Fondo para la democracia cubana

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Acaba de salir publicado, en el periódico 14 y Medio, una declaración de cubanos residentes en el exterior que intenta dar inicio a una campaña internacional para no enviarle un centavo más al despotismo dinástico de la familia Castro.

Independientemente del éxito que pueda tener esa campaña, que espero sea mucho, es evidente que son cada vez más los cubanos que reconocen que son ellos, con sus remesas y recargas enviadas a Cuba, los que sostienen al régimen que los obliga, entre otras cosas, a condiciones abusivas cuando de ayudar a sus familiares en Cuba se trata.

Crece por día el número de cubanos que reconocen que el dinero que ellos envían a Cuba es una de las principales fuentes de financiamiento de la represión, el nepotismo, la endogamia, la propaganda y el uso del dolor de sus compatriotas, dentro de la isla, como elemento principal del chantaje emocional y financiero que se ha montado una de banda gánsteres aferrados al poder.

Para muchos empieza a ser de una claridad meridiana que cualquier intento de acercamiento al despotismo castrista — para incentivarlo a que permita que sean los propios cubanos, con su probada capacidad de emprendimiento y trabajo, los que saquen al país del marasmo en el que se encuentra– choca de inmediato, por cuidadoso que sea ese intento, con una barrera de cinismo, represión y chantaje que ya no deja lugar a duda sobre la verdadera naturaleza del régimen.

Cuando el ex presidente Obama intentó tirarle una línea de financiamiento al despotismo de los Duvalier cubanos, fuimos muchos los que dijimos, entre sonrisas y muecas, que aquello solo se traduciría en mejores Tonfas y carros antimotines. Pero una vez más nos equivocamos: aquello se tradujo además en un engendro de ley fascista que hoy justifica matar para defender el socialismo, encarcelar al que se le oponga de pensamiento y vigilar, electrónicamente, a quien les dé la gana. Una vigilancia hecha, claro está, con equipos y personal pagados con las remesas del exilio.

El gran obstáculo con el que chocará esa campaña, por justa que sea, es el amor que los cubanos de afuera sienten por los familiares y amigos que dejaron en Cuba. Como la madre buena en la famosa fábula del rey Salomón, el exilio cubano siempre ha escogido perder antes que ver sufrir a quienes dejó en Cuba. Esa es, paradójicamente, la gran fuerza con la que cuenta hoy el despotismo de la familia Castro.

Creo que esa es una campaña que el castrismo y sus voceros correrán inmediatamente a presentar como un intento de dar palos a los cubanos que viven en Cuba. Para que eso no suceda esa campaña debe ir acompañada de una zanahoria que, además de contrarrestar la imagen del palo, pueda servir como un verdadero incentivo financiero para que los cubanos en el exterior se decidan a seguirla.

Creo que sería bueno crear un mecanismo financiero para que los cubanos que viven fuera de Cuba puedan invertir en la democracia de su país y, por tanto, en el bienestar real y duradero de sus familiares y amigos. Para eso, una vez más, necesitaríamos la ayuda de los Estados Unidos de Norteamérica.

Ya hoy es evidente que tiene que haber disminuido, con la derogación de facto de la Ley de Ajuste Cubano, la carga financiera que la inmigración cubana le ha impuesto a los EE UU desde 1959.

También es evidente que la contribución del exilio cubano a la vida económica, política, social y cultural de los EE UU justificaría desde cualquier punto de vista, económico o moral, la inversión del gobierno de ese país en el paso de Cuba hacia una democracia. Además, recordemos, los EE UU ya hicieron eso después de guerras devastadoras en Alemania, Japón y Corea. ¿Por qué no lo harían con Cuba?

La forma de hacerlo sería la creación de un Fondo para la Democracia Cubana (FDC) que podría funcionar más o menos así (no soy economista):

  1. Hoy las remesas autorizadas son de $3000 al año. El cubano que quiera participar del fondo se comprometería a depositar, cada año, la mitad de ese monto en el FDC.
  2. Los depósitos serían hechos a favor de una lista de familiares que viven en Cuba, y por orden de prioridades.
  3. El gobierno de los EE UU se comprometería a depositar a misma cantidad en el FDC. De esa forma cada cubano que deposite $1500 al año estaría depositando en realidad $3000.
  4. Se podría estudiar incluso que los depósitos sean deducibles de los impuestos en EE UU.
  5. El FDC crecería a partir de los depósitos, y de una tasa de interés que estaría respaldada o garantizada por el Tesoro de los EE UU.
  6. El FDC también podría crecer a partir de donaciones de organismos internacionales, o de un porcentaje de las sumas recuperadas por las capturas de los delincuentes castristas que operan en los EE UU.
  7. El FDC solo podría ser usado llegado el momento de un tránsito real de Cuba hacia la democracia. Un tránsito garantizado por la libertad de los presos políticos, la derogación de la ley fascista del 2018, el reconocimiento del pluripartidismo, la prohibición del comunismo por ser doctrina de odio, el llamado a elecciones presidenciales con voto directo, secreto y estrictamente supervisado por organismos internacionales, etc.
  8. Una vez ocurrido el tránsito hacia la democracia, el montante total de cada cuenta creada en el FDC sería transferido sin impuestos, tasas, o costos adicionales, al familiar designado por la persona que creó la cuenta; o sea, a la persona que esté en ese momento como primera de la lista de familiares originalmente declarada.
  9. La guinda del pastel bien podría ser que, una vez que llegue la democracia a Cuba, el gobierno de los EEUU se compromete a devolver la Base Naval de Guantánamo y a permitir que los cubanos beneficiarios del FDC tengan prioridad a la hora de comprar propiedades en la antigua Base, o a la hora de invertir en otros proyectos inmobiliarios de esa zona.
  10. De ser posible, el FDC debería ser declarado como una ley del Congreso de los EE UU; de esa forma sería más difícil (para los partidarios del castrismo dentro de los EE UU) derogarlo o destruirlo; algo que, además, garantizaría su funcionamiento a mediano y largo plazo.
  11. Los crecimientos del montante total del FDC serían públicos y voceados, de forma tal que se conviertan en un incentivo para que todos los cubanos dentro de la isla se decidan, de una vez y por todas, a reclamar democracia.

Creo que las condiciones están dadas para que los exiliados cubanos, con la ayuda del gobierno de los EE UU, intenten algo así o parecido.

Por primera vez en la Historia de ese gran país hay un presidente que sabe de finanzas y que resalta por su aproximación pragmática y empresarial a la solución de problemas que otros, atrapados en culpas e ideologías, consideraron insolubles.

Es ahora, o quizás nunca.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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