito de helado, a sus chivatos infiltrados en el exilio. Verlos salir de las sombras, para defender lo indefendible (Yúnior), y ver como lo hacen indignados es, cuando menos, el placer de un diagóstico largamente sospechado y finalmente confirmado. Verlos insinuar o gritar que la culpa de la traición de Yúnior la tiene el pueblo cubano, es triste, pero es también divertido si levantamos nuestras copas y sonreirmos antes de decir «siempre supe que era chiva».

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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14 respuestas a Victoria convoyada

  1. Alejandro González Acosta dijo:

    Brillante y certerísimo texto. Sin dudas, aplicas muy acertadamente tu formación científica al análisis polìtico. Si hubiera en el exilio un Centro de Operaciones de Contra-Inteligenncia (el equivalente de Línea y 10), Servando González y tú debieran ser los especialistas principales. Chapeau, Dottore.

  2. Jose Daniel Rodríguez dijo:

    Barbarísimo! Muy buena explication !

  3. Alexa Garib dijo:

    Tremendo analisis…super bueno….

  4. amagraes dijo:

    Gracias Cesar!, comparto 100% tu análisis de los últimos acontecimientos de marras, de la estrategia de la dictadura y de la nueva -verde con punta-, guanábana que ha aparecido de misión en Madrid. Y claro que Otaola en primer lugar y otros están en el centro del colimador; en un Space que hizo Manuel Milanes 10 días antes del 15N, escuché como tuvo que sacudirse fuerte a varias “avispas” que se le tiraron arriba, a desvirtuarle el tema de su Space, y a desacreditarlo de varias maneras . Quedando claro que él también y probablemente otros golpeadores sin cuartel de la maldita dictadura, están siendo objetivo de esta estrategia de descalificación y neutralización. Gracias otra vez por tu invaluable trabajo!

  5. yo que soy un temba cualquiera hubiera dado orden al Y de aguantar al menos una semanita después del 15 para coger el tubo, hubiera salido y llegado cuasi impoluto, con esa fuerza más hubiera cruzado el charco aun lider de archi, su figura sin sufrir el desgaste del nuevo record de los 100 metros. Como no calcularon el dechave del aratonamiento? tanto trabajo para hacerla a la salida?

    • Los Grammys estaban ahí, y tenían que hacerle sombra a Patria y Vida. Además de que confiaban en la credulidad del exilio y en el alboroto, a favor de Y, de sus agentes ya sembrados. En el peor de los casos, calcularon que el Y se podía dedicar entonces a hacerse el víctima, a decir que se equivocó (como si las traiciones fueran equivocaciones), y a pedir «unidad». Como está haciendo ahora.
      La prueba más evidente de que Y es una jugada es que, coño, no se calla.
      Cualquier persona en su situación se daría cuenta de que lo mejor que puede hacer a favor de la libertad de Cuba es callarse de una vez, dedicarse al otro teatro y no seguir metiendo la cuchareta.

      • ok brother, el tipo va a vivir de la política, eso lo tiene claro, lo vi hablando de la union de opositores entre nicaragua, cuba y venezuela… ya la parloteadera molesta

      • Apostarle a los alpargatosos socialistas peninsulares, para hacer política dentro del exilio cubano, es un negocio bien chiquito. Déjalo que se despetronque.

      • amagraes dijo:

        Cesar, obvio que Y no es “cualquier persona en situación de hacer algo a favor de la libertad de Cuba” tal y como la entendemos y sólo puede ser LA LIBERTAD de Cuba. Lo otro es puro teatro, charco y lodazal. Estoy loca por ver cómo queda este muñeco cuando se le acaben las pilas.

      • Creo que quedará como uno de esos «dolidos» de la «incomprensión» y la «intolerancia» de un exilio que no aceptó su grandeza «liberadora». Entre los exiliados cubanos abundan esos «dolidos». A cada rato la DGI los desempolva para que digan algo insultante contra los exiliados y nadie, claro está, les hace caso.

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