La calle

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La relación entre el castrismo y sus opositores puede ser analizada como la relación darwinista entre una presión evolutiva y las adaptaciones que esta genera.

Dice un viejo adagio que la necesidad obliga a parir varón, y dice Darwin que los depredadores que solo ven las escamas rojas seleccionan a los peces con mutaciones hacia el amarillo.

En Cuba, después de varios lustros de depredación implacable de sus opositores, el castrismo llegó a pensar que había logrado extinguirlos. Alcanzó a soñar, por decirlo de alguna forma, con el gris del futuro luminoso.

En la segunda mitad de los años 70, con el surgimiento del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), la represión castrista descubrió que tanto aprieto evolutivo solo había logrado seleccionar una forma de lucha para la que ellos no tenían, nunca han tenido, y nunca tendrán, una respuesta adecuada.

A partir de ese momento la evolución del movimiento opositor cubano puede ser trazada, a grandes rasgos, como el poder de un depredador para seleccionar presas cada vez más dispuestas a enfrentársele.

La persecución y el exilio forzado de los miembros del CCPDH dejaron abierto un nicho que enseguida fue ocupado, entre otros, por una eclosión de periodistas independientes y por el Movimiento Cristiano de Liberación (MCL) fundado por Oswaldo Payá Sardiñas.

Después de la ola represiva de la primavera del 2003 —en la que decenas de miembros del periodismo independiente y del MCL fueron condenados a largas penas de prisión— el castrismo llegó a pensar, una vez más, que había acabado con sus presas.

Nada más alejado de la realidad, porque enseguida surgieron las Damas de Blanco y un movimiento de blogueros independientes que lograron convertirse, mediante un uso ingenioso de las nuevas tecnologías de comunicación, en una verdadera pesadilla para el castrismo.

Con los asesinatos de Orlando Zapata, Oswaldo Payá, Harold Cepero y Laura Pollán el juego cambió. A partir de esas muertes el mensaje mafioso de la familia Castro quedó tan claro que muchos pensamos en el fin de la oposición cubana al castrismo.

Para nuestro asombro la respuesta de algunos cubanos y de muchas cubanas fue extraordinaria. Esas personas, lejos de recogerse al buen recaudo de las precauciones, decidieron subir la parada y empezaron a enfrentarse a la represión de una forma más evidente y directa.

Cuando parecía que la oposición se recuperaba llegó el jarro de agua fría del 17 de diciembre del 2014. Una vez más pensamos que ese sí era el fin del movimiento opositor cubano;  que ante ese espaldarazo al castrismo no quedaría un solo opositor incapaz de recogerse al —más que justificado y merecido, debo aclarar— buen recaudo de sus aguerridas peceras.

Pero una vez más obtuvimos el asombro por respuesta. Una vez más algunos cubanos y muchas cubanas decidieron que la mejor reacción a la injerencia estadounidense en favor del castrismo era unirse para llevar su mensaje de apertura al espacio más sagrado y abierto de los hermanos Castro: La calle. Así surgió el movimiento que hoy conocemos como Todos Marchamos.

Desde una perspectiva darwinista se puede decir que la conquista de la calle es el equivalente de aquel famoso paso evolutivo en el que los peces pudieron, al fin, colonizar la tierra y empezar su evolución dentro de esta.

En ese sentido el Movimiento Todos Marchamos se presenta como una verdadera revolución en el enfrentamiento al despotismo de los Castro. Por primera vez en la historia de ese enfrentamiento un grupo de mujeres y hombres se proponen como meta reclamar su derecho a existir más allá de los espacios cerrados, o a ser capaces de poner sus mensajes ante las mismas narices de otros cubanos.

El castrismo sabe el peligro que entraña semejante forma de lucha. El castrismo sabe que perder eso que ellos llaman “La calle” es perder el control del miedo que durante décadas han usado para mantener a los cubanos esclavizados. Lo saben, y para evitarlo han movilizado a sus esbirros, a sus bandas paramilitares, a los agentes que tienen dentro de la oposición y a cuanta persona les sirva, dentro y fuera de Cuba, para torpedear esa forma de lucha y quienes la defienden.

Es posible que una vez más terminen imponiendo sus designios a corto plazo. Para eso cuentan con mucha información y con una “agentura” sembrada desde hace años. Pero si algo enseña ese materialismo dialéctico que los Castro han convertido en religión es que los procesos evolutivos nunca se detienen.

Seguirán seleccionando opositores cada vez más dispuestos a enfrentárseles y algún día, con las manos encartonadas por los coágulos de sangre, se descubrirán añorando a Orlando Zapata, a Oswaldo Payá, a Harold Cepero y a Laura Pollán.

 

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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