Tradición oral con estornudo

2wolves

Para David, mientras nada

I

Un anciano Cherokee educa a su nieto sobre la vida. “Tengo una pelea dentro de mí”— le dice al niño. “Es una pelea terrible entre dos lobos. Uno es malvado y está hecho de envidia, tristeza, remordimientos, arrogancia, lástima de uno mismo, resentimientos, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y egolatría. El otro lobo es bueno y está hecho de alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, modestia, cortesía, benevolencia, empatía, altruismo, verdad, compasión y fe”.

“La misma pelea —continúa diciendo el anciano— ocurre dentro de ti y, también, dentro de cada persona”.

El nieto piensa durante un rato y entonces le pregunta a su abuelo: “Cuál de los lobos es el que gana”.

El anciano Cherokee le responde: “El que tú alimentes”.

II

Pasan los años, el nieto crece, se hace hombre y un día, en una de las tantas visitas a la tienda de su abuelo, recuerda la historia de los lobos.

“Siempre he alimentado —le dice al anciano— mi lobo bueno. Gracias a ti aprendí a disfrutar las cazas ajenas como si fueran mías. Mis desgracias las he sufrido como el bosque a sus fuegos. De mis errores aprendí a encontrar rastros perdidos. Desde la cima de la montaña, lejos de ver a los hombres como hormigas, los vi como gigantes. Mis heridas me han dejado cicatrices olvidadas, marcas que acaricio de vez en cuando para preguntarme de dónde salieron, quién las hizo, cuándo las tuve. Siempre que he podido he dicho la verdad y con las mentiras, creo, intenté ser como el agua entre las rocas. Las he sorteado, he intentado alejarme de ellas pero a veces, por desgracia, he tenido que llevarlas como el torrente lleva a la piedra. Sí, arrastré guijarros con la esperanza de que algún día se convirtieran en la arena de una playa, o en el fondo de un lago de aguas quietas y limpias, como un espejo, en el que solo me miraré para saber que envejezco, y ya no soy el mismo. Gracias, abuelo”.

El anciano piensa durante un rato y entonces le dice a su nieto: “Todos morimos convencidos de haber alimentado al lobo bueno”.

III

Pasan los años, el anciano Cherokee está moribundo y el nieto, un hombre ya mayor, no se despega de su lado. La historia de los lobos, como una señal antigua y compartida, vuelve a surgir.

“He pasado la vida —le dice el anciano a su nieto— observando la pelea de tus lobos. Hoy ya tienes casi la misma edad que yo tenía cuando te conté esa historia. Dentro de poco alguna de tus nietas estará lista para que se la cuentes. Quizás te pregunte: ¿Cómo sabemos cuál de los lobos ganó? Y le dirás lo mismo que yo te dije muchas veces: ninguno de nosotros puede dar por vencedor a uno de sus propios lobos. Si así fuera todos daríamos por vencedor al bueno. Porque la bondad es, junto con la belleza, la salud y la inteligencia, una de las cuatro riquezas que todos creemos poseer. Las otras tres, por desgracia, no se pueden fingir. Entonces, si nosotros mismos no somos capaces ¿quién puede decirnos cuál de nuestros lobos ganó? La respuesta es muy simple: Nadie. Nuestros enemigos sencillamente porque lo son, y las personas que nos aman precisamente por eso. Lo único que tenemos son esas señales de humo que nuestro espíritu le envía al mundo de vez en cuando. Si cantas cuando estás solo, si ríes con una risa que hace reír a los niños, si duermes como un bebé y todavía amas con pasión, si tu cuerpo envejece como un tótem pulido por el viento y bailas, a pesar de tu años, como aquel joven que fuiste, si nunca cazaste más de los que tus hombros podían cargar, si después de un día muy duro lejos de decir, estoy cansado, tallaste esa figurita que después te agradecieron, si tu mirada brilla y en tus ojos no hay falsas esperanzas, si juras venganza y olvidas tus juramentos, si nunca cortaste alas para creer que te amaban, si has dado vida y no muerte le habrás susurrado al mundo, sin proponértelo, que tu lobo bueno estuvo bien alimentado. Pero nunca, nieto mío, mates de hambre al lobo malo, porque solo la noche hace que sea lindo el día, porque solo el invierno llena de ilusión las primaveras y solo la muerte, por triste que nos parezca, convierte en fiesta esta… ¡Aachú!

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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4 respuestas a Tradición oral con estornudo

  1. menendag10 dijo:

    Me gustó mucho.
    Me inspiró algunos juicios que tienen que ver con nuestros retos y realidades actuales
    Pericles-Menendag05

    –El nieto piensa durante un rato y entonces le pregunta a su abuelo: “Cuál de los lobos es el que gana”.
    El anciano Cherokee le responde: “El que tú alimentes”.

    Pericles- Puede suceder, que si facilitas que se alimente al bueno, este tenga más posibilidades de ganar, aunque a priori, el malo se beneficie.
    –Mis heridas me han dejado cicatrices olvidadas, marcas que acaricio de vez en cuando para preguntarme de dónde salieron, quién las hizo, cuándo las tuve.
    – Pericles: Las cicatrices siempre dejan huellas. Generan un deseo de venganza contra su autor, que en general es justo. No siempre se consigue sancionarlos, incluso es difícil perdonarlos, pero las sendas para alcanzar la posibilidad de librarse de ellos, que puede ser más útil y valioso para el conjunto deben surgir de una aplicación dialéctica de la contemporaneidad, incluso teniendo conciencia de rasgos injustos que lleva implícitos. Si los proyectos primigenios han fracasado, se impone asumir travesías, novedosas y factibles, para que el lobo bueno tenga la posibilidad de sobrevivir.

    — El anciano piensa durante un rato y entonces le dice a su nieto: “Todos morimos convencidos de haber alimentado al lobo bueno.
    — Pericles: De mi generación, muchos han muerto. Los que se fueron temprano, probablemente lo hicieron convencidos de que alimentaban al lobo bueno. Los que seguimos transitando este mundo, descubrimos el error.
    La propiedad camaleónica de los lobos malos les permite ajustar sus supuestos sueños de justicia a la condición ambiental en que se desarrollan, con lo cual, confunden a su propio medio e incluso a los que los observan desde la lejanía, condicionando su expansión y la génesis repetitiva de sus dañinos errores.

    — Quizás te pregunte: ¿Cómo sabemos cuál de los lobos ganó? Y le dirás lo mismo que yo te dije muchas veces: ninguno de nosotros puede dar por vencedor a uno de sus propios lobos.
    — Pericles: Esto me recuerda un poco a una definición (mía), El hombre es una gran imperfección con algunas virtudes.
    Podría decir algo parecido de los lobos.
    Y esto siempre me genera una inquietud de difícil respuesta. Podremos crear un mundo, si no perfecto, al menos más justo, si para ello solo contamos con la materia prima original, el hombre “lobo”.

    – -si juras venganza y olvidas tus juramentos, si nunca cortaste alas para creer que te amaban, si has dado vida y no muerte le habrás susurrado al mundo, sin proponértelo, que tu lobo bueno estuvo bien alimentado. Pero nunca, nieto mío, mates de hambre al lobo malo, porque solo la noche hace que sea lindo al día, porque solo el invierno llena de ilusión las primaveras.
    — Pericles: Susurrarlo al mundo es ya de por si un éxito. Todos los hombres de este Universo que habitamos recuerdan mucho al lobo de la fábula. Siempre habrá lobos malos y lobos menos malos, pero todas las experiencias, por lejanas y poco conocidas que resulten, todos los tratamientos, por hipotéticos que puedan parecer, deben abordarse con optimismo. Todas las recetas, aunque solo sean a primera vista para aliviar los síntomas, pueden ser útiles para mejorar la calidad de vida hasta que se descubra el tratamiento definitivo que solo puede estar basado en la etiología que lo origina

    PERICLES

  2. fguy dijo:

    César, una pregunta si tienes tiempo: que te parece la presencia de Gustavo machin en las negociaciones

    • Peter, no estoy siguiendo esas negociaciones, por la misma razón que nunca seguí las del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Esos encuentros son —a pesar de toda la propaganda y de las expectativas que generan— simples intercambios de opiniones entre pares ideológicos. La experiencia enseña que al pueblo cubano nunca le han traído nada bueno.
      La presencia de esos dos esbirros de la DGI en las negociaciones solo confirma que se podría tratar de un encuentro entre amigos que se admiran mutuamente.
      Es bien sabido, desde hace ya muchos años, que Fidel Castro dio la orden de que todos —y eso quiere decir absolutamente todos— los diplomáticos cubanos en Norteamérica fueran miembros de la DGI. Al mismo tiempo, cualquier cubano medianamente informado sabe que para llegar a ser de la DGI hay que ser antes que todo, y por encima de todo, un tronco de esbirro, un chivatón consumado y un hijo de puta formado y seleccionado en la mejor tradición psicopática del castrismo.
      La opinión pública mundial, o la estadounidense en particular, vive ajena a esa realidad que los cubanos conocemos muy bien. Para mucha gente en USA un miembro de la DGI cubana es un simple funcionario, algo así como una persona seleccionada en la universidad por sus buenas notas y entrenada para hacer un trabajo intelectual (inteligencia).
      Intentar meterle en la cabeza a un gringo de McDonald que en Cuba ese no es el caso es más difícil que hacer pasar una hamburguesa por el ojo de una aguja. Poco importa que les digas que tuviste la mala suerte de ir a la escuela primaria y secundaria con algunos de esos esbirros; de nada sirve que les digas que eran, son, y serán, seres con serias limitaciones intelectuales y afectivas; al final esos gringos están tan acostumbrados a ver el mundo desde su perspectiva institucional que nunca te van a creer. De más está decir que todos los miembros de la DGI están entrenados para utilizar en su ventaja esa ingenuidad de los gringos de McDonald.
      Ahora bien, con la comunidad de inteligencia estadounidense, y con la administración que esté de turno, la cosa es distinta. Los miembros de esas instituciones si saben, al milímetro, la talla de hijoeputa que calzan los miembros de la DGI cubana. Los han visto actuar, saben de sus víctimas, conocen de sus andanzas por Pakistán, por ejemplo, y de la forma en que sacrifican a sus hombres y mujeres como si fueran cualquier cosa menos seres humanos. Ahí sí no hay engaño.
      Todos los gobiernos de este mundo tienen entre sus funciones más detestables la de sentarse, de vez en cuando, a negociar con psicópatas. La realidad enseña que a veces, por desgracia, no queda más remedio que hacerlo. En el caso que nos ocupa, sin embargo, no se trata de la negociación de un acuerdo de mutua conveniencia. En el caso que nos ocupa se trata de la extensión de una línea de vida, por parte de la administración Obama, a un régimen moribundo que solo tiene como único elemento de negociación su capacidad de hacerle daño a su propio pueblo.
      En el caso que nos ocupa, en el que la administración Obama ha hecho prueba de una bondad rayana en la tontería, la presencia de esos dos esbirros de la DGI solo puede tener dos interpretaciones posibles: 1. Se trata de una burla macabra que en buena lid debería generar una protesta y una suspensión de las “negociaciones”. 2. Se trata, a fin de cuentas, del personal adecuado para un encuentro entre amigos que se admiran o que, al menos, comparten la idea básica de que se puede ser un hijoeputa cuando se lucha, aunque sea en teoría, por un “mundo mejor”.
      En cuanto al pobre Tavito; es un tipo digno de lástima. Es el instrumento de una venganza perfecta. Es una mente programada con odio, fanatismo y guapería. Un tipo que habla y camina para recordarnos que “la mano que mueve la cuna es la mano que mueve al mundo”. Un ejemplo vivo de eso que Marx (el bueno, el cómico) dijo: “inteligencia militar” es un término contradictorio.
      Porque toda inteligencia que se precie de serlo es, también, una herramienta de desprogramación. Porque todo padre, o madre, que se precie de serlo tiene que desarrollar en sus hijos, desde que son niños, la capacidad de desprogramarse, el coraje de reconocer cuanto de lo que piensa es propio y cuanto le fue inculcado sin su consentimiento, la libertad para escoger por sí mismo y el derecho a borrar lo que no les cuadre. Los niños que no aprenden a desprogramarse crecen y viven convencidos de que nunca podrían haber sido de otra forma. Ven sus odios, sus deseos de venganzas, sus opiniones, y eso que llegan a llamar “sus principios”, como algo tan consustancial de su ser que ya no alcanzan a imaginar al individuo, casi siempre mejor, que pudieron haber sido.

      • fguy dijo:

        Ok Cesar, muchas gracias por tu respuesta, no habia tenido tiempo de responderte, tengo que releer tu libro, no conocia al personaje hasta que me lo presentaste (como mismo me paso con Dexter (que coincidencia), aunque esa te la agradezco mucho mas. Tambien me parecio una burla y después lo entendi como la respuesta habitual a la reunion de los congresistas con los opositores etc. es decir el castigo por no portarse bien. Como me lo presentaste asi lo veo, garrote en mano.

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