Trump y mi error

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Brasil no puede ganar, pero Alemania puede perder.

Así dijo uno de mis tíos preferidos antes de un partido en el que, como era de esperarse en aquella copa, Alemania ganó sin dificultad.

Siempre recuerdo esa frase cada vez que veo a académicos y analistas apuntarse a las dos posibilidades de una disyuntiva, para así creer que se inmunizan contra el error.

Me encanta equivocarme.

Soy latino y vengo de una cultura católica que enseña que es humano equivocarse, y que hay derecho al perdón en el reino de este mundo.

Soy latino y me encanta que hayan sido los franceses, latinos y católicos también, quienes hayan inventado el ensayo.

El verbo lo dice, ensayar. La experiencia lo demuestra, no hay garantías de acierto.

Si los ensayos siempre acertaran no serían ensayos, serían puestas en escenas.

Si los analistas siempre acertaran no serían analista, serían videntes.

Esa idea de ensayar apostándole a las dos opciones, para no equivocarse, me parece muy gringa.

Me parece consecuencia de una cultura, la protestante, que lo primero que hizo fue cargarse el sacramento de la confesión del error, del castigo y el perdón.

Así es que, sin temor a equivocarme, este es el análisis que me atrevo a ensayar:

Donald Trump es un fenómeno único en la historia de la democracia estadounidense.

Donald Trump es el grito de 63 millones de estadounidenses contra la culpa calvinista y la hipocresía liberal que la ha secuestrado.

Donald Trump es el rechazo de 63 millones de estadounidenses a que su país sea siempre representado negativamente por la maquinaria de propaganda liberal en los EE UU.

Donald Trump es resultado del rechazo de los cubano-americanos a ser siempre representados negativamente por la maquinaria de propaganda liberal en los EE UU.

La proyección mediática de Donald Trump no es la de ninguno de los apelativos que la maquinaria de propaganda liberal en los EE UU ha querido endilgarle.

La proyección mediática de Donald Trump es un riesgo calculado para hacerles saber, y sentir, a millones de estadounidenses, que ya está bueno ya de plegarse al “buenismo” y a la mojigatería de los liberales del marxismo-calvinismo.

Creer y querer demostrar que 63 millones de votantes, de una democracia con más de 240 años, son imbéciles, racistas, xenófobos, etc., es como querer narrar un juego de béisbol desde la perspectiva de un caníbal perdido en las selvas de Nueva Guinea.

Ante el fenómeno de Donald Trump, la pregunta que cualquier analista (que no se aproxime a la realidad desde posiciones ideológicas) debe hacerse es: ¿cuál es el mensaje que 63 millones de personas, de una democracia con más de 240 años, les están enviando al mundo?

Donald Trump es la prueba de que, ante la alternativa de un estado protector o la libertad individual, 63 millones de estadounidenses se decidieron por lo segundo.

Donald Trump es la prueba de que, ante la alternativa de las dádivas de un estado protector o trabajar, 63 millones de estadounidenses prefirieron doblar el lomo.

Donald Trump es la prueba de que 63 millones de estadounidenses sabían que había gato encerrado, y que los tratados comerciales con otros países estaban perjudicando a un país, los EE UU, con una de las más altas tasas de productividad en los últimos 200 años.

Poner en duda la legitimidad de Donald Trump, porque no ganó el voto popular, es olvidar la importancia que tienen los colegios electorales para mantener la cohesión de la Unión; es querer olvidar que los grandes conglomerados humanos (donde los liberales ganan el voto popular) son más propensos a la inmigración ilegal, al fraude electoral, a las dinámicas de grupos, a la manipulación de las masas y a las histerias colectivas.

Poner en duda la legitimidad de Donald Trump, porque no ganó el voto popular es, también, olvidar que en el béisbol se gana por carreras y no por hits, que en el futbol se gana por “touchdowns” y no por yardas, o que en el básquet se gana por canasta y no por tiros al aro. Solo los quejicas se quejan.

Donald Trump va a ganar las próximas elecciones (2020) sin dificultad alguna.

Bernie Sanders o Joe Biden no tienen la más mínima posibilidad de ganar en las próximas elecciones.

Creer que los 20 millones de estudiantes universitarios de los EE UU pueden hacer alguna diferencia, en las próximas elecciones, es olvidar que no pudieron hacerlo cuando Trump fue el odiado “underdog”; o que la quinta parte de esos estudiantes ya se graduaron y acaban de entrar en un mercado laboral con las mejores cifras del último medio siglo.

Lo que está por verse es si Donald Trump podrá reelegirse con mayoría en las dos cámaras.

Si Donald Trump logra reelegirse con mayoría en las dos cámaras entonces es muy probable que los EE UU salten, tecnológicamente, de una forma aún más brutal que como lo hicieron después de Donald Reagan.

Si Reagan fue una de las causas del saltó tecnológico de los EE UU, en los años 80; entonces la reelección de Donald Trump, con mayoría en las dos cámaras, puede convertirse en una de las causas de un despegue que quizás nos obligue a cambiarle el apellido al Homo sapiens.

El mundo, con los EE UU a la vanguardia, está a las puertas de una revolución tecnológica que solo podrá ser comparada a la que ocurrió hace alrededor de 13 mil años, durante el Neolítico.

Donald Trump lo sabe o lo intuye, que para el caso es igual.

Guarden este texto, dejen correr el tiempo y, por favor, perdónenme si estoy equivocado.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

16 respuestas a Trump y mi error

  1. Miguel Iturria Savón dijo:

    Buen artículo, César, breve, conciso y lúcido. Ojalá no estés equivocado. Creo, sin embargo, que la Campaña electoral del 2020 en USA es una guerra mediática, como la anterior, lo comprendí en España tras leer los titulares de los diarios. La Administración Trump no ha invadido a ningún país, solo algunas respuestas al terrorismo de estado en Siria e Irán y las medidas contra el despotismo en Cuba y Venezuela. Saludos, Miguel Iturria Savón.

    • Gracias, Miguel y, sí, tienes razón, la guerra mediática no ha parado y va a continuar; pero creo que, a menos que Trump cometa un error garrafal (cosa que no veo probable), la van a perder. Si la perdieron en el 2016, cuando tenían todas las ventajas a su favor, creo que ahora la van a perder. 240 años de democracia no están ahí por gusto. Los medios pueden exagerar cuanto quieran, pero al final es la gente la que decide y me parece que la gente, al menos en USA, empieza a estar cansada de la tiranía del Cuarto Poder. Saludos.

  2. Lazaro Jordan dijo:

    De acuerdo con lo que planteas en este post.

    >

  3. aga dijo:

    Sigo en completa sintonía contigo, amigo. Decía mi abuelo: “Los genios coinciden…” Hace rato dije, y publiqué, que Trump no era la enfermedad, sino el síntoma, y aún más que eso, el antídoto. Te adjunto el texto que salió en cubaencuentro cuando ganó las elecciones. Y las volverá a ganar. Releyéndolo, antes de enviártelo, creo que en muchos puntos sigue teniendo actualidad. Tú me dirás… Abrazos, Alesso ________________________________

  4. Letras Arz dijo:

    Es de los mejores enfoques que he leído sobre Trump, a la par con los académicos estadounidenses imparciales,y el de Michel de Houllebecq, y el de González Acosta. Porque todo lo que es luz, es valiente y rebasa los prejuicios. Un gran escrito Reynel.

  5. Joshua Ramir dijo:

    Cesar cual es el salto tecnologico que se va a producir que no se esta produciendo? gracias por dedicarle tiempo al blog. Un abrazo.

  6. pedrin dijo:

    puede ser bocón y lengua suelta pero es un tipo que mira las cosas con máximo de pragmatismo y desde la perspectiva del hombre de negocio, no del político (que tanto daño hace), es el hombre que mira resultados no palabrerío o como dijo Ben Shapiro “analicemos a Trump por lo que logra no por las cosas que dice” y está más cerca de la verdad (con respecto al presidente) que todos aquellos analistas de este o aquel canal de televisión o radio.
    Muchas gracias por su tiempo y su análisis.
    gracias,
    gracias mil.

  7. pedrin dijo:

    con el negrito cerraron el pico cuando se trato del H1N1 que tanta gente mato en el mundo, ahora con el coronavirus hacen un escandalo porque hay que buscar un modo de poder joder al presidente, o como decia el gran joDeLaGranPu de bill maher “que venga la recesion” con tal de salir de Trump, cabrones de toda la vida, miserables de siempre.

  8. Pingback: Parece mentira, Gabor | aguilera

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