¿Ni robar saben?

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Un momento.

Ahora dicen que en Cuba se viene otro período especial, que se acaba el petróleo venezolano, que las arcas de los ladrones están vacías, que no hay huevos, que no hay pollo y que regresan, si es que alguna vez se fueron, el hambre y los apagones.

Todo eso está muy bien, o muy mal, pero se impone un momento para pensar, porque las cuentas no dan.

En el año 1993, cuando el hambre del segundo período especial estaba en su apogeo, a Alí Babá y a sus cuarenta ladrones se les ocurrió la idea, genial para ellos, de despenalizar el dólar.

De esa forma, con un simple decretico, los bandidos castristas lograron dos objetivos básicos. El primero fue obligar a los exiliados cubanos a alimentar, por simple humanidad, a sus compatriotas. El segundo fue que crearon una maquinita infalible para hacer plata.

Es fácil de explicar: si usted compra un producto a un dólar en el mercado internacional, sus gastos de operaciones son casi inexistentes, y puede vender ese producto al precio que le dé la gana, usted obtiene algo más que ganancias, usted acaba de inventar la piedra filosofal.

Eso fue lo que lograron esos bandidos con el decreto de 1993.

Fue por eso que, en unos añitos, y mucho antes de que el castrismo empezara a saquear las riquezas venezolanas, el período especial ya empezó a ser visto como una pesadilla lejana. La razón es muy simple: la despenalización del dólar le dio al castrismo una impresora de billetes verdes.

Ahora resulta que han decido parar esa maquinita. Ahora, cuando dicen que no hay pollo, huevo, o jabón, no está diciendo que hay carestía; no, lo que están diciendo es que son tan imbéciles que han decido parar algo que es capaz de convertir plásticos y piensos en tantos dólares como ellos quieran.

Para que ustedes tengan una idea, es como si a los conquistadores se le acabaran las baratijas que usaban para robarles el oro a los incautos aborígenes.

O, si quieren un ejemplo más cercano en el tiempo, es como si al dueño de una plantación se le vaciara esa bodega a la que tenían que ir a comprar unos trabajadores a los que él, para robarles, les pagaba con fichas que solo podían ser usadas en esa bodega.

En cualquiera de esos dos ejemplos quedarse sin productos era detener una noria diseñada para sacar plata. El castrismo siempre ha sido muy imbécil para muchas cosas, pero nunca lo ha sido para robar. Esa es, por desgracia, su genialidad.

Eso quiere decir que la explicación para el supuesto desabastecimiento actual pasa por reconocer que es ilógico, que es esencialmente artificial, y que existe porque el castrismo está dispuesto, una vez más, a perder plata para ganar ventajas políticas.

¿Cuáles podrían ser esas ventajas?

Es bien sabido que los elementos de negociación más importantes que el castrismo siempre ha tenido, frente los EE UU, son el dolor y la desesperación de los cubanos de adentro, junto con la impotencia y la indignación de los cubanos de afuera.

En fecha reciente, el gobierno de los EE UU decidió, como represalia a la criminal invasión del castrismo a Venezuela, activar los capítulos III y IV de la ley Helms-Burton.

Esa medida, justa a mi entender, ha desatado una verdadera histeria dentro de las filas castrista, dentro de la izquierda estadounidense, y dentro de esa parte de la comunidad internacional que siempre ha escogido apoyar despotismos para expresar su odio a los EE UU.

Ante esa situación, el castrismo sabe que apretarles el cuello a los cubanos de adentro le traerá grandes dividendos políticos.

La infalible maquinaria de propaganda de la izquierda internacional enseguida correrá a presentar ese sufrir, amplificado y aderezado, como consecuencia de la política de los EE UU y no como lo que realmente es: una carestía creada artificialmente para alimentar una sinfonía de noticias falsas.

En ese sentido, llama la atención que medios como la BBC (que fue penetrado por los soviéticos desde los años 40s) ya empiezan, una vez más, con su jaculatoria sobre la carestía y el duro sufrir de los cubanos. De más está decir que pronto se sumarán el New York Times, CNN, El País y el resto de la comparsa del alacrán.

Esa sinfonía mediática servirá para presentar a los asesinos castristas como víctimas de eso que ellos llaman imperio y para justificar la próxima agresión migratoria que el castrismo ya está preparando, con la ayuda del régimen de Daniel Ortega y el beneplácito de Obrador, contra los EE UU.

Ese podría ser el plan. Aunque pudiera parecer mentira, son tres asesinos como Castro, Maduro y Ortega, la mejor opción que los Demócratas estadounidenses tienen en estos momentos para recuperar el poder en los EE UU.

Con la economía estadounidense como va, con la tasa de empleo que existe, con el estruendoso fracaso de la tontamente imaginada colusión con Rusia, con la cercanía de las próximas elecciones y con la ausencia de un candidato demócrata viable, a la izquierda estadounidense no le queda más remedio que buscar una crisis y utilizarla, como solo ellos saben hacerlo, para que sus poderosos medios de noticias falsas la presenten como un crimen –porque tiene que ser un crimen– de la actual administración.

El castrismo, a su vez, sabe que una buena parte de su sobrevivencia futura pasa por sacar de la presidencia de los EE UU a un negociador que está dispuesto, ya lo ha demostrado, a ponerlos a pedir el agua por señas antes de sentarse a negociar. Aunque parezca mentira, es la poderosa maquinaria de noticias falsas de la izquierda estadounidense la mejor opción que el castrismo tiene para deshacerse del presidente Trump.

A ambos no les queda más remedio que trabajar juntos y, si lo logran, descubriremos que las verdaderas colusiones no necesitan de reuniones que puedan ser denunciadas, o de contactos que puedan ser espiados por agentes de la administración que se va.

No, las verdaderas colusiones solo necesitan de una comunidad de intereses y de señales que, por ser evidentes, no hace falta emitirlas y no dejan rastros.

 

 

 

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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