Industrias Avispa

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Tengo la costumbre de soñar sueños muy vivos.

Ayer soñé uno.

Un sueño espectacular en el que yo hablaba sueco y leía los periódicos de Suecia mientras una sueca —enamorada y semidesnuda— tomaba el desayuno frente a mí.

Amor, le dije, ¿no te parece que ya son demasiados los suecos en las noticias de Cuba?

Sin esperar respuesta hice un recuento.

Está Anna Ardin. Una señora de la que podría decirse que por dondequiera que pasa deja una estela. Estuvo yendo a La Habana durante unos años, hasta que la expulsaron. Si mal no recuerdo en algún momento se prestó, quizás sin querer, para apoyar las acusaciones de corrupción que el castrismo diseminaba contra las organizaciones opositoras. Casual e ingenuamente se le ocurrió hablar de mal manejo de fondos, dentro de la organización Arco Progresista, en el mismo momento en el que la propaganda de los Castro acusaba a varias organizaciones opositoras de hacer precisamente eso.

Amor deja de leer el periódico, me mira y asiente.

Manuel Cuesta Morúa le respondió con unas declaraciones muy buenas, pero ya el daño, más que estar hecho, picaba y se extendía. El castrismo —como es su costumbre— quiso extender el embarre y decidió vincular a las Damas de Blanco con la señora Ardin. Insistieron en presentar a esa organización como culpable —por asociación con la sueca— de los problemas que esta había “denunciado”. Nunca han podido, como dice Cuesta Morúa, mostrar una sola imagen que sustente los contactos de esa señora con las Damas de Blanco, pero igual se agarraron al viejo principio de embarra, embarra, que algo queda.

Amor abre su ordenador.

Pasado el tiempo reapareció la señora Ardin acusando a Julian Assange de haberla violado. Parece que en el año 2010 el fundador de los Wikileaks fue invitado a Suecia y de alguna forma, todavía no muy clara, terminó haciendo algo que la señora Ardin y un fiscal sueco consideran violación. Como consecuencia de esa acusación, ya sabemos, a Assange no le quedó más remedio que asilarse en la embajada de Ecuador en Londres. Solito pudo haber caído en la trampa que nunca imaginó. Porque para todos los efectos prácticos la embajada de Ecuador en Inglaterra podría ser vista como una sucursal de la embajada cubana en ese país. Y de buenas a primeras pasaron a segundo plano los Wikileaks sobre la injerencia cubana en Venezuela, y Chávez dejó de decir que las informaciones publicadas por Assange eran un basurero.

Pero ahí no termina la cosa.

Un tiempo después los servicios de inteligencia del castrismo desataron una campaña de medidas activas encaminadas a presentar a Anna Ardin como la súper-agente de la CIA que los americanos habían utilizado para acusar y perseguir a Assange. No contentos con eso los chicos de la DGI —hay que reconocer que son creativos esos muchachos— fueron más  allá y, como es su costumbre, extendieron el embarre hasta el punto de vincular a la Ardin —ya según ellos convertida en una indiscutible agente de la CIA— con el periodista cubano Carlos Alberto Montaner.

Es como si esa señora fuera por el mundo con una brocha cargada de…

Amor me mira por encima de su taza de café con una comprensión que sólo existe en sueños.

Sigo. Está la historia de Jens Aron Modig. El sueco que iba en el carro cuando asesinaron a Oswaldo Payá y a Harold Cepero. Dice que iba dormido por aquellos caminos de infierno. No recuerda absolutamente nada de un supuesto accidente de tránsito que, para empezar, fue asombrosamente asimétrico. Dentro del carrito en el que iban quedaron, según la versión del castrismo, dos cubanos muertos y dos extranjeros pellizcados. Modig regresó de Cuba con una amnesia incurable y… — Amor me interrumpe: aquí dice que es amigo personal de Anna Ardin.

Me pasa su ordenador por encima de la mesa. En la pantalla hay un texto subrayado que dice: Ardin es también una amiga personal y cercana de Aron Modig,  su compatriota sueco que… Busco la fuente y veo que se trata de un comentario dejado en un post sobre Assange. Un comentario firmado por una tal Arbed y posteado a las 11:13 de la mañana del 26 de abril del 2013. También dice que Assange fue invitado a Suecia, en aquel fatídico año del 2010, por la misma organización que pagó uno de los viajes de Ardin a Cuba.

A saber si eso es verdad.

Hoy, para seguir sumando suecos a las noticias de Cuba, leo en el Svenska Dagbladet que hay una sueca acusada, desde hace muchos años, allá en los Estados Unidos, de haber sido la agente de la Inteligencia Cubana que se encargó de reclutar  a la infame espía castrista Ana Belén Montes. Una acusación sellada que ahora, años después, los americanos abren y hacen pública. La pregunta que se cae de la mata es ¿Por qué ahora?

Amor es un sueño que habla español, teclea con agilidad y me cuenta unos hallazgos que yo estuve leyendo antes de irme a la cama. El Svenska no lo dice, pero los periódicos de USA aseguran que esa señora se llama Marta Rita Velázquez —o Velásquez, o Kviele, por el nombre de su esposo sueco— y Bárbara fue su nombre-código. Salió huyendo de USA en cuanto supo que Montes iba a colaborar con el FBI y nunca más ha regresado. Tiene 55 años y su esposo es, dicen, un diplomático sueco. Aquí hay una foto de la señora protestando contra el racismo cuando era estudiante de la Universidad de Princeton.

¿Quién es el  esposo?

Vuelan los dedos sobre el teclado. La dirección de Marta Rita que da el Svenska es: Karlavägen 113 11526 STOCKHOLM. Aquí está el registro con esa dirección, y aquí está también, en ese mismo registro, con esa misma dirección asociada, un tal Anders Kviele. Ese debe ser el esposo. Los comentarios en este blog dicen que ese es el esposo: Anders Kviele, un diplomático sueco que ha estado en Belice, Nueva York, Viena y Lisboa. Es consejero del Consejo de Relaciones Exteriores del parlamento sueco y, según parece, también estuvo a cargo, en el Ministerio de Relaciones Exteriores Suecia, del emplazamiento de estudiantes y becarios en las embajadas suecas.

Tres suecos: Ardin, Modig y Kviele.

Como dicen los gringos: For it’s one, two, three strikes, you’re out, at the old ball game!

Me visto, tengo que salir.

Ya en la puerta Amor me pregunta si voy a ir al lugar que ella piensa que voy a ir, un beso.

Camino por las calles de Estocolmo como si fueran las calles de La Habana. Llego a la oficina de la revista Millennium. Subo las escaleras, paso frente a la recepcionista, entro en la redacción y me voy directamente al buró de Mikael.

Me reciben con un sarcástico “Vaya, vaya, otro más que lee Best-sellers”. Pongo encima del buró una foto de un padre con su hija. Sonrío culpable y dejo mi recado: Dile a Lisbeth que necesito hablar con ella.

Regreso sobre mis pasos, bajo las escaleras y antes de llegar a la acera me entra un mensaje de texto en mi celular: sube. w.

Wasp. Lisbeth es un avispa distinta. Vuela como un dragón.

La encuentro sentada sobre el buró de Mikael. En sueños es más linda, el tatuaje también. Me da unos marcadores de agua y me señala hacia la pizarra. Primero, el problema: un buen hombre fue asesinado en Cuba. Sabemos el cuándo y el quién, pero no sabemos el cómo.

Para saber el cómo hay que sospechar de muchos y hay que correr el asqueroso riesgo de ver culpables dónde hay inocentes. A nadie le gusta sentir asco de sí mismo.

Pero existe la llamada Hipótesis del Investigador. Un recurso lógico que dice: Si quieres demostrar una hipótesis intenta demostrar, tanto como puedas, la hipótesis alterna o contraria, si no alcanzas a hacerlo entonces habrás encontrado un espacio de validez para la hipótesis original. Lo lindo que tiene la Hipótesis del Investigador —en este caso— es que lejos de acusar busca exonerar.

Lisbeth Salander me mira al límite de su paciencia.

Me apuro.

Estas son las hipótesis o exoneraciones que me gustaría evaluar:

  1. Marta Rita Velázquez-Kviele dejó de trabajar para la inteligencia cubana después de la captura de Ana Belén Montes. Contraria al viejo adagio de “perro huevero ni aunque le quemen el hocico” esa señora colgó sus hábitos y dejó de ser apuntadora o facilitadora en los reclutamientos de la inteligencia cubana en Suecia.
  2. Anders Kviele —o quienquiera que sea el esposo de Marta Rita— no es cómplice de esa señora y nunca ha trabajado, directa o indirectamente, para la Inteligencia cubana.
  3. Anders Kviele —o quienquiera que sea el esposo de Marta Rita— y su esposa nunca han tenido la más mínima relación, directa o indirecta, con Anna Ardin o con Jens Aron Modig.
  4. Anna Ardin no es amiga personal de Jens Aron Modig.
  5. El sinergismo entre las acciones de Anna Ardin y las campañas de descrédito de la DGI contra los opositores cubanos son obra de la casualidad o del desconocimiento.
  6. Anna Ardin nunca fue reclutada por la DGI. Las medidas activas de esa organización encaminadas a presentarla como una agente de la CIA no son parte de la creación de una leyenda encaminada a esconder su verdadera filiación.
  7. Jens Aron Modig nunca fue reclutado por la DGI o manipulado por esa organización  a través de otra persona.
  8. La decisión de hacer pública la acusación contra Marta Rita Velázquez es casual, está relacionada con otros asuntos, y nada tiene que ver con el deseo de poner fin a una actividad de reclutamiento, la de Marta Rita Velázquez-Kviele, que pudo estar vinculada con la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

Lisbeth Salander se va sin decir nada.

Sueño que duermo. En medio de la noche el teléfono avisa la entrada de un mensaje de texto, y otro, y otro, y otro. Amor me pasa el celular mientras los mensajes se van a cumulando. Cada uno llega desde de un número diferente. Leemos juntos: c, u, 2, day, u, r, …

La alarma del despertador sigue sonando… y los sueños, sueños son.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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2 respuestas a Industrias Avispa

  1. vendoenanitosverdes dijo:

    hola cesar,
    te he leido bastante y me interesa mucho lo que escribes. gracias por tu labor!
    he buscado por wikileaks y no encuentro los cables Venezuela-Cuba, sobre la
    inteligencia cubana en venezuela.
    sera que los han quitado?
    saludos

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