Qué boleiro, cangaceiro

parecochero

La cuenta de Twitter del inquilino de la Casa Blanca trina un ¿Qué bolá, Cuba? y de esa forma, populista y desenfadada, hace su entrada triunfal en la tradición Norte-atlántica del periodismo occidental el saludo más común de los cubanos.

Otrora considerado marginal a partir de ahora el ¿qué bolá? tendrá, por obra y gracia de Obama, un aura de “fisnura” que obligará, entre otras cosas, a buscar un sustituto.

Nada de eso le importa al Procónsul del Levo-imperialismo estadounidense. Él quiso ser “cool” y para lograrlo echó manos a algo parecido a un “wassap”.

Imagino que después de esta poderosa bendición aparezcan estudios sesudos y bien informados sobre los orígenes lingüísticos de la frase, la relación de la misma con la supuesta genialidad de Fidel Castro y, de ser posible, la demostración de su carácter esencialmente anti-clasista y libertario.

Mientras eso sucede, los dejo con un fragmento de mi novela Ruy en el que un personaje decide parodiar a Luis Carbonell, el llamado acuarelista de la poesía antillana, para imponer un origen fonético y  decimonónico del qué bolá.

Dice así:

Se abre un portón de la Habana Vieja y sale una calesa con un par de gordas afrancesadas. El calesero es Juan, liberto de orejas precisas y lengua pa’ fustigar. Las señoras saben na’. El negro desde el pescante, pesca lo que hay detrás. Francés de una sola palabra y risas como un disfraz, voilà esto y lo otro; voilà aquí, y voilà allá. Juan piensa y comenta. La vida de estas madamas está hecha de voilà. Juan escucha y aprende. La pose y su falsedá, están llenas de voilà. La negrita cocinera, que no lo quiere mirá, habla, se ríe y canta, con un poco de voilà. Los socios de la comparsa copian lo que se da, son negros de bemba y cuchilla en eso de pronunciar y tocan con sus tambores, lo nuestro es otra Bolá. Pasa el tiempo, hay muchos Juanes, las mansiones ya no están, la vida es pura certeza y un criado es mandamás, todos a pie por la calle, ¿Y el saludo? Qué Bolá.

Humbertico convertido en el acuarelista de la poesía antillana.

Bettina insiste en el presente.

– ¿Y Pinga?

 

 

 

Ilustración de Lauzán, tomada de aquí.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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