Los parásitos de Mr. Jones

Los dos filmes emblemáticos del año 2019 están relacionados.

Al menos, así lo veo yo.

No me gusta escribir sobre filmes, porque casi siempre veo en ellos algo que no debería ver y que creo que los demás ya han visto.

En Mr. Jones, la directora polaca Agnieszka Holland narra la historia de Gareth Jones; un periodista que en 1933, cuando el periodismo todavía existía, quiso avisarle al mundo que en la URSS la gente se estaba muriendo de hambre.

Quiso denunciar eso que hoy conocemos como el Holodomor, un término que en la lengua de Ucrania quiere decir algo así como asesinato por hambre.

Stalin ordenó recoger toda la cosecha del granero de la URSS y, como cabría esperar, muchos de los que allí vivían murieron de hambre.

Fueron alrededor de 5 millones de seres humanos.

Esa no fue la primera gran hambruna del bello y siempre bien ponderado socialismo soviético. Ya en el año 1921 había habido una muy parecida, y en la que también murieron millones de seres humanos.

La diferencia entre la del 21 y la del 32 fue que en la primera Lenin tuvo a bien reconocer que había una crisis humanitaria y pidió y aceptó ayuda internacional.

Le ordenó a la Checa, su policía política, que pusiera a todos los agentes, que supieran hablar inglés, alrededor de esos gringos que habían llegado a la URSS para luchar contra la hambruna; pero al menos los dejó entrar.

Le ordenó a Willi Münzenberg, su propagandista en jefe, que hiciera todo lo posible por presentar la victoria de los americanos como un logro del comunismo soviético; pero al menos los dejó trabajar para que pudieran, con su espíritu empresarial y pragmático, partirle el espinazo al hambre.  

En 1932, sin embargo, Stalin se negó a reconocer hambruna alguna y a pedir, por tanto, ayuda internacional. En 1932, todo era triunfalismo cuando Gareth Jones llegó a Moscú.

Stalin, en una de las escenas del film que más me llamó la atención, hablaba y hablaba por la radio sobre todas las industrias que Rusia nunca había tenido y ahora tenía.

Como buen periodista que era, Gareth Jones fue más allá del triunfalismo y se preguntó, y empezó a preguntar, de dónde Stalin había sacado la plata para financiar el salto industrial que la URSS había dado en tan poco tiempo.

La respuesta se la dio el infame Walter Duranty, que en esa época era el corresponsal en Moscú del New York Pravda (perdón, quise decir New York Times). Una rata que se dedicaba, con la fuerza de su mal habido prestigio, a hacer para Stalin lo que Willi Münzenberg ya había hecho para Lenin, o lo que Herbert Matthews haría después para Castro.

Según Duranty, Stalin había sacado la plata vendiendo el trigo de Ucrania; pero las cuentas no daban. En realidad, y eso no sale en el film, una buena parte de esa plata Stalin la sacó creando, dentro de su Aparato de Inteligencia, un departamento llamado Valuta (que en ruso quiere decir Moneda Convertible).

Una empresa criminal que se dedicó a imprimir billetes falsos, de cien dólares, para contrabandearlos alrededor del mundo y así levantar el capital necesario para comprar, a precios de ganga, las fábricas americanas que se habían ido a la quiebra por la crisis financiera del 29.  

Uno de los pocos países usados para ese contrabando de billetes de cien dólares fue, por cierto, Cuba. De más está decir que ese fue el antecedente del famoso Departamento MC del castrismo. Ni en eso han sido originales esos bandidos.

Nada de eso sale en el film, porque la historia que a Holland le interesa es la de un genocidio por hambre en el que los primeros en morir fueron esos que se negaron a robar, a delatar, a prostituirse o a practicar el canibalismo que Stalin les dejó como única opción de sobrevivencia.

Es un film sobrecogedor, es un film que deja, en algunos de los rizos de nuestros pensamientos, una pregunta que machaca y machaca como una advertencia:

¿Cómo puede una sociedad llegar a caer tan bajo?

La respuesta a esa pregunta parece estar codificada en Parásito, el film del director surcoreano Bong Joon-ho. Una comedia negra que es, al menos para mí, una alegoría perfecta de la lucha de clases; o de esa forma en la que un grupo reducido de personas son capaces de invadir, parasitar y destruir, las sociedades que las albergan.

Todo empieza, ya sabemos, por la educación de los niños. Después se trabaja, sin reparar en norma ética alguna, para posicionar cada vez más parásitos dentro de esa estructura jerárquica que se desea destruir —que en el caso del film es una familia.

Como sucede en la Historia, Bong Joon-ho también nos cuenta que hay una lucha de facciones entre dos grupos muy bien definidos. Uno, representado por los cuatro parásitos que ya infestaron a la familia que los alberga, y el otro representado por un matrimonio que ya estaba allí antes de la infestación.

Dentro de los marcos de la lucha de clases, el matrimonio puede ser visto como ese reformismo que está dispuesto a aportar algo a su hospedero, que no quiere derrochar muchos de sus recursos y que busca, de ser posible, una relación simbiótica con esos que los albergan.

El otro grupo, el de la familia, puede ser visto como el ala radical de la lucha de clases, o como esos que no se detienen a pensar en el hospedero, que derrochan sus recursos a como dé lugar, y que no pondrán mientes, llegado el momento, a su destrucción definitiva.

Al final, como ya nos enseña la Historia, ocurre un conflicto de facciones que lleva a eso que en la lucha de clases se conoce como la radicalización del proceso o el llamado a la inevitable y sagrada revolución.

Relucen los cuchillos largos, corre la sangre, mueren parásitos y parasitados, queda degollada la gallina de los huevos de oro y sobreviene un aislamiento revolucionario —en un sótano literal y metafórico— que unas veces disfruta de algo para comer y otras se tiene que contentar con períodos de hambruna.

Hambrunas como la del 21 y el 32 en la URSS, como la de China en el 59, como la de Cuba en el 91, como la de Corea del Norte en el 94 o la de Venezuela hoy en día.

Hambre de parásitos dispuestos a destruir a sus hospederos para dejarnos una pregunta que machaca y machaca como una advertencia:

¿Cómo puede una sociedad llegar a caer tan bajo?

Todo empieza, parece decirnos Bong Joon-ho, por la educación de esos niños que después aprenderán a aplaudir, y premiar, unos filmes que cuentan, como comedias macabras, la historia de sus propias destrucciones.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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10 respuestas a Los parásitos de Mr. Jones

  1. Adri Bosch dijo:

    Mr Jones,la vi dos veces ,conocia la historia ,pero me impactó ,deberian verlas muchos trasnochados que se sientan en las mesas de café ,hablar de comunismo y muchos paises permitieron que avanzaran sus tentaculos ,sabiendo como vulneraban derechos humanos !

  2. julin dijo:

    vio usted que contra el sistema no se puede?

    ahora resulta que quien proteste es catalogado de terrorista.

    ha llegado la hora de ajustarse los cinturones y aguantar lo que se le ocurra a la progresia mundial.

  3. Maria Arostegui dijo:

    Hoy miércoles 20 de enero del 2021 pude ver Mr. Jones. Ya la otra joyita pude verla antes de ser premiada. Y por tercera vez podemos repetir la pregunta de marras: como puede una sociedad caer tan bajo? Por ahi andamos…gracias.

    • Creo que después de la publicación del Manifiesto Comunista esa es la pregunta más importante que se puede hacer cualquier persona inteligente. La gran paradoja del último siglo es que la mayor parte de la “iteletualidad” vivió, y vive, muy bien de ignorar olímpicamente esa pregunta. Gracias a usted por leerme.

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