La cama

Fakir bed

Raúl Castro había terminado de nadar en la piscina del Hospital CIMEQ. Pidió un masajista y mientras le daban su masaje entró la llamada que siempre está obligado a responder.

Se sentó en el borde de la cama, preguntó qué pasaba, escuchó con atención y dio una respuesta corta y precisa: No, yo no tengo a nadie.

Del otro lado de la línea dijeron algo y el pequeño hermano se encogió de hombros antes de responder: Sí, está bien.

Devolvió el teléfono al tracatán y mientras volvía a acostarse se quejó: Este me llama para preguntarme si yo tengo a alguien para Ministro de Relaciones Exteriores. Como si a mí eso me importara. Ahora dice que va a poner a Robertico Robaina.

Eso fue a principios de 1993. Unas semanas después, en marzo de ese año, un buen amigo mío llegó de visita a la casa. Se quitó la camisa antes de sentarse en el sofá, me pidió un trapo para secarse el sudor y anunció que se quedaba a comer. Venía molesto de tanta hambre, miseria y explotación.

Comimos escuchando el patrón de prueba en la tele. Fidel Castro, creo, le daba una entrevista a alguien. En algún momento dijo, aseguró, casi juró—con esa capacidad infinita que tiene para mentir—, que él no designaba o nombraba a ningún dirigente de la revolución. Esas decisiones, explicó con sinceridad absoluta, eran colegiadas. A él lo llamaban después que esas decisiones estaban tomadas y sólo para preguntarle su opinión.

El amigo dejó su tenedor en el aire, levantó la cabeza y me miró con asombro antes de decir: Qué clase de tipo más descarado. Después me hizo el cuento del masaje de Raúl Castro y la llamadita. Me lo repitió tal como se lo había contado la mujer desnuda del masajista. Cuando terminó tragué, tomé agua y le recordé que Alarcón seguía al frente del Minrex.

Unos días después anunciaron el nombramiento de Roberto Robaina como Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.

Si hago este cuento no es para sumar otra gota al mar de historias —absurdas y macondianas— sobre el castrismo. La idea es ilustrar algo que se ha dicho otras veces pero que en estos tiempos conviene recordar: A los hermanos Castro la diplomacia les importa un bledo, los compromisos internacionales les valen un pito, y la imagen de la revolución la cambian por un comino.

Basta un recuento de los cancilleres castristas para ilustrar el deprecio que sienten esos dos por la imagen que puedan tener fuera de sus fronteras. Recordemos las payasadas de Roa y la imbecilidad manifiesta de Pérez Roque; el absurdo de nombrar a un antiguo jefe del espionaje —Malmierca— y la mueca salsera que significó Robaina; no olvidemos, también, las tonterías de Alarcón y la grisura de un Rodríguez que sólo sirve, por el momento, para dar fondo al colorido de una rumbita llamada Mariela.

Al castrismo le da lo mismo la opinión que el mundo pueda tener de ellos. La única opinión que ellos valoran —y controlan hasta el más mínimo detalle— es esa que sus medios de difusión diseminan dentro del territorio nacional.  Una opinión administrada y controlada, palabra a palabra e imagen a imagen, por el DOR y la Seguridad del Estado. Para el castrismo es un negocio redondo, siempre lo ha sido, perder toneladas de popularidad en el exterior a cambio de un gramo de control interior.

Eso es algo que conviene recordar.

En estos momentos, por ejemplo, muchos se preguntan cuál es la lógica que hay detrás de la fallida campaña de acoso que el castrismo ha desencadenado contra los opositores cubanos que andan de gira por el mundo. Cuál es la ganancia de unos actos de repudio y de una cruzada de insultos y mentiras que a todas luces está generando el  efecto contrario al que el castrismo podría desear.

¿Qué sentido tiene destapar tanta agentura y esbirromanía en una operación que lejos de convertir a Yoanis, Rosa María, Berta, Eliecer y Orlando en parías ha logrado abrirles —a fuerza de tanta gente indignada por tanta bajeza— puertas que de otra forma les habría costado más trabajo traspasar?

Una posible respuesta es que el castrismo erró el tiro, se equivocó y le salió la bala por la culata. Es una respuesta válida, y quizás haya un poco de eso también; pero me parece una respuesta que parte de la extrapolación de valores típicos de personas decentes a la escala de dos gánsteres que nunca han tenido un ápice de decencia.

Otra posibilidad —mucho más creíble para mí, aunque puedo y quisiera estar equivocado— es que esa operación está muy bien calculada y forma parte de la cama que la Seguridad del Estado le está haciendo a esos opositores. Una operación encaminada a aprovechar el regreso  a Cuba de esas personas para cobrar, con ellas, el gramo de control interno que ya pagaron con toneladas de descrédito internacional.

El castrismo lo ha hecho ya tantas veces que resulta fácil imaginar, a grandes rasgos, cómo podría estar haciéndolo ahora. Para empezar, es muy probable que ya desde el principio hayan decidido concentrarse, por razones de popularidad y efecto Dominó, en la figura  de Yoani Sánchez.

La primera etapa será la inevitable campaña mediática que debe comenzar, como es habitual, con el ninguneo. Ya en estos momentos los estudios fílmicos de la Seguridad del Estado podrían estar entrevistando a personas en la  calles de Cuba, para preguntarles si conocen o reconocen a Yoani Sánchez. Las respuestas escogidas para salir en pantalla serán, claro está, las de esas personas que encogiéndose de hombros y con mayor o menor jocosidad dirán que la susodicha es muy conocida en su casa a la hora del almuerzo.

La segunda fase será el descrédito. Algo para lo que el castrismo tiene un talento especial y una ventaja de inicio. Después  de medio siglo de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” el castrismo sabe que nada molesta más a los cubanos de a pie que una persona con dinero y sin poder para justificarlo. Ahí vendrán las imágenes de los premios de Yoani, los dólares y las visas cayendo de forma exagerada en la pantalla, mientras los “expertos” explican como hace la CIA para montarse esas operaciones de construcción y financiamiento de supuestos opositores.

En esta sección del programa no debe faltar un “académico” castrista —nombre código “Bald Eagle”—  explicando como hizo la CIA para intentar reclutarlo —durante una de sus tantas visitas a las instituciones académicas estadounidense, y muchos años antes de que el “fenómeno” Yoani surgiera— para convertirlo en un opositor interno y como le explicaron, una vez que él fingió estar interesado, la forma en que financiarían sus actividades dentro de la isla mediante el otorgamiento de premios. Fue gracias a ese trabajo, dirá Águila Calva con su mejor cara de modestia, que la revolución supo de la lucha que se avecinaba.

A esas alturas estará todo listo para el glorioso capítulo del rechazo internacional a la figura de Yoani y las muestras de apoyo que recibió la revolución cubana durante todas y cada unas de sus apariciones públicas. Las imágenes serán las de esos actos de repudio que ellos mismos ordenaron y filmaron de una forma muy conveniente. Salta a la vista que las tomas de esos actos —que ya se pueden ver en Internet— muestran una enorme preponderancia de  planos cerrados. Un viejo truco que permite presentar a pequeños grupos de personas como una multitud de pueblo enardecido y no como lo que realmente son: botones en un abrazo.

Llegará, entonces, la esperada etapa de la quemadera de agentes. Ese personal que siguiendo las órdenes de sus manejadores tendrá que abandonar sus confortables vidas en el exilio y reaparecer en La Habana con grados y charreteras verdes. Todos hablando hasta por los codos de cómo hicieron para penetrar los más profundos entresijos de la operación Yoani; todos mostrando fotos, correos electrónicos —creados en las dependencias de la DGI— y cuanta cosa permita probar la inconmensurable maldad de la bloguera cubana.

Ya a estas alturas el personal de Alfredo Guevara estará insinuando desde el exilio que toda esa campaña de descrédito y acoso del castrismo, contra Yoani, no es otra cosa que una prueba fehaciente de su pertenencia a las filas de la Seguridad del Estado. No faltará, claro está, los griticos de personas que merecen como única respuesta esa de: Si Yoani es de la Seguridad me quito el sombrero, porque hicieron con ella un trabajo mucho mejor que el que hicieron contigo.

Se irán acercando así al momento de la represión dura y pura; a los actos de repudio filmados con planos cerrados, a las imágenes pasadas por la televisión para “demostrar” que el pueblo, ya informado gracias a los programas anteriores, ha tomado la soberana decisión de no tolerar las actividades de esos grupúsculos. Será el momento de ese aceite esencial de cloaca que el castrismo lleva más de cincuenta años destilando con esmero. El momento del show para un verano caliente y sin petróleo chavista. La culminación de otro operativo que, como muchos anteriores, dejará a un nuevo grupo de personas convertidas en piezas para negociar con americanos y europeos.

Foto: Fakir bed, por Alena Dostalova

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
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6 respuestas a La cama

  1. PabloFP dijo:

    “Así, lo creo, van a suceder las cosas.” 😦

  2. Raúl Colón dijo:

    Agudo texto César, me recuerda un libro publicado recientemente: “El otro paredón: asesinatos de la reputación en Cuba”, escrito por cinco autores cubanos en el exilio que tienen una pluma tan fina como la tuya. Valdría la pena incluir tu texto en una próxima re-edición de aquel.

  3. Family guy dijo:

    no se si habras visto en youtube los dibujitos animados del ”Agente 00Y” realizado en el ICAIC, sobre Yoani. Por otra parte no pude parar de reirme leyendo el post, asi que : ”este me llama… ” jajaja , sirvió

    • Sí, Peter, ya vi uno de esos animados en lo de Enrisco. Nada que no estuviera previsto. Los castristas son tan predecibles que si no fueran tan asesinos darían más risa de la que ya dan. Un gusto tenerte por acá.

  4. ecumenico dijo:

    yo creo que van a intentar apretar a los gringos con yoani, viendo que con gross no lograron nada, le van a dar prision a la flaca para ver si les devuelven a los 5 espias que tienen guardados los gringos……..

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