Cantinflas contra Tin-Tan

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Siempre supe que después de estas elecciones estadounidenses reiría mucho; pero no tanto.

Todavía no paro de reírme.

Cualquiera que fuera el bando ganador era evidente que habría tela para reír y cortar.

Sería, pensé, como una pelea entre dos grandes cómicos.

Y es que me dan mucha risa los ideólogos.

Me desternillo, hasta el desaliento, con esas personas que son capaces de convertir los mitos en una parte esencial de sus egos.

Y ahí estaban los “trumpistas”, con el mito de que “América” va mal y con la ridícula intolerancia para con todos aquellos que vimos en Trump el peor de los candidatos posibles. Fanáticos disfrazados de demócratas. Creyentes repartiendo a diestra y siniestra la mala nueva del peor de los mundos imaginables. Inquisidores, cojos de curiosidad, defendiendo lo indefendible con argumentos risibles.

Ah, pero el otro bando, el de los perdedores, tampoco se queda atrás en eso de hacer reír.

Ver a los comentaristas de CNN haciendo malabares para no reconocer lo que era evidente —la victoria de Trump— me hizo reír hasta recordar la vergüenza ajena.

Es difícil soñar riendo, y ayer me fui a la cama, y hoy desperté, con una carcajada resonando en el cráneo.

Esos llamados demócratas o liberales estadounidenses, ¿qué harán ahora?

¿Inventarán un nuevo verbo en la lengua inglesa?

To barack: arte de obtener exactamente lo contrario mientras se intenta construir un legado sobre las espaldas de otros. Acción de convertir el oficio de servidor público en un fallido trampolín hacia la posteridad. Ver “buenismo”.

¿Pondrán los liberales estadounidenses un cartel de “cerrado por reformas” sobre la puerta del gigantesco consorcio que construyeron en las últimas décadas?

Porque si algo hicieron durante ese tiempo fue crear un enorme monopolio para la venta de un producto llamado bondad.

Como Revlon o Chanel venden sus productos, los liberales estadounidenses venden el suyo. Una línea de bondad cosmética que —como era de esperarse en un país dominado por la culpa— enseguida se convirtió en un negocio muy lucrativo.

Pero cometieron un error, quisieron diversificar la oferta y decidieron pasar de la venta de bondades a las denuncias de supuestas maldades. Crearon una estrategia de mercadeo basada en una de esas tiranías de la opinión que tanto abundan en el mundo de la moda. Pasaron de la “Fashion Police” a una especie de “Goodness Gestapo”.

Hay que reconocer que durante mucho tiempo les funcionó. Durante décadas fueron capaces de imponer quién era bueno —Castro, por ejemplo— y quién era malo —Bush, por ejemplo—.

Pero entonces llegó Trump. Y les sacó la lengua, y se burló de nosotros los latinos, y habló mal de las mujeres, y sirvió en bandeja de plata todos esos argumentos que los liberales utilizaron, con fruición, para demostrar que Trump es un malvado y para comprobar, con alegría, que el consorcio de la venta y distribución de la bondad cosmética todavía les funcionaba a la perfección.

Nunca un candidato ha sido tan vilipendiado, con razón o sin ella, durante su campaña presidencial. Sobre Trump se lanzaron hordas de periodistas —muchos de ellos graduados en academias controladas ideológicamente por los liberales— que pretendieron garantizar, justo es decir que casi siempre con la ayuda de Trump, que estas elecciones fueran pan comido para Hillary Clinton.

Y así llegó el ayer. Y hay que reconocer que el pueblo estadounidense es un pueblo extraordinario. Y hay que aceptar que estas elecciones fueron, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese,  una revolución tranquila, pero no por eso menos firme, contra la tiranía de los medios. La primera, hasta donde sé, en la Historia de la humanidad.

Desconozco cuanto tiempo les llevará a los liberales estadounidenses hacer el profundo análisis de conciencia que tendrían que haber hecho desde hace ya mucho tiempo. Es difícil saber si para que lo hagan habrá que esperar a la eventual reelección de Trump —Dios no lo quiera— o si tendrán el coraje de hacerlo ya.

Lo que sí  sé es que cuando lo hagan tendrán que empezar por abandonar esa vieja práctica de odiar en nombre del amor. Una práctica que los cubanos conocemos muy bien, por haberla vivido en nuestro país durante casi 60 años, y porque todavía la sufrimos… sin perder la risa.

 

 

 

 

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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3 respuestas a Cantinflas contra Tin-Tan

  1. Parafraseando a los ingleses diría:: Dios salve al Rey, solo le agregaría, al pueblo de este país y al resto de la humanidad . Creo que lo necesita.
    Pericles

    • Don Pericles, no se preocupe usted. Los hispanos tenemos un dios que nunca ha podido protegernos de tiranos y déspotas, los americanos tienen una constitución que siempre lo ha hecho. Esta vez no será la excepción.

  2. Primero un saludo. Después confirmando nuestro viejo presupuesto mutuo de que la amistad no Confirmando nuestro viejo presupuesto mutuo de que la amistad no está reñida con la diversidad de las opiniones te adjunto un comentario, que me inspiró la petición de un viejo amigo y colega sobre mi juicio personal sobre el tema de moda y que publiqué hoy en mi blog: menendag10 wordpress,
    Un abrazo
    Pericles .
    EL NUEVO PRESIDENTE. EL FUTURO DEL PAÍS Y DEL CONCIERTO INTERNACIONAL
    MI MODESTA OPINIÓN PERSONAL.
    Noviembre el 2016

    La personalidad

    En este complejo universo contemporáneo en el que intervienen múltiples elementos, tanto personales como medio ambientales, sociológicos, educacionales, inevitablemente ligados a las coincidencias predominantes y diversas que inciden sobre el ser humano, resulta difícil ubicar a alguien en una personalidad definida y concreta. Por lo regular resulta un híbrido, compuesto, en este caso, de Chauvinismo y Xenofobia con fondo pragmático incluido y con tendencia a la formulación de estrategias, compatibles con el pensamiento de segmentos importantes de un universo poblacional que, en busca de soluciones para su problemática, propia e interna, las comparte .
    Tratando de hacer abstracción de las coyunturas que un enfoque promocional, en el terreno político, impone a las figuras que asumen una aspiración de liderazgo, el nuevo presidente elegido por la voluntad mayoritaria de su país, impresiona como un ser humano con marcada tendencia al etnocentrismo.
    Sus éxitos y su posición en el mundo de las finanzas influyen en su autodefinición y una tendencia consecuente con la misma le condiciona, a él y sus seguidores la seguridad en el triunfo de sus proyectos y programas.
    Personalmente, lo interpreto como un ser permeado de algunos elementos conceptuales frecuentemente concurrentes en los destinados a ejercer los liderazgos, una megalomanía clásica, un sentido personal de la infalibilidad, fortalecido por sus éxitos profesionales concordantes con el modo de pensar de una sociedad que matiza este término, referido al éxito económico, como el non plus ultra de las aspiraciones del homo sapiens.

    LA REPERCUSIÓN INTERNACIONAL.
    Resulta curiosa e instructiva la lógica repercusión internacional de un éxito electoral, sorpresivo, por encima de lo previsto y no concordante con las expectativas de los expertos que han proporcionado un seguimiento continuo de su evolución y han sido mayoritariamente coherentes en el pronóstico de un acontecimiento que no se ajustó a las proyecciones vaticinadas ni a los eventos finales. En este sentido, al menos para mi, resulta alarmante que los movimientos políticos, especialmente los europeos, que han expresado, con mayor énfasis su satisfacción por la victoria de Trump , son los vinculados a un pensamiento autoritario, en algunos países como Francia, de matices francamente fascistas, tendencia que en ese país ha mostrado un auge creciente en los últimos tiempos. Por supuesto que nadie esperaría el aplauso y la satisfacción del pensamiento liberal, pero la ligazón, en el ámbito de las corrientes políticas prevalecientes o de alguna manera influyente en este siglo XXI, resulta de una sincronía que no augura un buen pronóstico, por cuando su esencia no atesora, precisamente un buen recuerdo para nuestra contemporaneidad.

    LA SOCIEDAD ORIGINARIA.
    Una parte de la sociedad norteamericana, sujeta a los múltiples traumas políticos, económicos y sociales que impone la contemporaneidad, que considera incrementados entre otros factores, de manera particular por el fenómeno migratorio y su incidencia en las inevitables desigualdades en la calidad de vida, de los diferentes estratos sociales, ha enfocado la solución de esta circunstancia, centrando el esfuerzo en esa dirección para mitigarla. Esta emigración– motivada en gran medida por la atracción que determina, precisamente, el éxito, el desarrollo y el progreso de la comunidad americana– y de otra, la patología crónica de sus países de origen, con economías sin desarrollo potencial, bajo nivel cultural y tecnológico y frecuentemente sometidas a regímenes políticos limitadores de sus derechos esenciales transmigran en busca de un mejor destino.
    Independientemente de la repercusión del fenómeno en si, el arsenal que proporciona a la derecha extrema como etiología de todos los males y al pensamiento más liberal, como defensor de los derechos de los actores del drama, el argumento ha sido explotado ampliamente por ambos bandos.
    La realidad: necesita regulaciones, pero no exclusiones. Necesita controles, aunque no necesariamente muros. Necesita colaboración bilateral de los vecinos, pero no exigencias de que la paguen ellos.
    La emigración hacia EE.UU. por otra parte, contempla como meta potencialmente asequible el real, aunque mitificado “Sueño Americano”.
    Una vieja definición, que intenta tipificarlo:” La Constitución Norteamericana, Per se, no te asegura gratuitamente ni te regala la felicidad. Lo que si te asegura son las condiciones, para que independientemente de tu origen y procedencia social, la materialices tú con el esfuerzo personal, dedicación, sacrificio y entrega.
    Una parte no desdeñable del grueso de la emigración ignora esta sustantividad. Porque no posee las condiciones para intentarlo, porque se deja fascinar por los caminos torcidos, que al margen de la ley conduce a la consecución de ingresos fabulosos o no reúne el capital ético indispensable y la voluntad para procurarlo. Su actitud deja una mácula, por supuesto no generalizable, ni siquiera mayoritaria pero si utilizable por los que pretenden depositar toda, o la mayor parte de la culpa en la etiqueta común del emigrante.

    RIESGOS Y POSIBILIDADES:
    Como todos los próceres que alcanzan el poder, el nuevo presidente tiene un proyecto. Y como también resulta proverbial, este responderá en esencia a los intereses fundamentales de la clase, o los aspirantes a ella, que le condujo a la cima, condición, que por lo regular, corre el riesgo de colisionar con los que rigen para otras categorías en el seno de la misma sociedad. Aunque teóricamente la filosofía que inspira a la democracia tradicional debía estar inspirada en el principio: Con todos y para el bien de todos, asentarse en la objetividad que imponen los principios y en las normas equitativas que la conforman como modelo, con la presencia de tres poderes que recíprocamente se controlan, la indiscutible realidad histórica demuestra que no suele suceder así.
    Existen tareas de gobierno, decisiones y normativas que por su carácter pueden ser equidistantes en cuanto a los intereses de de las diferentes clases. Otras, quizá la mayoría, obtienen el beneplácito de unos y el rechazo de otros.
    Las regulaciones que atañen al manejo justo y adecuado de las condiciones que norman, viabilizan, mejoran o lesionan cuestiones tan sensibles como la seguridad social resultan de interés mayoritario y exigen la funcionalidad de un modelo, en que no puede ser prioritario el monto de los ingresos de aquellos que lo gestionan sobre la realidad socioeconómica de los que la reciben. El abordaje del existente, sus ventajas y defectos, y las potenciales modificaciones de que será objeto, constituirán un reto importante para la nueva administración.
    La compleja situación política, militar y económica que afecta múltiples zonas del universo contemporáneo, es un reto al que no puede substraerse ningún líder o gobierno. Las implicaciones de la nación más poderosa del mundo superan los desafíos del último medio siglo, imponen el entendimiento y la colaboración recíproca. Enfoques estratégicos supuestamente sustentados por razones económicas y que implican ruptura o debilitamiento de pactos o maniobras consagrados por la historia posterior a la segunda guerra mundial no resultarían positivos ni apropiados para el periodo.
    Los tratados de comercio internacional se vienen imponiendo en las últimas décadas, por cuanto los mismos resultan concordantes con las tendencias económicas condicionadas por el desarrollo tecnológico de las comunicaciones y la interrelación creciente entre países. La apreciación de los expertos es que han resultado exitosos y que por tanto la exclusión de los mismos no parece la estrategia más razonable para estimular el desarrollo económico del país……

    Continuar argumentado alrededor de la larga lista de lances y decisiones que esperan al nuevo gobierno, y de la poca confianza que le otorga la mitad de la población de este gran país resultaría infinito.
    En mi modesto juicio, y aunque la contraparte posible no fuese tampoco la concreción de lo ideal, la decisión de la mayoría que consolidó su éxito fue un yerro.

    Pericles

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