En la mira

 floria-sigismondi

¿Qué es el castrismo?

¿Qué es un castrista?

Creo que en estos tiempos de tantas suspicacias, insinuaciones y acusaciones, resulta importante discutir estas preguntas.

Mi propuesta inicial es que el castrismo no es una ideología, una doctrina política o una forma de gobierno. El castrismo es, simple y llanamente, la disposición a mentir, insultar, robar y asesinar para proteger el poder de los Castro. Su sigla sería MIRA.

Un castrista no es ese personaje —que todos tenemos en nuestras familias en Cuba— siempre dispuesto a levantar banderitas, repetir consignas y dar algún que otro chivatazo. Un castrista no es esa persona que tiene una opinión distinta a la nuestra, por mucho que pensemos que esa opinión puede favorecer a los Castro.

No, un castrista es alguien que va más allá de la cobardía, la estulticia y la maldad adocenada que siempre ha caracterizado al polvo humano. Los verdaderos castristas se diferencian de la multitud porque están dispuestos a mentir, insultar, robar y asesinar, con reiteración, en aras de defender el poder de los Castro.

La buena noticia, entonces, es que en Cuba no hay tantos castristas. La mala es que estamos dispuestos a aceptar la mentira —castrista— de que casi todos los son. Ya va siendo hora de abandonar esa creencia.

Podríamos empezar por clarificar nuestros criterios diagnósticos y por ejercer cierto rigor intelectual a la hora de aplicarlos. Eso de ir festinadamente por la vida diciendo que fulano o mengano son castristas puede parecer muy aguerrido, puede funcionar como venganza o como mecanismo de descompresión, pero de nada sirve para luchar contra los Castro.

Si a fulano o mengano no le gustó la novela que escribimos, el poema que declamamos, el ensayo que ensayamos o el correo que le hicimos llegar, podemos acudir a fórmulas tan socorridas como decir que tiene mal gusto, le falta inteligencia o es un maleducado que no responde los mensajes que recibe. Pero por favor señores —y señoras— dejemos el término castrista para aquellos se lo han ganado a fuerza de dolor ajeno.

Si fulano o mengano tienen una opinión que no es idéntica a la nuestra, podemos decir que les falta información, que la gente cambia, o que en Cuba, un país regido por el miedo al poder total del castrismo, algunos se sienten obligados a matizar sus opiniones de la misma forma —dicho sea de paso— que muchos de nosotros lo hicimos cuando estábamos allá. Pero por favor damas, y caballeros, dejemos el término castristas para aquellos que cuando opinan mienten e insultan.

Si lográramos tener una idea clara de qué es un castrista, y el compromiso de no caer en acusaciones infundadas, podríamos ocuparnos de cosas mucho más importantes. Ocuparnos, por ejemplo, de la labor sistemática de eliminación física —asesinato— que el castrismo está ejerciendo contra la oposición cubana.

En los últimos años han fallecido, por diversos caminos, una lista demasiado larga e importante de opositores cubanos. Cada una de esas muertes puede ser presentada, por separado, como un suceso de ocurrencia normal. En su conjunto, sin embargo, la probabilidad de que todas esas muertes hayan ocurrido de forma natural es tan baja que indica, inexorablemente, en el sentido de una causa común. En otras palabras, esas muertes son asesinatos o los Castros tienen una suerte increíble.

Creo que el exilio cubano, lejos de ocuparse de quién dijo esto o aquello, quién es castrista y quién no, debería ocuparse de denunciar, ante la opinión pública mundial y los respectivos gobiernos de sus países, lo que a todas luces parece ser una labor sistemática de eliminación física de los opositores cubanos.

En estos momentos, por ejemplo, yace en una sala de cuidados intensivos la señora Yris Pérez Aguilera, esposa del opositor cubano Jorge Luis García Pérez (Antunez), quien fue golpeada salvajemente por miembros de la policía política castrista.

El castrismo, es fácil imaginar, tiene en la mira a otros opositores y opositoras. Lo único que puede salvar la vida de esas personas es una campaña internacional encaminada a terminar, por los medios que sea necesario, con la impunidad de los hermanos Castro.

¿Por qué buscar más castristas, si con dos basta para ponerle fin a medio siglo de dolor?

Foto: Floria Sigismondi.

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a En la mira

  1. Felix Antonio Rojas G. dijo:

    Castrismo: dos guajiros pavorosos, salidos de los tetricos palatanales de Biran…y la Luz-brillante.

  2. turandot dijo:

    Lo mejor que he leido sobre el tema.

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