Adiós

¿Cómo explicarle a un Alan Gross quién es Jorge Valls?

Ayer, por una de esas casualidades de la vida me enredé, vía Twitter, en una conversación sobre el doble estándar que muchas personas usan con respecto a dos embargos. Ese que hoy los liberales estadounidenses quieren levantarle al régimen castrista y aquel que, ayer también, esos mismos liberales promovieron contra el Apartheid.

Mis interlocutores fueron el intelectual cubano Iván Darias Alfonso y el tristemente célebre señor Alan Gross. De más está decir que en su esencia la conversación se redujo a un conflicto entre dos visiones irreconciliables.

Ellos ven al castrismo como a un gobierno más, mientras que yo lo veo como un régimen despótico controlado por psicópatas. Ellos creen que el levantamiento del embargo podría traer algo parecido a una primavera, y yo intento hacerles recordar que hace ya muchos años que en Cuba hay una sola estación posible: seca.

Al final de la conversación, quizás interpretando mi optimismo dolorosamente informado como pesimismo, el señor Alan Gross me conminó a tener esperanza, a no abandonar (la pelea, supongo) y a no caer en la desesperación. Mi respuesta fue tan sincera que enseguida la borró. Sencillamente le dije: No importa con cuánta fuerza usted lo intente, mi esperanza nunca será la suya, su desesperación tampoco. Yo soy cubano, usted no.

En unos pocos días habría olvidado el incidente, pero hoy amanecí con la noticia de la muerte de Jorge Valls y el contraste entre esos dos presos del castrismo me golpeó como un despertar.

Conocí a Jorge hace unos años; digo mejor, habría sido imperdonable no haberlo conocido. Estaba obligado por varias razones, una de ellas fue Marcos Rodríguez, el famoso Marquitos que en 1964 el castrismo convirtió en delator de los mártires de Humbolt-7.

Mi padre y Jorge Valls fueron testigos en el famoso juicio contra Marquitos; Jorge defendiendo a ultranza la inocencia de su amigo y mi padre asegurando que el acusado nunca había sido militante de la juventud  comunista en la Universidad de La Habana.

De ese juicio Jorge salió con una condena de veinte años (y cuarenta días) de prisión. Mi padre, por su lado, abandonó la sala del tribunal con la esperada y absoluta certeza de que su carrera política dentro de la revolución cubana había terminado para siempre.

Más de cuarenta años después, cuando pude conocer a Jorge en persona, le conté la pregunta que le hice un día a mi padre mientras limpiábamos el patio y estábamos lejos de los micrófonos. Viejo, le dije, ¿Marquitos echó p’alante a esa gente, no? Su respuesta fue un “¡No hombre, no!” Después bajó la voz para aclarar: “Ni Ventura ni el Partido necesitaban a Marquito para saber dónde estaban esos muchachos”.

Le conté esa historia a Jorge Valls como quien lleva una buena noticia y él la recibió como quien sabe algo que no necesita confirmaciones. Marcos era mi amigo, me dijo. Después hablamos largo y tendido de muchas otras cosas. Mientras lo hacíamos me fui dando cuenta de que estaba frente a un hombre extraordinario.

Jorge Valls era incapaz de odiar. Esa cualidad, que incluía a aquellos que lo encarcelaron, no nacía de un síndrome de Estocolmo o de una programación recibida a lo largo de más de veinte años de prisión. Jorge entró en la cárcel siendo así y salió de ella con esa misma libertad. Desconozco de dónde nació ese don, pero estoy casi seguro de que si existe una razón para creer en Dios es esa que Jorge encontró.

Durante nuestra larga conversación diferimos en muchas cosas. Creo que si hubiéramos hablado del famoso embargo habríamos tenido opiniones distintas. No sé, pero de lo que sí estoy seguro es que Jorge nunca habría intentado, aunque tuviera todo el derecho para hacerlo, imponerme su esperanza, o llamar a la mía desesperación.

Lo sé como quien sabe algo que no necesita confirmaciones.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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7 respuestas a Adiós

  1. paco dijo:

    A Alan gros hay que recordarle una de las canciones de Raúl paz: “…que no crean los que están saber más que los que son…”

  2. Hola César:
    Creo que las conversaciones en twitter no siempre permiten que uno se explique como quisiera. Igual la conversación está ahí, se puede consultar y yo no he borrado ninguna de tus respuestas. Comenzó a partir de un mensaje que le envié a Alan Gross, porque me pareció admirable que tras su terrible encarcelamiento en Cuba todavía tuviera ganas de hablar del país. Si se analiza bien, ese intercambio, no creo que tenga mucho sentido. Ya te digo, me dio la impresión de que no nos entendíamos, pero no debido a “dos versiones irreconciliables”, sino a que cada uno estaba hablando de un tema diferente. De ahí a decir que yo considero al castrismo un gobierno más, me parece una generalización incorrecta. Pero bueno, es tu opinión.
    Saludos

    • Iván, tienes razón, la generalización correcta pudo haber sido “un mal gobierno más”. Igual, para mí el castrismo no es “un gobierno más” ni “un mal gobierno más”; para mí el castrismo es un régimen despótico, psicopático y dinástico. Con eso quiero decir que mientras no se le analice desde el punto de vista psicopatológico se estará perdiendo el tiempo y se estarán sacrificando vidas. Una buena parte de las medidas activas lanzadas en este momento por la DGI no están encaminadas a decir o demostrar que el castrismo es “bueno” o “normal”, ellos saben que hace rato que perdieron esa posibilidad, de lo que se trata ahora es de inocular la idea de que el castrismo es una anomalía más en un mundo repleto de anomalías. Muchos intelectuales cubanos se están montando alegremente en ese vagón; unos lo hacen porque trabajan para la DGI, otros porque no saben nada de psicopatología, algunos por seguir el juego de los liberales estadounidenses y la mayoría por pura indolencia intelectual. Al final es un derecho que tienen y nadie se puede poner bravo porque lo ejerzan. En cuanto al señor Gross, los años que pasó en el “tanque suave” alcanzaron para convencerlo, en armonía perfecta con los planes de la DGI, que el castrismo no es tan malo como lo pintan y que la culpa de todo la tiene el embargo; y eso es asumiendo que sea tan inocente como parece. Saludos.

    • La conversación se inició antes de la 8:53 de la mañana del 21 de octubre cuando el Sr. Gross dijo “The embargo makes no sense at all for anyone and does the opposite of what its “supporters” want”.
      A las 8:53 de la mañana yo le respondí al Sr. Gross: “It makes the same sense as the embargo against the apartheid did”.
      Tu comentario “It does give me a lot of hope that you are still interested in issues about Cuba after your ordeal”. Fue posteado a las 9:54 de la mañana (al menos eso es lo que sale en mi registro).
      El origen y el centro de la conversación siempre fue el embargo, no la supuesta solidaridad del señor Gross.

  3. luis dijo:

    oye tira algo compadre, algun post… que paso se mojo la polvora ?

  4. En cuanto pueda, que la pincha es mucha y el tiempo no alcanza. Gracias.

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