Miénteme más

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La embajadora de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas le pide al castrismo una investigación “creíble” sobre las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

A primera vista parece un chiste.

Es como si alguien, en una broma macabra, le pidiera a Al Capone hacerse cargo de la investigación de la masacre del día de San Valentín.

Es como si después del informe del mafioso —diciendo que todo fue un accidente que sucedió mientras los fallecidos limpiaban sus Thompson— alguien le dijera: Afloja, Al, no abuses. Di algo más creíble, por favor.

Pero eso es —repito— a primera vista, porque también es cierto que la diplomacia es el arte de esconder cosas muy serias bajo bromas y sonrisas.

¿Qué podría, entonces, esconderse bajo el supuesto chiste de la señora Samantha Power?

Por un lado —y esto es dándole a la administración Obama todo el beneficio de la duda— podría tratarse de la primera etapa de un plan realmente encaminado a esclarecer las muertes de Payá y Cepero.

Un plan que —siguiendo el más estricto respeto a las normas de la diplomacia— empezaría por pedirle a los implicados que tengan la decencia de decir la verdad.

A falta de cualquier atisbo de confesión se procedería al lanzamiento de una investigación internacional que permitiría al gobierno de los Estados Unidos, bajo el amparo de la ley, cooperar con otros gobiernos e inmiscuirse, aunque sea a distancia, en esa soberanía tan abusiva que el castrismo ejerce desde hace más de medio siglo.

La última etapa de ese plan sería utilizar  los vastos recursos tecnológicos y de inteligencia que poseen los estadounidenses, así como las informaciones que ya deben tener en sus manos,  para finalmente averiguar, o demostrar, los sucesos de aquel fatídico día.

Por otro lado — y esto es dándole a la administración Obama el beneficio de la memoria— la declaración de la señora Power podría enmarcarse dentro de la larga lista de pifias que las administraciones demócratas ya han cometido frente al castrismo.

Una lista de tibiezas y respuestas cosméticas ante hechos como el destino de la Brigada 2506,  la masacre del río Canímar, el hundimiento del remolcador Trece de Marzo y el derribo de las avionetas de Hermanos al rescate.

En cada una de esas ocasiones, en las que fueron asesinadas personas que no debían haber muerto, las respuestas de las administraciones demócratas ante las mentiras del castrismo podrían resumirse con el estribillo de una vieja canción: miénteme una eternidad, que me hace tu maldad feliz.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

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