Los cubanos y la trampa del supuesto referendo constitucional

election_fraud

Se acerca el 24 de febrero y hasta ahora no he podido encontrar, por mucho que lo he intentado, una razón lógica que explique el llamado de algunos sectores de la oposición cubana a participar, aunque sea con un voto negativo, en el supuesto referendo constitucional que el castrismo convocó para esa fecha.

Hace unos días, el 26 de diciembre pasado, Diario de Cuba publicó un texto que intenta dar 20 razones a favor de ese voto negativo. En cuanto leí la primera no pude seguir leyendo. Tuve que parar porque a estas alturas del juego, después de 32 años viviendo en Cuba y 23 fuera de ella, ya nadie me puede engañar con respecto a la verdadera naturaleza del castrismo.

La primerísima razón que da ese texto es, y aguántense: “Porque abstenerse o anular la boleta invalida tu voto, lo cual favorece el SI debido a que solo cuentan en el referendo los votos válidos: SI o NO”. Confieso que, de inicio, no pude evitar la carcajada que me provocó el chiste ese de que en el castrismo los votos cuentan.

Lo siento mucho, y quisiera estar muy equivocado, pero en el castrismo los votos no cuentan, nunca han contado y nunca contarán. Creer lo contrario es hacer gala de una ingenuidad rayana en el insulto a las inteligencias ajenas; o es intentar la normalización del despotismo castrista.

Es importante recordar que ese despotismo siempre ha descansado sobre tres preguntas retóricas: ¿Armas para qué?, ¿Elecciones para qué? y ¿Legalidad para qué? Cualquier cubano sabe, o intuye, que el poder omnímodo del castrismo siempre ha emanado de la incapacidad del pueblo para luchar contra el régimen, para retarlo en unas elecciones limpias, o para cambiar las leyes que impiden hacer esas dos cosas.

Si tomamos eso en consideración estamos aceptando que los resultados del supuesto referendo, del próximo 24 de febrero, ya están decididos hasta en los espacios decimales. Las anécdotas y testimonios que así lo confirman son muchas y muy variadas. Van desde grupos de personas que en otras ocasiones se pusieron de acuerdo para votar NO, y después comprobaron que sus votos nunca fueron contados; hasta funcionarios que ahora reconocen, ya en el exilio, que cuando trabajaron en las elecciones en Cuba siempre tuvieron que terminar “reportando” los porcentajes que ya estaban preestablecidos.

Después de 60 años de despotismo castrista los opositores cubanos deben saber que no tienen absolutamente ninguna posibilidad del retar al castrismo en unas elecciones, o de poder utilizar un simulacro electoral para pasarle un mensaje al castrismo, o al mundo, sobre el rechazo de los cubanos. Eso, por desgracia, nunca va a suceder contando boletas.

Al mismo tiempo, es un error de los opositores cubanos pensar que una votación convocada por el castrismo les podría permitir hacerle al régimen algo parecido a lo que el NO le hizo a Pinochet en Chile, lo que Violeta Chamorro le hizo al sandinismo en Nicaragua, o lo que Lech Walesa les hizo a los estalinistas polacos. Establecer puntos de comparación entre esas votaciones y las convocadas por el castrismo es un error que parte del desconocimiento de las interioridades que llevaron a esas consultas.

Para empezar, esos tres procesos electorales no fueron el inicio sino el final de un grupo de negociaciones que esos tres regímenes se vieron obligados a aceptar. Pinochet fue presionado por los EE UU y tuvo que aceptar que la oposición pudiera hacer campaña por el NO y que la votación fuera verificada. Los sandinistas tuvieron que reconocer el resultado de las elecciones porque de no hacerlo la Contra seguiría luchando. Los comunistas polacos simple y llanamente siguieron las órdenes de Moscú. No hay comparación posible con el castrismo.

En el caso de Venezuela, los que pudimos seguir ese proceso día a día, y sin sufrir la censura y la manipulación castrista, sabemos que el triunfo electoral de la oposición, en las elecciones a la Asamblea Nacional, fue un truco del castrismo para hacerles creer a los venezolanos y al mundo, mientras preparaban la destrucción final de esa Asamblea, que respetaban la democracia. Solo cuando los venezolanos se negaron en masa a votar por la Constituyente castrista (de Maduro) fue que la comunidad internacional inició el aislamiento del régimen. En pocas palabras: fue el boicot y no los votos lo que cambió todo.

Ante esa triste realidad, la de un referendo fraudulento cuyos resultados ya han sido decididos de antemano, los opositores cubanos tienen una, y solo una, posibilidad: hacer cuanto puedan para dejar en evidencia el fraude del régimen. Esa posibilidad, a su vez, se divide en otras dos: Una es decirles a los cubanos que participen en el referendo, que voten NO, y que se las agencien para dejar constancia de ese voto negativo. La otra es decirles a los cubanos que la mejor forma de expresar su rechazo al régimen, y al carácter fraudulento de las elecciones a las que ha convocado, es precisamente no participando en ellas.

La opción del voto negativo me parece muy difícil de implementar y me parece, además, que el castrismo podría anularla con relativa facilidad. Imaginemos que, a pesar de la falta de privacidad en las “elecciones” castristas, y de la marcada tendencia que tienen los esbirros del régimen a prohibir o decomisar cualquier artilugio electrónico, los votantes cubanos se las agencien para documentar sus votos negativos. Imaginemos también que después alguien se las arregle para recolectar todos esos NO y así probar que el castrismo cometió fraude.

Bueno, es fácil imaginar que en unas cuantas horas el Departamento de Orientación Revolucionaria, junto con el de medidas activas de la DGI castrista, iniciará toda una campaña mediática para demostrar, con la ayuda desinteresada y siempre presente de sus medios occidentales (con el New York Times a la vanguardia), y de los escribanos castristas en el exilio, que las pruebas son falsas, que quienes las inventaron son agentes de la CIA o miembros de la “Mafia de Miami”. Así, entre insultos, reiterarán que los porcentajes son los que ellos dijeron. Todos sabremos que estarán mintiendo descaradamente, pero ¿podremos demostrarlo?

Otro argumento que se ha usado para defender la opción del voto negativo es que muchos cubanos todavía dependen del régimen para su subsistencia diaria y se sienten, por tanto, obligados a ir a votar. Esa es una razón de peso que nadie en su sano juicio se atrevería a negar. También lo es, sin embargo, que una de las funciones más importantes de un líder político es romper, mediante el ejemplo y las palabras, los círculos viciosos de esas profecías que se validan a sí mismas. Quiero decir, que si pensamos que existe una razón para que algo no ocurra, y no intentamos cambiar o sortear esa razón, entonces ese algo seguirá sin ocurrir y la razón seguirá pareciendo mucho más válida de lo que realmente es.

No se trata, y espero que quede claro, de lograr que alguien deje de ir a votar al precio de perder el mísero sustento de su familia. De lo que se trata es de identificar, tanto como se pueda, a esos grupos de cubanos que cada vez son más numerosos y que cada vez dependen menos del castrismo para su sobrevivencia diaria. El trabajo político con esos grupos podría lograr, sobre todo ahora que en Cuba el destino es cada vez más incierto, que la gente empiece a ver soluciones colectivas donde antes solo veía soluciones individuales.

En ese sentido, llama la atención que en los últimos meses han ocurrido en Cuba dos protestas colectivas que fueron espontáneas y en las que resulta muy difícil identificar un líder o una organización rectora. Me refiero a la huelga silenciosa y efectiva declarada por los taxistas particulares (Boteros), y al movimiento de rechazo que muchos artistas organizaron contra el despótico decreto 349. Esos dos hechos indican que mucha gente en Cuba empieza a ver que hay más fuerza en las acciones grupales que en las personales. La pregunta, entonces, es: ¿Por qué no puede ser el boicot a las elecciones castrista una de esas acciones colectivas?

Por más que he indagado nadie me ha dado una respuesta convincente a esa pregunta. Las ventajas de un boicot son tan lógicas y evidentes que me resulta muy difícil entender que alguien no las vea. Por ejemplo, para el castrismo sería mucho más fácil cambiar una boleta, o un voto, que inventar un votante. Y para la oposición sería mucho menos difícil documentar una baja asistencia a las elecciones que probar la existencia de votos negativos. Por razones puramente lógicas, el boicot debería ser una opción natural; pero solo lo es para un número muy reducido de opositores.

Tengo que reconocer, sin embargo, que nada de lo hasta aquí dicho justifica este texto; porque al final es verdad eso de que a los opositores cubanos les asiste el derecho de conducir su lucha contra el castrismo como mejor les parezca. El hecho de que algunos consideren que el boicot es la opción más lógica no significa, para nada, que otros tengan que verlo así.

Lo que sí me deja con una sensación de pesadilla macondiana, y me obliga a escribir este texto, es el hecho de que a ningún opositor cubano se le haya ocurrido reconocer que las dos opciones discutidas hasta ahora, la del voto por el NO, y la de la no participación en la farsa electoral, no solo carecen de antagonismo alguno, sino que podrían llegar a ser extraordinariamente sinérgicas.

Los opositores cubanos bien podrían disfrutar de las ventajas que se derivan del uso combinado de esas dos opciones si hicieran, por ejemplo, un llamado a los cubanos que incluyera los siguientes puntos:

  1. Intenten, tanto como les sea posible, no ir a votar. El boicot es la forma más fácil y evidente de demostrarle al mundo nuestro rechazo a la farsa electoral castrista.
  2. Si por alguna razón personal, de dependencia del régimen, se sienten obligados a votar, entonces intenten, tanto como les sea posible, votar NO.
  3. Si fueron obligados a votar, y terminaron votando NO, entonces intenten documentar, tanto como les sea posible, sus votos negativos.

Si los opositores cubanos se pusieran de acuerdo alrededor de esos puntos entonces tendrían una probabilidad más alta de poner al castrismo en evidencia. El hecho de que no lo hacen me indica –a menos que alguno de ellos haya finalmente descubierto el Salvarsán contra el castrismo— que como líderes han aprendido a hacer proselitismo, pero todavía distan de haber aprendido a hacer política.

Habrá que seguir esperando.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Los cubanos y la trampa del supuesto referendo constitucional

  1. roberto madrigal dijo:

    Completamente de acuerdo!

  2. Lazaro Jordan dijo:

    Muy buen artículo. Lazaro Jordan

    >

  3. Pingback: Payá vs Castro, segundo encuentro | aguilera

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s