La complejidad del acomplejado

Dice Abel Prieto que hay –agárrense– complejidad en el pensamiento de Fidel Castro.

Hay que tener una cara de así se templó el acero para atreverse a soltar, a estas alturas del juego, semejante imbecilidad.

Hay que ser un esbirro ideológico, de la más abyecta estirpe, para no morir de vergüenza después de haber dicho eso.

¿De dónde le vino a Abelito semejante vocación abyecta?

Bueno, le vino de cuna roja.

Resulta ser que, cuando los comunistas cubanos le dieron a mi padre la orden de crear la Organización de Pioneros le pidieron, entre otras cosas, que para los asuntos pedagógicos se asesorara con un viejo compañero, llamado Abel Prieto, que era “afín al Partido”.

Esa fórmula de “afinidad” fue uno de los eufemismos que ellos siempre usaron para referirse a los cripto comunistas, esos cuadros a los que el Partido les dio la tarea de pasar por cualquier cosa menos por militantes.

De esa forma, el nombre y el teléfono del padre de Abel Prieto fueron a dar a la agenda que mi padre usaba en aquellos años.

De más está decir que ser de cunita roja no fue garantía, para nada, de una carrera como la que Abelito ha tenido dentro del castrismo.

Sus orígenes, y algún que otro chivatazo, solo habrían dado, si acaso, para que lo reclutaran como agente de la Seguridad del Estado y lo usaran, de vez en cuando, para hacer avanzar los intereses de ese aparato.

Probablemente fue así –chivateando y reprimiendo– como Abelito llegó a ser director de una editorial, presidente la Unción de Estertores y Aristas de Cuba (UNEAC) y, eventualmente, Ministro de inCultura.

Cualquier desconocedor de la realidad cubana podría decir que Abelito llegó, por méritos propios, a ser una vaca sagrada dentro de la cúpula castrista.

Los cubanos sabemos, sin embargo, y a partir de una larga lista de vacas sagradas que fueron defenestradas en un abrir y cerrar de ojos, que Abelito nunca pasó de ser, a pesar de todos sus cargos, uno de esos cuadros del castrismo que tienen que chequear todas las mañanas, en el periódico Granma, si todavía siguen siendo un cuadro del castrismo.

La verdadera consagración de Abelito, o su verdadera conversión en una de las vacas sagradas de la cúpula castrista, ocurrió después de la publicación, en el año 1999, de uno de los textos más abyectos de la abyecta historia textual del castrismo.

Me refiero a El vuelo del gato, un documento que Abelito vomitó, quizás a cuatro manos, para inscribir su nombre, con letras rojas, en la sangrienta historia universal de la maldad graficada.

Un bodrio que puede ser reducido a una simple historia. Un clavo rellenado con la guata de esas palabras y saberes que muchos cubanos, a fuerza de incapacidades bien diplomadas, aprenden a usar como ornamentos para lucir y no como instrumentos para pensar.

Una, dicen que, novela que ustedes no necesitan leer, porque ya yo pasé por el mal rato de hacerlo, en una lectura de dos horas y columna central, y les puedo contar, sin que se pierdan nada interesante, de qué va la historieta que define la abyección de ese texto y la consagración de quien lo firma.

Es una historia en la que hay dos ascéticos y estoicos llamados Marco Aurelio. Uno es el hijo y el otro es el padre. Es una historia en la que también mencionan a un tipo llamado El Polaco (tomen nota), que fue quien le enseñó a Marco Aurelio el padre las artes del estoicismo y la vida ascética. Una vida que los llevó a los dos, padre e hijo, a padecer de insomnio y convertirse (tomen nota) en habitantes de las noches.

La esencia de las trescientas y pico de páginas de ese bodrio se reducen a una historia que Abelito banaliza hasta el asco; porque resulta que Marco Aurelio el hijo, después de un divorcio que él quiso posponer tanto como pudo, por amor a su primer hijo (tomen nota), termina en la calle y sin llavín.

En esa triste circunstancia, en la que el estoico y asceta está sentado en un parque de Marianao sin tener a dónde ir, aparece, como enviado del cielo, un personaje llamado Mamoncillo, un amigo de adolescencia de Marco Aurelio el hijo, un excelente jugador de baloncesto en sus años de preuniversitario y, ya de adulto, un tipo de éxito que maneja un buen auto, tiene un celular y, muy importante, una casa a la que le sobra un cuarto.

Mamoncillo, que es hombre y amigo, encuentra en Marianao al imperturbable y ermitaño Marco Aurelio y, sin que medie duda alguna, le dice que irá a vivir a su casa, que a ellos les sobra un cuarto, y que su esposa estará encantada de que él se vaya a vivir con ellos durante el tiempo que quiera, o que necesite para rehacer su vida.

Aparece en escena Amarilis (¿Belladona?), una mujer que no encaja con los estándares de esas exuberantes mulatas que los cubanos consideran el metro patrón de la belleza femenina, pero que tiene (tomen nota) como rasgo distintivo de su sex appeal unos ojazos claros que son casi hipnóticos.

Como cabría esperar, y en la mejor tradición del realismo castrista, Amarilis disfruta de la confortable vida que le da un marido burgués, pero cae flechada (tomen nota) por el revolucionario y ascético estoicismo (con poster del Che Guevara y todo) de Marco Aurelio el hijo y decide, en un rapto de libertaria libertad, saltarle encima (tomen nota) para iniciar un triángulo amoroso que le impide ver, porque el amor es ciego, que el objeto de sus deseos es una plastica de mierda que traicionó a un amigo que le tiró un cabo en una situación de apuro. El final de la historieta es el desvergonzado embarazo de Amarilis y su parto, para más simbolismos, en Maternidad Obrera.

Ese es el bodrio que Abelito publicó en 1999. Seis años antes, en 1993, Alina Fernández, la hija natural de Fidel Castro con Natalia “Naty” Revuelta, se había escapado de Cuba y dos años antes, en 1997, ya había publicado unas memorias en las que, entre otras cosas, describe una historia real que es muy similar a la que narra Abelito en su bodrio.

Después de la publicación de las memorias de Alina dejó de ser un rumor eso que tantos cubanos ya sabían; o sea, que la rata inmunda de Fidel Castro sedujo a la mujer de un señor que le abrió las puertas de su casa para ayudarlo.

A partir de 1997 ya fue un dato comprobado que ese aprendiz de revolucionario llamado Fidel Castro, que era portador de unas pretensiones de asceta y estoico, que ya estaba adoctrinado y teledirigido por un tipo al que llamaban El Polaco (Fabio Grobart), y que ya estaba llamado a convertirse en un habitante de las noches, le hizo al Dr. Orlando Fernández lo mismo que después le haría, por solo mencionar uno de los tantos casos, a su “entrañable amigo” Núñez Jiménez.

Naty Revuelta, una belleza poco cubana, pero portadora de unos ojazos verdes e hipnóticos, disfrutaba de la confortable vida que le daba su esposo burgués, pero cayó “flechada”, como la Amarilis del libreto, por un tipejo que iba por la vida pretendiendo despreciar el todo y la nada. Una bola de churre que ya dejaba entrever que su matrimonio, con Mirtha Díaz-Balart, era solo un sacrificio por su hijo. De ese flechazo nació, aunque no en Maternidad Obrera, Alina Fernández.    

De más está decir que, ante semejante a afrenta a la sagrada imagen del Líder Máximo, no quedó más remedio que movilizar a los eunucos escribanos del castrismo para que intentaran, tanto como pudieran, banalizar semejante traición, presentarla como algo natural en el contexto cubano y deslizar, de paso, que la responsabilidad había sido de la fémina de los grandes ojos, porque fue ella quien se unió a un despreciable burgués y después, de contra, se le tiró encima al santo varón del estoicismo.

De la escritura o la firma de semejante monumento a la cobardía y la mediocridad nació la consagración, como eunuco de la corte, del mismo tipo que ahora se atreve a usar otra palabra como ornamento para decir, sin fallecer de vergüenza, que hay complejidad en el pensamiento de un guajiro acomplejado que se llamó Fidel Castro.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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3 respuestas a La complejidad del acomplejado

  1. pedrin dijo:

    tu va a ve que en realidad de biran no ha salido otra cosa que porqueria, si es que a la verdad solo hay que darle tiempo para que llegue.

  2. Leonard dijo:

    Clase’e decara’o brother. Así se toman el crédito los comunistas esos.

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