Dolor y perdón

mmuerte-digna[1]

Hace más de un año que Fidel Castro no pantallea. Hace más de doce meses que los cubanos no sufren el batir de sus manos ante las cámaras de la televisión.

Eso es demasiado tiempo para el rey de las dos dimensiones, y es por eso que hay rumores que lo dan por muerto, y hay rumores que lo hacen firmar cartas, y hay rumores que lo ponen en coma… que en este caso sería en punto suspensivo.

Ese último rumor gramatical adquiere fuerza si recordamos que desde el punto de vista médico, y teniendo en cuenta la historia clínica del susodicho, un accidente vascular encefálico sería el camino más probable hacia el punto final.

Así las cosas es posible pensar que lo tengan —o lo tendrán algún día— sedadito y ventilado hasta que Dalia, Raúl, y los santos, decidan cuál es el momento adecuado para desconectarlo. Si ese es el caso se impone un recordatorio sobre el dolor en el estado vegetativo y el derecho a una muerte digna.

Ya hoy se sabe, gracias a los estudios funcionales del cerebro utilizando la resonancia magnético-nuclear, que los pacientes en estado de coma sí son capaces de sentir dolor. Las imágenes obtenidas permiten saber, a ciencia cierta, que esos pacientes activan las mismas regiones sensoriales que se activan en los sujetos normales cuando sienten dolor.

La diferencia radica en la respuesta. Una persona en coma siente el dolor pero no puede, en virtud de las limitaciones que su estado le impone, activar otras regiones del cerebro que le permitirían reaccionar como todos hacemos cuando algo nos duele.

Estos hallazgos han creado un profundo dilema ético para el personal de salud encargado del cuidado de los pacientes en coma y, lo que es aún más triste, para los familiares de las personas que se encuentran en ese estado.

Es importante recordar que el derecho a una muerte digna es un concepto que cada vez se discute con más frecuencia en el mundo civilizado. Una buena parte de esa discusión se centra en el dolor y en el hecho de que su presencia, durante el acto de morir, se considera como algo equivalente a la tortura.

Hoy, en muchos países civilizados, los seres humanos tienen el derecho, por ley, a que no los resuciten. Hoy, para más ejemplos, los defensores de los derechos de los animales pueden preguntar si las langostas vivas sufren dolor cuando son lanzadas en el agua hirviendo. De la misma forma, las personas que están en contra de la pena de muerte han podido detener ejecuciones aduciendo que los cocteles letales, utilizados en esos menesteres, causan un dolor innecesario a los condenados.

En el caso de un déspota como Fidel Castro sería una ironía de la Historia saber que murió sufriendo un dolor que ni él, ni sus súbditos, ni sus allegados, alcanzaron a evitar. Un sufrimiento causado por una megalomanía tan patológica que llegó a ver a la muerte como una derrota y no como un descanso. Una tortura impuesta por una pobre mujer que al principio sufrió por culpa de Celia Sánchez y después por cuanta fémina su macho decidió montar con las botas puestas. Un tormento provocado por un hermano y una maquinaria de poder que se aferraron al símbolo y lo siguieron utilizando como un amuleto hueco, como un cascarón vacío, o como la cabeza mosqueada de un puerco salvaje.

No, las langostas no sienten dolor cuando las lanzan en el agua hirviendo.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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