El Siliconazo

El 7 de enero del año 2021, en apenas unos segundos, y ante la mirada atónita de muchos, las grandes compañías tecnológicas de Silicon Valley destruyeron la primera enmienda de la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica.

Guarden la fecha, porque algún día podrá ser recordada como la efeméride del Siliconazo.

Un momento en el que cualquier persona decente debió haberse preocupado hasta el insomnio. No solo por lo que significa que cuatro o cinco oligarcas decidan anular la sacrosanta libertad de expresión, sino por el porvenir que ese hecho ya avisa para el resto del mundo.

El análisis de las causas de esa barbaridad tiene al menos dos niveles. Uno que puede ser reducido a los mezquinos intereses de los oligarcas que controlan esas compañías, y otro que apunta a algo mucho más extenso, profundo, y antiguo.

Es evidente que hay intereses mezquinos. Amazon, por ejemplo, quiere seguir sobrecargando el maltrecho y sindicalizado correo estadounidense, sin que llegue un presidente a exigir negociaciones. Google, por su lado, quiere seguir monopolizando los mega datos sin que lo fiscalicen; y Twitter y Facebook, para no ser menos, buscan controlar el mercado de las opiniones sin tener que dar muchas explicaciones al respecto.

Nada de eso, sin embargo, es de gran importancia. Lo importante, al menos para mí, no son los cuatro o cinco tontos que controlan esas compañías y que defienden, por tanto, sus mezquinos intereses.  A fin de cuentas, ¿quién recuerda hoy a Carnegie, a Dupont, a Hughes, o al CEO del otrora súper poderoso Yahoo? A todo se los llevó la arena del tiempo.

Lo importante, al menos para mí, es el enjambre que exigió e hizo posible que esa barbaridad sucediera.

Me refiero a esa generación de estadounidenses que hoy no pasa de los 35 años, que fue educada después de la derrota económica del socialismo real y que creció siendo adoctrinada, quizás sin saberlo, en un odio visceral hacia esa entelequia que han aprendido a llamar “el capitalismo”.

Lo primero que salta a la vista en esa generación es que muchos de sus miembros y miembras viven absolutamente convencidos y convencidas de ser buenos muchachos y buenas muchachas. No quiero decir con eso que lo sean, tampoco quiero decir que no lo sean, solo digo que viven absolutamente convencidas y convencidos de serlo.

Ignoran que de esos absolutos han nacido muchos dolores y son, en su mayoría, chiquillos que se apuntan a la obsoleta idea de que un estado todopoderoso y sobreprotector, manejado por una burocracia que no paga por sus errores, y que casi siempre puede enriquecerse con ellos, es la solución para unos problemas que esa muchachada –absolutamente buena y sufridora como es– considera insoportables.

Parecen ser, por decirlo de alguna forma, una mezcla perfecta de la ancestral culpa protestante con ese odio que Gramsci codificó como raciocinio, y disfrazó con amor. Ven al mundo como una colección de víctimas y victimarios. Comparten, como una seña de identidad, el sentirse culpables de sus ancestros y saben, como solo pueden saberlo los santos, que están llamados a salvar al mundo del apocalipsis. En su afán redentor han terminado detestando los méritos ajenos y han convertido a la mediocridad en el más alto estándar de referencia.

Son un enjambre eternamente adolescente, porque siempre adolecen de algo. Son un avispero que poco a poco han ido penetrando la academia estadounidense, los medios de difusión, el sistema educacional, los sindicatos y las llamadas organizaciones sociales. Poco a poco van llegando también a la alta política de ese país; porque algunos de ellos ya se pasean, con sus equinos rostros y legislaciones, por los pasillos del Congreso de los Estados Unidos.

En realidad, nadie debería preocuparse por ellos. Como las otras generaciones anteriores, esta también debería estar condenada a diluirse en la inmensidad de esa gran nación que son los E. UU. Cuentan, en total, con alrededor del 22% de la población y, si asumimos que no todos ellos piensan igual, podemos aventurar entonces que los más convencidos no pasan de ser un mero 15%.       

Es evidente que pasados unos cuantos años, y algún que otro chequeo con la realidad, esa generación habría quedado como una de las tantas notas al margen en la historia de América y del mundo. Sus sufridas opiniones convertidas en consignas, y sus buenos deseos expresados como reclamos inapelables, habrían quedado como el recuerdo de lo que realmente son: una varicela o un sarampión.

Así habría sido de no ser por un detalle, y es que una fracción de esa generación trabaja en Silicon Valley. Son los obreros de ese panal de programadoras y programadores que se encargan de codificar, con sus algoritmos y subrutinas, las instrucciones que median entre la información y sus receptores.

Son esas chicas y esos chicos que agarran una realidad que es extraordinariamente compleja y la filtran, a través de unas simplificaciones llamadas algoritmos, y de unas instrucciones que conocemos como programas, para presentarla de una forma ordenada y simplificada que solo ellos deciden, y que al mundo no le queda otro remedio que aceptar.

Son, en su esencia, un ejército de intermediarios entre un corpus de conocimientos y los receptores de esos conocimientos. Unos usuarios que están organizados en comunidades y que tienen que aceptar, porque no les queda otro remedio, la opacidad intrínseca de un proceso en el que unos pocos deciden cómo y cuándo ellos recibirán la información.

Fue esa opacidad la que dio lugar a los famosos algoritmos creados para decrecer la influencia, en la blogosfera, de opiniones contrarias a las que ese enjambre defiende y comparte.

Fue esa falta de transparencia la que generó el circulo de vicioso de personas que viven de simplificar y que, cuando se sienten insultadas por el choque con realidades complejas, deciden cancelarlas usando el poder de sus simplificaciones.

Fue esa dinámica de comunidad cerrada, y adoctrinada, la que dio lugar a esa autoflagelación de cancelar opiniones, algunas de ellas con casi 90 millones de seguidores, en un negocio que vive de colectar y vender opiniones.

En un mundo normal, que funcione según las reglas de la economía de mercado, serían suicidas evolutivos condenados a desaparecer. En un mundo normal no pasarían muchos meses antes de que una alternativa menos controladora, y adoctrinada, los sacara de ese espacio evolutivo que llamamos mercado. Por desgracia, no estamos viviendo en ese tipo de mundo.

Para descubrir el tipo de mundo que ya se anuncia como un porvenir, tenemos que detenernos, por un instante, en el análisis de las características que describen a esa porción del enjambre que trabaja para los oligarcas de Silicon Valley.

Como miembros que son de su generación, esos chiquillos comparten las características que ya fueron descritas con anterioridad. A ellas se pueden sumar, sin mucho esfuerzo, que son eminentemente sedentarios, que cargan con una imagen corporal negativa, que tienen serios problemas para las relaciones sociales, que no fueron populares en sus escuelas y que, en algunos casos, pueden ser identificados como eso que llamamos Incels, del inglés “Involuntary Celibates” o célibes involuntarios.

¿No les recuerda eso un déjà vu?

Recapitulemos: Son unos gorditos que se sienten absolutamente buenos, que quieren salvar al mundo y a la humanidad, que creen en el apocalipsis (climático, pero apocalipsis al fin), que ven al capitalismo como algo satánico, que practican la autoflagelación y que han hecho votos voluntarios o involuntarios de castidad. Además de eso, son unos gorditos que tienen la capacidad, y la usan, de erigirse en intermediarios entre un corpus de conocimientos y unos usuarios de esos conocimientos que se organizan en comunidades y que están obligados, porque no les queda otro remedio, a aceptar la opacidad intrínseca del proceso mediante el cual esos gorditos deciden que es lo que ellos pueden o no pueden leer y, eventualmente, que es lo deben o no deben pensar.

¿No les recuerda eso a los evangelizadores?

Recordemos: Eran buenos y estaban llenos de amor al prójimo. Iban a salvar al mundo de ese apocalipsis que ya el viejo testamento anunciaba. Su lucha fue contra otro satánico mal. Creían en el pecado de la carne. Muchos hicieron votos de castidad y otros, con el devenir del tiempo, aprendieron a auto flagelarse por un bien que siempre imaginaron común. Fueron, además, unos cuerpos mal atendidos que se erigieron en intermediarios entre un corpus de conocimientos y unos usuarios de esos conocimientos que se organizaron en comunidades y estuvieron obligados, porque no sabían leer ni podían imprimir el Nuevo Testamento, a aceptar la opacidad intrínseca del proceso mediante el cual esos cuerpos maltratados decidían que es lo que ellos podían saber o no podían saber y, eventualmente, que es lo debían o no debían pensar.

Si aceptamos la equivalencia entre la muchachada de Silicon Valley y los evangelizadores no estamos aceptando, para nada, un proceso negativo. Todo lo contrario. No creo que nadie en su sano juicio se atreva a negar el hecho de que las ideas de Cristo fueron, y son, una bocanada de aire fresco lleno de amor, o un resplandor de ética y moral en un mundo que tanto lo necesitaba y todavía lo necesita.

Donde la equivalencia se torna negativa es en ese momento de la historia, trecientos trece años después de la muerte de Cristo, en el que Constantino-I reconoció oficialmente al cristianismo, dejó de perseguirlo y abrió las puertas, metafórica y literalmente, para que esa doctrina se convirtiera en la religión oficial del Imperio Romano.

Ese fue el momento en el que la idea se tornó en institución, y en el que esa institución fue utilizada para ejercer un poder que, de inicio, se encargó de sobre simplificar la compleja vida religiosa del imperio romano (en la que había un dios para casi cada traste de la cocina) y, eventualmente, de controlar la información y el pensamiento.

Fue ese el momento en el que la idea original empezó a dar lugar a una institución que, como todas las instituciones, tuvo como el primero de sus objetivos su propia subsistencia, aunque fuera al precio de mancillar la idea original.

A partir de ahí, y sobre todo del Concilio de Nicea del año 325, desapareció la exquisita tolerancia de los primeros cristianos y nadie, absolutamente nadie, que tuviera una visión distinta, aunque fuera pequeñísima, podría subsistir.    

El pasado 7 de enero ocurrió una fusión similar entre el Partido Demócrata de los EE. UU., un poder que acaba de eliminar el último obstáculo para eternizarse en el poder, y una maquinaria eclesiástica altamente ideologizada, y adoctrinada, que es capaz de controlar la información y el pensamiento.

Es cuestión de tiempo, entonces, que esa nueva maquinaria que acaba de surgir en Silicon Valley sea investida con el poder totalitario que necesita para anular a esos herejes y paganos que ellos reconocen como Parler, Gab, Disenter, DuckDuckGo, etc.

Si la decisión de Constantino-I dio lugar a esos mil años que hoy conocemos como la Edad Oscura es muy posible, o probable, que estemos a las puertas de otro de esos períodos de la historia en los que la complejidad será perseguida y las terribles simplificaciones serán arropadas con aplausos.

Recuerden que Jacob Burckhardt lo dijo hace ya más de un siglo: “la esencia de las tiranías es la negación de la complejidad”. Si eso es verdad, entonces el 7 de enero del año 2021, el día del Siliconazo, marca la fecha en la que ocurrió el milagro del silicio convertido en cilicio, para iniciar la era de una nueva tiranía global.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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33 respuestas a El Siliconazo

  1. ramoncito1570 dijo:

    Nunca antes mejor explicado. Se avecinan cambios muy negativos a la vida religiosa-socio-cultural de toda una generación. No solo de los estados sino de manera global. Creo a lo q le falta a ese movimiento globalízante en America es un toque religioso , si es q no lo tiene ya. Gracias Reynel

  2. lazarojordan dijo:

    Muy buen articulo!!

    >

  3. Maria Arostegui dijo:

    Speechless.

  4. Alejandro Fernández dijo:

    Buenísimo, como el resto de las entradas. Solo un punto, la 1ra enmienda prohíbe al gobierno la restricción de la libertad de expresión. Compañías privadas pueden restringir lo que quieran, aunque como bien dices hay una amalgama en el que se funden uno con el otro.

    • Ya desde la época de los barones de los ferrocarriles quedó claro que hay servicios que no se pueden arrogar el derecho de prohibir el acceso (basado en las opiniones de los usuarios), o que si lo hacen se están cargando de facto la primera enmienda. En el caso que nos ocupa no es tanto la prohibición como el actuar al unísono (cual crimen organizado) para evitar que los prohibidos encuentren otros espacios. Además del contubernio con el gobierno. Gracias por el comentario.

      • Alejandro Fernández dijo:

        Especulo que pudiera haber habido una solapada amenaza a los gigantes de social media con una revisión del artículo 230 del Communication Decency Act. La llamada primera enmienda de internet. Como también si hubo una amenaza de pack de court, para al unísono ponerse en contra de Trump y de paso eliminar a Parler. Este artículo dibuja muy bien el panorama ya desde julio del 2019.
        https://reason.com/2019/07/29/section-230-is-the-internets-first-amendment-now-both-republicans-and-democrats-want-to-take-it-away/
        De cualquier manera el tumbe de Parler para dejarlo en cueros me parece que entra más dentro del ámbito de las leyes anti-monopolio, no tanto 1ra enmienda.
        Un gusto intercambiar. Saludos

      • O la ley RICO, porque parece que actuaron como crimen organizado (raketeering). En el contexto de la “Cancel Culture”, la cosa apunta má a obliterar las opiniones ajenas que a convencer con las propias, o a monopolizar el mercado de las opiniones. Esa generación creció con el derecho de reaccionar como los perritos de Pavlov ante cualquier opinión que toque sus cada vez más exquisitas sensibilidades.
        El monopolio ya existe, tumbar a Parler fue el uso de ese monopolio para cargarse la 1ra enmienda, cosa que solo se atrevieron a hacer porque saben que ya son parte de un poder que ha llegado para quedarse, de otra forma no se habrían atrevido.
        Lo propio.

      • Lili G S dijo:

        Me ha gustado su artículo; su analogía es muy ilustrativa de lo que quiere mostrarnos. Pero yo no conozco mucho las leyes y leí uno de los que enlaza algún comentarista de su artículo a la La sección 230, primera enmienda de Internet
        Specifically, it protects a right to “restrict access to or availability of material that the provider or user considers to be obscene, lewd, lascivious, filthy, excessively violent, harassing, or otherwise objectionable.”
        Y bajo estos supuestos es que se eliminó la cuenta de Trump. Con advertencias previas.
        Sólo sé que en europa (españa) hay presos por Twitts hechos con alusión a violencia. O cantantes presos por letras con alusión a violencia. Y un montón de demandas entre los políticos por twitts que dañan el honor (desbocados como están todos a insultar y blasfemar)
        Unos representantes de una organización civil, también presos por llamar a manifestación (en redes sociales) que acabó en violencia y daños materiales (sin que hubieran muertos) Fueron apresados.

        Se demanda por cualquier cosa y se buscaba que los grandes monopolios paguen, pero ellos se exculparon con esta enmienda. Creo que es normal regular internet, si se regula toda la vida social, por qué no internet que ya hace mucho es para la mayoría su realidad.

        Delicado es el tema de libertad de expresión.
        Por ejemplo, en Francia extremistas le cortaron la cabeza a un profesor… la difusión del motivo que llevó a ello fue por redes sociales.

        Comento esto con respecto a cerrar una cuenta. Bajo mi punto de vista: justificado.

        Supongo que el hecho de impedir el acceso a otras redes (Parler) ya está más en consonancia con su artículo

      • La sección 230 no protege ese derecho. Ese derecho está protegido por la ley. La sección 230 lo que hace es darles la posibilidad a los dueños de los medios sociales de ejercer ese derecho a su antojo y, en ocasiones, por encima de la ley.
        Hay una enorme confusión al respecto. En los EE. UU. hay leyes que permiten exigir responsabilidades legales a todos aquellos que inviten a actos obscenos, lascivos, sucios, excesivamente violentos, acosadores, etc., etc.
        Hace unos años, por ejemplo, una cantante enseñó media teta en un espectáculo y la cadena de televisión fue multada.
        Casi todos los días, por ejemplo, la ley se encarga de poner en su lugar a esos que usan las redes sociales para acosar psicológicamente a otros.
        Ahora bien, dada la naturaleza de los medios sociales, en los que todo ocurre casi en tiempo real, y en los que muchos se refugian en el anonimato para cometer sus fechorías, la sección 230 permite censurar las posiciones extremas y anónima sin exponerse a una demanda legal por infracción de la 1ra enmienda.
        Si hay una cuenta anónima o semi anónima exigiendo decapitar a los cubanos que influyeron en el triunfo de Trump en la Florida, la sección 230 permite bloquearla; pero si hay una cuenta perfectamente identificable, por su nombre, diciendo algo que molesta a algunos, entonces esas personas molestadas tienen el derecho de llevar ante la ley al que dijo eso, para demostrar la lesividad de su mensaje y exigir responsabilidades legales. Si la ley encuentra que lo que dijo esa persona merita responsabilidad legal, entonces dicta una sentencia que incluye, entre otras cosas, el derecho de los medios sociales para bloquear esa cuenta.
        El problema con la sección 230 es que le fue servida en bandeja de plata a los oligarcas de los medios sociales para que pudieran usarla de una forma extraordinariamente asimétrica (a favor de sus creencias ideológicas e intereses financieros) y abusiva.
        Por ejemplo, en Twitter está la cuenta de una fea sicópata y narcisista (disfrazada de humorista) que se mostró en una foto con la cabeza decapitada de un ser humano que, además, en ese momento era el presidente legal y democráticamente electo de un país.
        Nada importante pasó.
        Por ejemplo, en Twitter tiene su cuenta un déspota iraní que a cada rato usa esa cuenta para hacer un llamado a la obliteración de millones de personas que viven en un país que ese déspota odia.
        Nada ha pasado.
        La lista de las asimetrías ideológicas en los medios sociales es infinita y nauseabunda.
        Una consecuencia de esa asimetría es que se imponen, como verídicas, narrativas que son mentiras absolutas.
        Una de esas narrativas es, por ejemplo, que Trump hizo un llamado a la violencia en su discurso del 6 de enero. Un reclamo absurdo cuando la mera lectura del discurso enseña que pidió marchar “patriótica y pacíficamente” para “ovacionar (cheers) a unos senadores y no ovacionar a otros”.
        A partir de esa narrativa se creó otra, aún más mentirosa y peligrosa, diciendo que Trump tenía responsabilidad legal por los sucesos del Capitolio. Unos sucesos que muchos de los que conocemos las tácticas de los comunistas avisamos desde antes como una posibilidad, y que ya hoy está más que demostrado que fue planeado con mucha anterioridad, que fue penetrado por Antifa, y que lleva todos los signos de las autoagresiones totalitarias (como la del Reichstag en 1933).
        El asunto no es si regular o no el Internet, el asunto es quién y cómo se regula el internet y, sobre todo, quién regula a los reguladores del internet para evitar que abusen de sus regulaciones y así logren esconder fraudes electorales, barrer bajo la alfombra corrupciones evidentes, o acusar injustamente a personas que interfieren con sus creencias ideológicas y, sobre todo, con sus intereses financieros.
        Es muy fácil alegrarnos, o aceptar, cuando bloquean en el internet a alguien que hemos sido adoctrinados para odiar, lo difícil es imaginar que un día esos que lo bloquearon podrán venir a por nosotros… y lo harán.

      • Alejandro Fernandez dijo:

        Sr. Aguilera disculpe no le puedo responder abajo y por eso lo hago aquí; y mi comentario va dirigido al artículo 230 del Communication Decency Act.
        Ese artículo protege a los intermediarios de la distribución de información, Twitter, Google, YouTube, y muchísimos miles incluyendo este blog.
        Para poner un ejemplo simplon de cómo funciona. Si aquí en este forum se enredan a discutir dos comentaristas acaloradamente al punto de que deciden encontrarse frente a frente para seguir “hablando” y en esa reunión uno le entra a gasnatones al otro. Entonces dicho artículo lo protege a usted de que el agredido lo demande. Puesto que usted solo está proveyendo un sitio para comentar no para caerse a trompones.
        Lo mismo ocurre con miles y miles de sitios. A nadie se le ocurría llevar a Uber a los tribunales porque unos ladrones decidieron usarlo como medio de escape.
        En las redes sociales hay mucha información y actividades delictivas que por mucho que la plataforma quiera evitar es imposible.
        El artículo 230 protege de responsabilidad civil y penal (liability) estas plataformas para proteger al mismo tiempo la divulgación de ideas. Al proteger estas plataformas, por llamarlas de alguna manera, se protege la 1ra Enmienda puesto que si son responsables y cualquier usuario que ha sido dañado usándolas entonces dentro de muy poco tiempo no existirían.
        Un punto clave, las plataformas distribuyen la información generada por otros. Las plataformas no generan información, por eso el ejemplo de Janet Jackson sacando la teta está equivocado puesto que fue la cadena televisiva la que generó esa información.
        Ahora existe también la otra cara de la moneda cuando parece indicar que algunas plataformas se han decidido a censurar información para manipular el discurso. Estas plataformas no son parte del gobierno por lo que pueden censurar lo que estimen sin violation de la 1ra Enmienda.
        Por eso digo que quizás la manipulación pudo ser causada por una amenaza con eliminar o modificar el artículo 230. Y eso congresistas y senadores de ambos lados lo han dicho. Por eso también digo que quizás este fenómeno tiene que ver más con las leyes anti-monopolio. Si por ejemplo los usuarios de Parler o Trump no tienen a donde dirigirse para divulgar sus ideas, es posible que se les obligue a las plataformas darles un espacio.
        Antes de ayer salió un artículo sobre el asunto en Cato. Es bien largo y solo habla de la primera cara de la moneda. Me quede esperando que tocara el tema de la censura como manipulación de la información y del discurso social.
        Aquí está por se desea:
        https://www.cato.org/publications/policy-analysis/circumventing-section-230-product-liability-lawsuits-threaten-internet

      • Pasa usted por alto que, antes de tener acceso a cualquier servicio en línea, existe (y siempre es usada) la posibilidad, para los proveedores de esos servicios, de hacer firmar a sus futuros usuarios un acuerdo en el que siempre incluyen una inmunidad legal a cualquier daño ocasionado “a” y “por” terceros.

        No hay tal “liability”.

        La 230 nada, o muy poco, tiene que ver con ese tipo de “liability”. La 230 fue concebida, tramposamente, como el derecho de las grandes plataformas a usar su gigantesco poder para evitar esas situaciones de crisis que a veces emanan de las conductas colectivas.

        Hay pánicos, como el que sucedió cuando Orson Welles narró la Guerra de los Mundos en la radio, o como el del famoso Pizza Gate, que hacen creer a algunos que es necesario tener un mecanismo de salvaguarda que permita hacer una intervención rápida cuando esas conductas colectivas empiezan a irse de las manos.

        Si en este fórum dos terminan fajados a gaznatones yo nada tengo que ver con eso y, mucho menos, WordPress. La garantía legal de eso nada tiene que ver con la 230.

        También pasa usted por alto es que las plataformas Sí generan información.

        Desde el momento en el que existen algoritmos que promueven ciertos términos e ideas, y cancelan otros, las plataformas Sí están generando información.

        Desde el momento en el que las plataformas usan “chequeadores de hechos” que nadie sabe quiénes son, ni cómo chequean, ni quiénes los chequean a ellos, ni qué responsabilidad asumen si se equivocan, y que muchas veces están equivocados, las plataformas Sí están generando información.

        Desde el momento en el que las plataformas se arrogan el derecho de acotar con cartelitos diciendo que ciertas informaciones son falsas, cuando millones de personas saben (fíjese que digo saben, fíjese que no digo creen) que no son falsas, las plataformas Sí están generando información.

        Desde el momento en el que las plataformas deciden bloquear ciertas informaciones es evidente que Sí están generando información. Desde el punto de vista puramente informacional la ausencia de una señal muchas veces puede ser tan o más codificante que su presencia.

        Si mira usted el documental “The Social Dilemma” verá que la búsqueda del mismo término en Google, en dos localidades lejanas y distintas, genera dos resultados de búsqueda que son completamente distintos. Eso quiere decir que las plataformas Sí generan información.

        Las televisiones no hacen firmar contratos a los televidentes diciendo que si pasa algo ellos no son responsables. La propia naturaleza del medio impide hacer eso y, por tanto, tienen “liability” cuando ocurre algo inesperado.

        Si dos personas conversan en un foro, y de vez en cuando sustituimos por un pito una palabra dicha por una de esas dos personas, y de vez en cuando, sin que medie racionalidad alguna, decimos que lo que esa persona dijo es mentira, y de vez en cuando no le damos la posibilidad de mostrar las informaciones que respaldan sus posiciones estaremos, con toda certeza, generando mucha más frustración, molestia y, eventualmente, violencia, que la que hipócritamente decimos estar evitando.

        Todos los sistemas complejos con capacidad de adaptación generan, por sí mismos y de vez en cuando, comportamientos que distan mucho de la funcionalidad primaria del sistema. Nuestra mente, por ejemplo, de vez en cuando, genera pensamientos que enseguida corremos a borrar o reprimir avergonzados (o a utilizar para escribir un cuento de horror); nuestro sistema inmune a cada rato se vuelve “loco” y empieza a reconocer como extraños a antígenos que son propios; la bolsa de valores a cada rato cae en una espiral mitológica, como esa que hace ya mucho tiempo hizo que en Holanda un tulipán valiera lo mismo que una casa.

        Creer que esas dinámicas pueden ser controladas de arriba hacia abajo, de una forma eclesiástica, inquisicional, totalitaria, o efectiva, es el sueño y eventualmente la pesadilla de esos “terribles simplificadores” que aspiran al poder absoluto. Eso es lo que es la famosa 230, el instrumento para la creación del Complejo Militar Informacional. No es casual, entonces, que ese complejo haya decidido ayudar y convertirse en el instrumento represivo de ese partido político de los EE. UU. (el mal llamado Partido Demócrata) que tiene como principal agenda ideológica el control de la economía, la población y la información de arriba hacia abajo y a través de un gobierno de burócratas convertidos, eventualmente, en Nomenclatura Totalitaria.

        Las características de las grandes plataformas, que permiten a los usuarios “enmudecer”, bloquear, e incluso reportar las conductas que la gran mayoría de los seres humanos consideran reprobables, habrían sido más que suficientes para controlar cualquier discurso de odio o llamado a la violencia. La 230 no fue invocada porque eso no sucedió, la 230 fue invocada porque eso, lejos de crear el efecto esperado, se convirtió en un llamado a esa libertad que ellos quieren cancelar.

        Los artículos como el de CATO son interesantes, pero tomados fuera del contexto de las informaciones alternativas, de nuestras propias experiencias, y de nuestra propia racionalidad, pueden tornarse muy peligrosos. Hoy en día nada, absolutamente nada, que salga respaldado por la autoridad de una organización es imparcial. Siempre hay una agenda detrás, una agenda que nos toca a nosotros identificar y diseccionar si queremos que no nos manipulen.

      • Alejandro Fernandez dijo:

        Me parece que tenemos definiciones diferentes de los verbos publicar, censurar, y generar información. No quisiera pecar de pedante, pero este tema me parece de vital importancia y trascendental y no es como discutir por discutir la contrapeluza del sorveto.
        El 230 surge como un híbrido entre la figura legal de product liability (PL), y la figura legal de difamación en el caso NYT v. Sullivan.
        El PL es cuando el fabricante y el vendedor de un producto son liables por daños ocacionados por el producto siempre que este sea usado para lo que se diseñó. Estos son liables si con una secadora de pelo me quemo el cuero cabelludo como si hubiera usado una antorcha de soldar. Pero no son liables si la secadora es usada para electrocutar a alguien en la bañadera.
        En el caso NYT v. Sullivan, los periodicos solo son liables si al publicar una mentira lo hacen con dolo. Osea, conscientes de que la difamacion es tal.
        Al evolucionar la internet en los 90 se tuvo que crear una herramienta para que las plataformas que publicaban el contenido generado por terceros continuaran brindando un nuevo espacio para todos sin temor a ser liables a ser demandados por personas que pudieran haber sido dañadas al usar este producto. También se les inmuniza por cualquier contenido difamatorio generado por terceros.
        El disclaimer que Ud menciona cuando a veces compramos un producto o servicio da muy poca inmunidad o casi ninguna en lo referente en las figuras legales de PL y difamación. Especialmente si el proveedor es el único en el mercado (monopolio y uncocionability).
        En el ejemplo que le pongo de los fajarines, sin el 230 Ud SI pudiera ser liable porque estas personas se conocieron en su sitio y entablaron una conversación en su sitio, hablando de lo que Ud publicó y como resultado uno de los dos fue dañado. Lo mismo ocurre si una persona se emborracha en una fiesta en su casa y mata a alguien en el camino de vuelta. Ud sería liable si con conocimiento de la borrachera dejó salir a esta persona de su casa. Incluso si la bebida o droga la trajo esta persona y Ud ni siquiera le dio un vaso.
        Esta situación fue contemplada en el caso Herrick v. Grindr LLC, por el cual un usuario de la plataforma Grindr para conectar a personas gays fue dañado por otro usuario. La única defensa valida que tuvo Grindr fue el 230, y Henrrick perdio el caso y todas las apelaciones que vinieron.
        Los ejemplos que Ud pone no pueden considerarse per se generación de información. Promover, chequear, acotar de falsas, bloquear información no es generarla. Si yo redacto un tweet diciendo que las elecciones fueron fraudulentas y el tweet es borrado. Twitter no generó absolutamente nada ni creó ninguna nueva información. Me censuró claro esta, y limitó mi derecho a expresarme protegido por la 1ra Enmienda, pero eso es todo.
        Tampoco es generar nueva información cuando Google da diferentes entradas, son como se entenderá en muchos casos para proveer un mejor servicio. El search -plomero- dará dierentes entradas donde vivimos. Aunque también Plaza de Tiananmen aquí y en Chinay este si ya es controversial, pero por mucho que se quiera estirar la definición del verbo esto no es generar información.
        Las televisoras y los periódicos no están protegidos por el 230 puesto que estos SI generan información y por lo tanto son liables por el contenido de lo que se publica. De la misma manera que yo fuera liable si publico un tweet difamatorio.
        El Attorney General presentó una propuesta para la modificación de este articulo en Septiembre pasado para protegernos de la manipulación del contenido publicado en las redes. Esperemos que algo salga.

      • Una de las definiciones más usadas de información es “el uso de trabajo o energía para alejar a un sistema de su comportamiento estadístico habitual o natural”.
        Digamos que dos canales parten de la misma bifurcación de otra canal y están exactamente (desde el punto de vista teórico, claro está) al mismo nivel. Si dejamos correr millones de bolas por la canal principal, y las dejamos bifurcarse a su antojo, tendremos el resultado teórico, porque las dos canales de la bifurcación están al mismo nivel, de alrededor de un 50% de bolas que se van por la canal izquierda, y de alrededor de otro 50% de bolas que se van por la derecha.
        Ahora bien, si invertimos trabajo y energía para que una canal esté más baja que la otra, estaremos creando información en ese sistema, porque a partir de ese momento las bolas dejarán de distribuirse con la proporción de antes (porque algunas empezarán a irse por la canal que está más baja). A partir de ese momento ese sistema contiene o es portador de información.
        En ese sentido, que es puramente informacional, los algoritmos y censuras de las grandes plataformas Sí están generando muchísima información. Si un tipo tiene 8 millones de seguidores en Twitter, y otro tipo tiene 90 millones de seguidores, y al oligarca de Twitter se le ocurre bloquear al que tiene 90 millones, ese oligarca estará haciendo algo más que censurar, estará usando trabajo y energía (algoritmos, electricidad y gorditos programadores) para desplazar el comportamiento estadístico que el sistema tenía hasta ese momento (de 8 contra 90) y generar uno nuevo (de 8 contra 0) que es completamente artificial y que contiene y es, además, información.
        Si Google sabe que 9 de cada 10 personas que buscan la palabra Tiananmén clican sobre el link que dice masacre, pero decide quitar ese link si alguien hace la búsqueda desde China, entonces Google estará usando trabajo y energía para alejar al sistema de su comportamiento estadístico habitual, o sea, estará generando información.
        Con esto quiero decirle que, desde el punto de vista informacional, una plataforma no necesita generar contenidos (muchos confunden, en el internet, a la información con el contenido), para generar información; y que, además, cuando censuran, pueden estar haciendo mucho más que quitar una información, pueden estar generando una nueva que es mucho más poderosa (y en algunos casos peligrosa) que la que quitaron. Además de eso, los muy hijos de sus madres Sí se dan el lujo de generar contenidos, y lo hacen con sus cartelitos y con sus “controladores de hechos” que nadie sabe quiénes demonios son y que muchas veces mienten descaradamente.
        La idea de que las plataformas son reservorios pasivos de las posibles maldades ajenas es una idea que esas grandes compañías impusieron con su plata, sus cabildeos, y su capacidad para modular la información, con el objetivo de seguir haciendo de las suyas; porque a fin de cuentas todo el mundo sabe algo que ya estuvo claro desde la época de los chats y los comentarios en los sitios webs: a diez de últimas el circo solo favorece a los dueños de las carpas, y es por eso que los dueños de las carpas han insistido en eso de la libertad de expresión, y la 1.ª enmienda, para seguir estimulando un circo que ellos podrían parar mañana, si quisieran, y sin la ayuda de ninguna 230. Un circo que quieren seguir usando a su antojo y al de sus compinches del Partido Demócrata.
        Decir que la 230 es un mecanismo de defensa de la libertad de expresión es como decir que el comunismo es un sistema creado para generar igualdad entre los hombres. Eso que se lo crea otro. La 230 es un mecanismo para el control y la coartación de la libertad de expresión. Fíjese si es así que ya Twitter creó los Comités de Defensa de su Información.

      • amagraes dijo:

        ….y HASTA LA VICTORIA SECRET!! -como dice Cristinito.
        Espero verte mañana en Enfoque Ciudadano si la 230 y su madre nos lo permite.
        Gracias gracias por tu intelecto sagaz, y tu agudísima pluma con cascabeles en la punta.
        Hasta entonces, y cuídate!!

      • Hoy nos vemos en Enfoque Ciudadano, seguro.

      • Alejandro Fernandez dijo:

        Ciertamente controversial y problemático y a eso me refería en lo referente a la otra cara de la moneda del 230 acerca de la manipulación de la información. Aspecto que el artículo en CATO desgraciadamente no toca. Es debatible si meter ruido a un sistema es o no generación de información. En un sistema abierto no controlado por 4 oligarcas informáticos simplemente cambiamos de abastecedor del servicio. Pero esa no es la realidad actual.
        No considero que el 230 vió luz con el objetivo primario de manipular la información como se hace ahora. El internet de hace 30 años dista mucho a como lo conocemos en la actualidad. Es por eso que el AG Barr presentó la propuesta de modificación del artículo para traerlo a la contemporaneidad que necesita. Más específicamente en el inciso (c)(2) (manipulación) cambiando las palabras “otherwise objectionable” por “unlawful” and “promotes terrorism” cuando se refiere a la información que pueda ser censurada. De esta manera la censura es mas coartada y limitada.
        Otro punto de la propuesta es relacionado con la ley de monopolio (antitrust, punto 4) al cual también me refería en mi comentario.
        Aquí esta:
        https://www.justice.gov/archives/ag/department-justice-s-review-section-230-communications-decency-act-1996
        Los links, sobre todo el -cover letter- toca todos los puntos que he tratado.
        Definitivamente algo tiene que cambiar legislativamente porque el 230 esta dando protección a una actividad para la que no fue realmente creado.
        Gracias por el intercambio.

      • Esta conversación estaría incompleta si no saliera a colación la palabra “ruido”, un término que muchos usan para huir de la complejidad y refugiarse en las simplificaciones. Todos los aumentos drásticos en la cantidad de información (como el que sucedió y está sucediendo después de la llegada de los llamados medios sociales) tienen, al menos para la mente humana, una fase en la que ese aumento puede ser visto, y muchas veces lo es, como ruido. En realidad, no es ruido. Cualquier persona que se haya observado aprendiendo sabe que el aprendizaje también sufre de esa fase en la que los conocimientos iniciales se nos antojan como piezas de informaciones que flotan inconexas y caóticamente. Es solo después, cuando seguimos insistiendo, que esas informaciones empiezan a organizarse jerárquicamente, que las conexiones entre ellas empiezan hacerse claras y que empiezan a emerger, como si flotaran, las imágenes que siempre estuvieron escondidas en eso que consideramos caos y ruido. Igual pasa con nuestra mente colectiva. El problema con ella, sin embargo, es que la fase de falso ruido es aprovechada por ideólogos, delincuentes, vendedores de crece-pelos, etc. para hacer avanzar sus agendas simplificadoras, y muchos, por desgracia, se van detrás de esas estafas. Gracias a usted por la conversación.

  5. pedrin dijo:

    el dibujo esta genial !!!

  6. Yinell Nunez dijo:

    Cómo todos los artículos/libros que salen del cerebro del Señor Aguilera… simplemente magistral! Gracias x siempre ilustrarnos y compartir su sabiduría! Es un placer aprender de Ud.

  7. Romalh dijo:

    Excelente, impresionantemente preciso el punto de vista y el simil, sin dudas que por lo preciso SE VUELVE ATERRADOR …

  8. Romalh dijo:

    Ya no se quema vivo al disidente … al hereje … pero como antes LO CONVIERTEN EN HUMO al desaparecerlo de las redes.

  9. No van a parar hasta controlarlo todo.

  10. amagraes dijo:

    Si, Alejandro. Ciertamente es muy largo el documento de CATO. Y en casos como este y para evitarme perder tiempo, suelo buscar informacion sobre el autor, -esta vez Will Duffield,- pues en un casi 100% se cumple la máxima de que “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le agarra la pata”. Y por si en algo les acorta el camino a alguno de por aquí, ahi les dejo el link a un “preguntas y respuestas” a Will que puede ayudarlos con esto.
    https://www.cato.org/jobs/intern/alumni/wduffield

  11. Pingback: Cita con Cesita | aguilera

  12. Leonard dijo:

    Muy bueno Cesi, muy de acuerdo.

  13. Pingback: El mensaje de August | aguilera

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