Monólogo de un tirano con Maquiavelo (Capítulo XIV)

Maquiavelo-Geandy

 

¿Te gusta el teatro, Nicolás? A mí me encanta, soy un tipo muy teatral. Si no hubiera sido revolucionario creo que habría sido actor y dramaturgo.

Sube el telón y sobre el escenario hay dos mesas. Sentados a cada una de esas mesas, y de frente al público, están nuestros queridos cables a tierra, que a partir de ahora se llamarán, para abreviar, CAT1 y CAT2.

Entra en escena el oficial de caso, o sea, el hombre de los AB que en esta representación hará de zanahoria, tentación y policía bueno. Se forma la protesta y, a través de la oscuridad que rodea a cada una de las mesas, el juego con la iluminación y los diálogos, el respetable público enseguida se da cuenta que esos presos no pueden escuchar lo que el otro habla.

Entra el policía bueno, calma la gritería con un grito, informa que los dos opositores que iban en el coche están muertos y pregunta ¿Qué pasó? ¡¿Muerto?! Grita y repite CAT1 mientras CAT2 guarda silencio. El oficial repite su pregunta y CAT1 se desboca en una historia con lujos y detalles, una historia que, como esperamos, empieza con un “según habíamos convenido”.

Termina CAT1 su recuento de los hechos, languidece la iluminación a su alrededor y CAT2, intuyendo que le toca hablar, responde con un “no sé qué pasó, yo, desde que salimos de la capital, iba más dormido que una marmota en invierno”. Dormido, repite nuestro oficial ensimismado, ¿dormido?, con lo malo que están los caminos de este país, caballeros. Dormido, repite CAT2 sin inmutarse, absolutamente dormido, y se va quedando sin luz.

Le toca a nuestro oficial. Esos dos hombres, dice, tendrían que estar vivos, esos dos hombres no tenían sangre en sus manos y la revolución no mata a quien no ha matado. Esa es una regla muy vieja, y es una regla sagrada. Eso quiere decir que quienquiera que haya hecho eso lo hizo por decisión propia, con o sin ayuda, y para satisfacer ansias de poder propias, deseos de venganzas personales o para comprometernos en un escándalo internacional que puede desembocar en un conflicto militar con el imperio.

De aquí nadie se mueve hasta que esto no se aclare, hasta que sepamos quién lo hizo, cómo lo hizo y quiénes lo ayudaron. Ustedes estarán detenidos hasta que logremos averiguar qué pasó. Mientras eso sucede tienen prohibido revelar sus vínculos con nosotros, a nadie, y cuando digo a nadie digo a nadie, sea quien sea, tenga los grados que tenga y venga de donde venga, ustedes no pueden revelar nuestra relación bajo ninguna circunstancia, por dolorosa que sea. El único vínculo seré yo, y de más está decir que intentaré ayudarlos tanto como la inocencia de ustedes me lo permita.

Se va el hombre de los AB, suena una puerta y  termina la primera escena.

La segunda escena es de Octavito. Las mismas mesas y los mismos tipos sentados de frente al público. Empieza con CAT2. ¿Qué pasó? Y el tipo, impasible, da la misma respuesta. Dormido como un lirón desde que salió de la capital. Su luz se desvanece y le toca a CAT1. Ese habla y habla de una forma tal que cuesta trabajo detenerlo para puntualizar algunos detalles, ¿Quién lanzó las palomas mensajeras?, ¿tú estás seguro que fue CAT2?, ¿tú estás seguro que la letra de los mensajes es la de CAT2?  Cambio de luces y le toca al dormilón. Pregunta de Octavito con el mensaje de la paloma desdoblado sobre la mesa, ¿de quién es la letra esta? Respuesta de CAT2: mía. ¿Quién escribió ese mensaje entonces? Yo. ¿Tú escribes dormido? No, esos mensajes los escribí antes de que empezara el viaje, para tenerlos listos en caso de que hiciera falta. Octavito lo mira fijamente y mientras se quita la camisa explica: Y alguien lo sacó de tu bolsillo y se lo puso a la paloma mientras tú dormías a piernas sueltas. Respuesta de CAT2: Supongo.

Octavito lo invita a pararse, le pide que se quite la camisa y le promete que eso va a ser entre ellos dos. Nadie va a entrar a parar la pelea o a inclinarla hacia un lado. Después lo amenaza: me vuelves a decir que estabas dormido y vas a tener que pelear conmigo de hombre a hombre. Respuesta de CAT2: lo siento mucho, pero yo estaba dormido. Octavito ataca con sus mejores artes marciales. CAT2 lo espera sin inmutarse, deja pasar un puño, aprovecha el impulso del contrario y lo pone a volar. Si lo hubiera dejado caer por su propio peso Octavito habría sufrido varias fracturas, pero CAT2 lo deposita sobre el duro piso de la celda, le pone una llave de estrangulamiento y cuando lo tiene azul llama a los guardias. Después suelta y se va hacia una esquina neutral. Los AB miran desde lejos y sonríen complacidos. Termina la segunda escena.

Para terminar el primer acto entra el hombre de los AB a dar explicaciones y a hacer muchas preguntas. Esto parece ser un trabajo de adentro, eso es lo que sabemos hasta ahora y, para poder averiguar todos los detalles necesitamos la más completa cooperación de ustedes. Cualquier información es importante, sobre todo las referentes a los tiempos de despliegue. En dependencia de la velocidad de las acciones podremos saber, más o menos, los recursos que fueron utilizados y, por tanto, a qué nivel de jerarquía están los que hicieron esta barbaridad. ¸

CAT1 se concentró en los detalles y pudo hablar mucho más de lo que ya había hablado, qué memoria la de ese muchacho. CAT2 despertó de su letargo y empezó a dar detalles. El más interesante fue que él creía que los objetivos estaban al tanto de lo que iba a suceder. Cuando empezó la persecución él, según lo acordado, sacó un papelito y escribió “nos persiguen los esbirros de la tiranía”. Antes de doblar el papelito, para meterlo en el anillo de la paloma, el más importante de los objetivos se lo pidió prestado, sacó una pluma, escribió algo y se lo devolvió.

CAT2 pudo leer lo que había escrito, era una sola palabra que después, cuando el otro interrogador le enseñó el mismo papelito, ya no estaba, habían cortado esa palabra. Y por esa palabra, y por la forma en que el objetivo lo miró cuando le devolvió el papelito, estaba claro que algo sospechaba. Escribió: Adiós.

Ya a esas alturas de la puesta en escena, Nicolás, las cancillerías de los respectivos países de ambos CAT estaban averiguando por sus ciudadanos, e insinuando que estaban dispuestas a hacer cualquier tipo de concesión en aras de resolver ese asunto por una vía diplomática y honorable para ambas partes. De esas negociaciones, claro está, me ocupé personalmente y con un gran placer. Octavito, mientras tanto, se ocupó del más importante de sus prisioneros, que no era otro que CAT2. A CAT1, al ser el que iba con las riendas en las manos en el momento de los hechos, siempre podíamos acusarlo de alguna forma de homicidio y guardarlo en chirona por el tiempo que nos hiciera falta. Con CAT2, sin embargo, la cosa cambiaba; pero eso también estaba previsto.

 

Foto: Maquiavelo fix, por Geandy Pavón

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Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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