Frituras de seso

2

Ya lo dije antes: tengo un amigo que viaja en los tiempos.

Hace quince minutos me llamó para decirme que iba a saltar a uno de los porvenires posibles.

Después me preguntó si había algo que pudiera interesarme.

Pensé un rato antes de pedirle que mirara a ver si en ese futuro también le habían fundido el encéfalo a unos diplomáticos gringos en La Habana. En caso de que así fuera me interesaría saber el qué y el cómo de lo sucedido.

Prometió mirar.

Ahora me acaba llamar con un tono de misión cumplida.

Fue directo al grano:

Caí en el 2104 y, sí, en ese futuro en el que aterricé también existe un caso muy similar. Hay algunas diferencias, cambian algunas fechas y el número de afectados es más alto, pero en lo esencial es el mismo caso…

Hizo una pausa antes de seguir:

Hay hasta un libro publicado sobre el tema. Lo escribieron dos periodistas especializados en esos asuntos. El título es “Two strikes, you are out. Porque a esos diplomáticos gringos los fundieron en dos etapas. Mira…

Vuelve a hacer una pausa y me doy cuenta de que va a hablar de un tema que no conoce muy bien.

Mira, fueron los rusos los que inventaron esa forma de fundir encéfalos. Y después de inventarla se la prestaron a los cubanos. Pura maldad el asuntico. Los rusos sintetizaron una colección de sustancias, casi todas basada en el metal Antimonio, que absorben las ondas electromagnéticas a longitudes muy específicas. Después conjugaron esas sustancias con unos neuropéptidos que son capaces de pasar a través de una cosa que en inglés se llama blood-brain barrier

Le acoto que en español eso se llama Barrera Hematoencefálica.

Después de pasar esa barrera los péptidos se unen, de una forma también muy específica, a determinadas regiones del cerebro humano. Esta fue la jugada: Al gringo John le echaron un aerosol con la sustancia 1 ligada al péptido A, mientras que al gringo Mike le dieron un trago con la sustancia 2 ligada al péptico B. Y así sucesivamente. ¿Entiendes?

Le digo que sí y continúa.           

Cada gringo que fue envenenado terminó siendo sensible a una longitud de onda diferente. Al mismo tiempo, los síntomas de su envenenamiento también variaron en dependencia de la región del encéfalo a la que se unió el péptido que le administraron. Así se formó el arroz con mango.

¿Y por qué todo ese asunto?

Ah, porque se habían perdido unos archivos de la Inteligencia cubana, unos archivos muy viejos con los nombres de todos los agentes que los cubanos habían logrado reclutar en los EE UU desde –y agárrate, que esta te va a tumbar— desde el año 1930.

Los cubanos habían logrado que esos archivos no pudieran salir del país, pero no habían podido encontrar a la persona que los tenía. Solo sabían que los gringos estaban al tanto de la filtración y tenían, claro está, un marcado interés en echarle mano.

En circunstancias normales, con el personal diplomático gringo reducido a una mísera Oficina de Intereses, los cubanos habrían podido crear un plan de contención impenetrable. Pero de malas a primeras Cuba y los EE UU restablecieron relaciones diplomáticas, y La Habana se vio invadida por demasiados funcionarios del Departamento de Estado.

¿Cómo saber cuál de esos funcionarios era un espía con la misión de establecer contacto y hacerse del archivo? ¿Cómo saber si uno de esos funcionarios que se estaba comportando de una forma sospechosa no era más que un señuelo diseñado para atraer la atención de la Inteligencia cubana, y crear un incidente diplomático, mientras otro funcionario, más discreto, hacía el trabajo real?

En fin, que los cubanos no querían perder el famoso archivo, pero tampoco querían poner en peligro las recién restablecidas relaciones diplomáticas. Ante esa disyuntiva, decidieron pedir ayuda a los rusos, y la recibieron.

No hacía falta saber quién era quién. Solo era necesario envenenar a todos los funcionario capaces de hacer el trabajo y después monitorearlos. Mientras tuvieran una vida circunscrita al entorno esperado –la embajada, la casa, los colegas, etc.—nada les pasaría.

En cuanto se salieran un poco de ese perímetro de normalidad, o anunciaran a los inevitables micrófonos que iban a hacerlo, se ganarían una descarga electromagnética a la frecuencia específica para su caso. Ese chuchazo sería absorbido por la molécula portadora del Antimonio y causaría un daño encefálico localizado. En dependencia de la región de cerebro a la que se hubiera unido el neuropéptido que llevaba esa molécula el envenenado podría sentir mareos, ver destellos, escuchar ruidos o bailar el mal de San Vito.        

Guau, fue lo único que atiné a decir.

No, los guaus vienen ahora. La operación fracasó porque los cubanos se salieron del libreto. Los rusos fueron bien claros en que los chuchazos no podían pasar de determinada intensidad. Si eso sucedía más que malestar causarían un marcado daño cerebral que terminaría levantando las sospechas de los americanos.

Pero los cubanos decidieron freír encéfalos y, además de eso, incluyeron en la freidera a unos canadienses que les resultaron sospechosos de estar colaborando con los gringos. Y ahí mismo se les echó a perder el cocinadito.

¿Y qué pasó?

Nada, los gringos se dieron cuenta de lo que había sucedido y tomaron contramedidas.

¿Y los archivos?

Todo fue por gusto. Un año antes de la freidera ya los archivos estaban en manos de la Inteligencia gringa.

¿Y qué dicen esos archivos?

Oye, hasta presidentes gringos llegaron a tener los cubanos en su nómina.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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2 respuestas a Frituras de seso

  1. MJ Ramee dijo:

    man los archivos son los docs de los que habla Juan Juan?

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