Que no cunda eso

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Aquí, la verdad, es que ha pasado muy poco.

Desbrozada la paja y el polvo lo único que queda, de inicio, es un canje muy sato, corriente, vulgar y común.

Dos espías estadounidenses —Sarraff y… — cambiados por tres espías castristas; eso es, por ahora, todo lo que sucedió.

El resto son protocolos de intenciones.

De embajadas estadounidenses semivacías está lleno este mundo. La de La Habana, si es que llega a materializarse, será una más mientras el castrismo siga en el poder.

Para avisarlo ahí está la iconografía que Raúl Castro utiliza en su discursito de bodeguero: Traje estalinista, condecoración cuasi-soviética en el pecho y una foto con Antonio “Ñico” López —el enlace inicial del PSP con el M-26-7— en el fondo. Ahí tienen, analistas gringos: Perro huevero, ni aunque le quemen el hocico.

El Embargo, mientras tanto, sigue en pie, y las medidas anunciadas por el actual inquilino de la Casa Blanca, vistas en su cruda realidad, no pasan de ser un tímido intento de penetración que el castrismo, como es su costumbre, anulará sin muchos esfuerzos.

¿Gringos paseándose por La Habana?

¿Mejora en las telecomunicaciones?

¿Mayor acceso de los cubanos a la información?

¿Cubiches de La Coronela con cuentas de banco en Hialeah?

¡Ja-Ja-Ja-Ja!

Las carcajadas no son mías, son de Raúl Castro.

Por otro lado, y para más risas, la penetración castrista en USA marcha viento en popa desde hace ya mucho tiempo y muy poco le debe, si es que algo, a las medidas anunciadas ayer.

Desde el momento en que al castrismo se le ocurrió cambiar el tiempo de destierro de sus ciudadanos —después de la salida de Cuba— de once meses a dos años, y desde el momento en que al actual inquilino de la Casa Blanca se le olvidó —Oops!— proponer un ajuste en consecuencia de la Ley de Ajuste Cubano, se ha creado un situación mucho más peligrosa e inmoral que la anunciada ayer.

Los cubiches del PCC pueden ahora, al menos en teoría, llegar a Miami, esperar un año, acogerse a la Ley de Ajuste Cubano y regresar a Cuba unos meses después con la guardia en alto y la misión cumplida. ¿Se acuerdan de aquel chivatón del Pedagógico? ¿Se acuerdan de aquella bruja charco de sangre que le escupió la cara a la embarazada del barrio que pidió la salida? ¿Se acuerdan del esbirro que abofeteó al opositor y le tocó las nalgas a la opositora? Bueno, todos esos especímenes, y muchos más, tienen ahora la oportunidad de ir y venir, de entrar y salir y de llevar y traer con plena impunidad.

Multipliquen eso por unos cuantos años, y por unos cuantos miles de esbirros, y tendremos la posibilidad de una situación en la que el exilio cubano llegue a sentirse herido porque no le pudo poner el nombre de Pedro Luis Boitel a un CDR de Hialeah.

Lo interesante del caso es que nadie protestó cuando esa situación fue creada. Lo llamativo del asunto es que con un decreto de La Habana y un olvido —Oops!— de Washington todo echó a andar de una forma silenciosa y apacible.

Es que la política es así, como las roscas, que antes de cerrarse en un sentido tienen que montarse en el contrario, el resto es jabón y vaselina.

 

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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