Cuba, noria, lendel y libertad

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El próximo viernes 14 de octubre a las 2:00 pm, la organización LatinArte y la Universidad de McGill invitan al Coloquio de las Américas. Un evento anual que en esta edición versará sobre el tema de la Libertad en general, aunque con un énfasis especial en el caso cubano. La cita, para los interesados, es en el salón Wilson de la Universidad de McGill, que está localizada en el número 3506 de la calle University.

Los organizadores tuvieron la amabilidad de invitarme y allí estaré. Mi ponencia o conversación se titula Cuba, noria, lendel y libertad. El tema central, más allá de intentar demostrar la falta de libertad que sé que existe en Cuba, versará sobre la definición personal que tengo de ese concepto. Una definición a la que llegué después de vivir 32 años en mi país de origen y 20 aquí en Canadá. Tiempo más que suficiente para observar y meditar sobre las distintas reacciones que muchas personas, cubanas o no, muestran ante el tema de la falta de Libertad en Cuba.

Debo empezar por reconocer que a los cubanos nos resulta muy difícil hablar sobre la libertad en nuestro país. Cuando a alguno le da por decir que esa libertad existe, casi siempre termina repitiendo consignas. Y cuando a otro le da por hablar de su ausencia, es muy probable que casi nadie lo quiera escuchar. A eso hay que añadir el hecho de que vivimos en un mundo lleno de personas que creen tener una opinión muy bien informada sobre Cuba. Preguntemos sobre la libertad en Belice, Surinam o Letonia y lo más probable es que recibamos por respuesta un mar de hombros encogidos. Si lo hacemos sobre Cuba, sin embargo, debemos estar preparados para recibir un alud de opiniones muy bien informadas que nos repetirán, hasta el hastío, la noria de La Habana como un prostíbulo estadounidense, la lucha de un David que se enfrenta a otro Goliat, la voluntariedad de un pueblo para el sacrificio y el derecho sagrado a una educación o a una salud pública que supuestamente son gratuitas. A partir de ahí escucharemos cuanta pieza de propaganda convertida en opinión uno pueda imaginar.

Desmontar esas fábulas y mitos, para demostrar la falta de libertad en Cuba, es una tarea bien difícil. Es como si intentáramos explicarle la hipoxia a una persona que nunca ha buceado, o que nunca ha vivido a más de 2000 metros de altura. Podemos gastar ríos de palabras intentado la explicación de ese fenómeno, podemos hablar del oxígeno, de los hematíes, de la hemoglobina y de su curva de saturación; podemos describir al detalle los efectos que la hipoxia tiene sobre las células de nuestro organismo. Al final, poco importa cuán exquisitos seamos en nuestra explicación, nuestro interlocutor siempre podrá decirnos que esa no es su opinión sobre el tema. Ah, pero si logramos que esa persona aguante la respiración, aunque sea durante un minuto, la subjetividad desaparecerá y asistiremos al nacimiento de una comunión de opiniones aunadas por la falta de oxígeno.

Con respecto a Cuba, sin embargo, poco importa que intentemos explicar que en 1959 La Habana tenía tantas prostitutas como Montreal, que las sandalias del supuesto David llevan casi sesenta años aplastando hormigas cubanas, que la voluntariedad del pueblo siempre fue forzada y que en términos de macroeconomía ni la salud pública ni la educación fueron gratuitas. Poco importa cuán exquisitos seamos en nuestras explicaciones, al final nuestro interlocutor siempre podrá decirnos que esa no es su opinión sobre el tema. Lo interesante es que si recurriéramos a un recurso parecido al de la apnea autoimpuesta el resultado podría no ser el mismo.

Me explico: si lográramos que un interlocutor incrédulo sobre la falta de libertad en Cuba fuera a vivir a ese país, aunque fuera durante unos cuantos meses, bien podríamos obtener un resultado contrario al esperado. Es verdad que, para empezar, tendríamos que asegurarnos de que esa persona fuera a vivir a la tercera Cuba; porque dice el gracejo popular que hay al menos tres países en uno, el de los dirigentes del castrismo, el del periódico Granma y el que viven los cubanos. Pero si logramos que esa persona vaya a vivir al tercer país bien podría suceder, y de hecho ha sucedido, que llegue a sentirse el ser más libre del mundo. Son esas personas, sean cubanas o no, las que están en el origen de esa definición personal que tengo del concepto Libertad.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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6 respuestas a Cuba, noria, lendel y libertad

  1. Lilian Bringas dijo:

    Como estudiante de estudios hispánicos en la universidad McGill y una admiradora de tu trabajo, ahí estaré! Saludos.

  2. Miguel Iturralde dijo:

    Aunque no siempre hemos estado en el mismo plano, esto que escribes es tremendo argumento, por todo lo verdadero que contiene y porque lo explicas de forma muy sencilla pero contundente. Ojalá no te topes con muchos “que no opinen así sobre el tema”. ¡Éxito con tu ponencia! Saludos.

  3. Roberto Madrigal dijo:

    Excelente Cesar. Esa experiencia me ha perseguido por anos, al extremo que a veces, en medio de una frase, me detengo y me pregunto para que estoy hablando y que es lo que voy a conseguir.

    • Maestro, cómo me habría gustado que estuvieras en ese coloquio. En esencia terminé diciendo que la libertad es el derecho que tiene cada cual a escoger el nivel de complejidad social, psicológica e intelectual en el que quiere vivir. O sea, que los límites de nuestra libertad siempre estarán marcados por los niveles de incertidumbre que estemos dispuestos a tolerar.

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