Cuadernos y cuadernas

Cabo-bojador-2

Para Ángel Santiesteban, escritor cubano encarcelado por la tiranía castrista.

Blog es una palabra que me recuerda el mar. Dicen que viene de weblog, que en inglés significa registro, diario de navegación o cuaderno de bitácora para la web.

Hoy empiezo a navegar la blogosfera con barco propio. Es posible que encalle antes de salir del puerto, pero este sabor a sal que ya tengo en la boca bien paga por el intento. Veremos qué pasa, algún día Google dirá.

Pienso en la palabra blog y pienso en muchos marinos, unos reales y otros ficticios, pero todos anclados en una memoria que es tan esférica como el planeta que ellos navegaron.

Leí “Magallanes, el hombre y su gesta” al inicio de mi adolescencia. Recuerdo que más que la extraordinaria circunnavegación del planeta me impresionaron las palabras que Stefan Zweig dedica a la conquista del cabo Bojador. Un punto geográfico que hoy muy pocos podrían señalar en un mapa; pero que durante siglos marcó, literalmente, el fin del mundo.

Así lo dice Zweig en su libro: “Por siglos y siglos se había susurrado entre hombres de mar que detrás del cabo No – “no más allá”- (Bojador), la navegación se hacía imposible. Allá detrás empezaba “el mar verde de lo misterioso”, y ¡ay del barco que se aventurase a entrar en la zona mortífera, porque en aquellos parajes el mar hierve y las tablas y el velamen se convertirían inmediatamente en llama viva, y la piel del cristiano que intentara hollar la Tierra de Satanás, adusta como un paisaje volcánico, se volvería negra al instante (Tan insuperable se había hecho, al arrullo de tales fábulas, el horror de un viaje al Sur, que el Papa, con la intención de proporcionar a Enrique (El Navegante) unos tripulantes para las primeras expediciones, aseguraba a los que participaran en ellas la remisión de sus culpas; así se logró reclutar, para los primeros viajes de exploración, unos pocos hombres arrojados)”.

En 1434 un portugués llamado Gil Eanes cruzó el famoso cabo Bojador. En su primer intento le faltó decisión. En el segundo, sin embargo, logró sobreponerse a las supercherías de Ptolomeo, al terror de su tripulación, al recuerdo de sus propias culpas y pudo, al fin, navegar más allá del fin del mundo. Si nos guiamos por la historia de Zweig, ya a la altura de esa región que hoy llamamos Guinea, Eanes escribió “aquí se puede navegar a la vela tan fácilmente como en nuestras aguas, y la tierra es en extremo rica y hermosa”.

Con esas palabras desaparecieron siglos de oscurantismo. Con esas palabras aprendí, intuí, que el miedo como construcción social es una barrera mucho más difícil de conquistar que las más inalcanzables regiones geográficas. Guardé en memoria el nombre de Gil Eanes y todavía hoy lo repito, como un conjuro, cada vez que descubro alguno de esos miedos o terrores que las sociedades tejen para controlarnos.

Después, con el tiempo, supe que la versión castiza del apellido Eanes no es otra que Yáñez (o Yánez). Eso me llevó a recordar que uno de los personajes favoritos de mi niñez lleva por nombre ese apellido. No sé si Yáñez de Gomera (o Yánez de Gomera, según la edición), el inolvidable lugarteniente de Sandokan, deba su nombre al recuerdo del hombre que conquistó Bojador. Lo que sí sé es que ese personaje representa, con su sangre fría, su flema casi inglesa, su sentido del humor y su apuesta por las causas perdidas, una forma de valentía que siempre he admirado mucho.

Cada vez que leo la famosa frase “Keep calm and carry on” (Mantega la calma y continúe) pienso, paradójicamente, en ese portugués. Yáñez de Gomera, fumando en el puente de mando de alguno de sus barcos robados mientras espera —impasible— que la imponente armada de su Majestad lo muela a cañonazos. Ruy, el protagonista de mi primera novela lleva en su nombre, a pesar de estar en las antípodas del personaje de Salgari, el apellido Yánez.

Leí “20000 leguas de viaje submarino” con nueve años de edad. Ya para esa época de mi vida había decidido que cuando creciera iba a ser oceanógrafo. Los hechos parecen indicar que todavía no he terminado de crecer. De todas formas, debe haber sido aquella vocación temprana la que hizo que me fijara mucho en un personaje secundario de esa novela. El americano Maury, un sabio con un conocimiento tan profundo de los océanos como el que yo soñaba tener algún día.

Pasó el tiempo y descubrí, ya aquí en Montreal y gracias a un amigo chileno, que ese personaje de Julio Verne tiene su origen en un americano real, de apellido Maury, que es considerado por muchos como el fundador de la oceanografía.

Matthew Fontaine Maury fue un marino estadounidense, sureño y confederado, que se enroló desde los diez y nueve años de edad en la armada de su país. En algún momento de su vida activa sufrió un accidente de servicio y fue licenciado. Con el tiempo terminó de superintendente en el Depósito de cartas e instrumentos de la Armada de los Estados Unidos. Lejos de desanimarse por un trabajo tan distante del mar se dedicó a estudiar miles de cuadernos de bitácora, y cientos de cartas marinas, que criaban polvo en el Depósito. A partir de esa extraordinaria fuente de información pudo extraer y señalar, con gran exactitud, la localización de las principales corrientes marinas y eólicas del Atlántico Norte, así como el comportamiento de esas corrientes durante las distintas épocas del año. Las cartas de navegación creadas a partir del asombroso trabajo de Maury permitieron acortar extraordinariamente las travesías marítimas.

Hoy, en un mundo de aviones a reacción, barcos con hélices y canales interoceánicos, las cartas de Maury, aunque no han perdido validez, resultan de una importancia práctica relativa. Su valor teórico, sin embargo, permanece intocado. La razón de ese reconocimiento radica en el hecho de que el trabajo de Maury es un ejemplo típico, claro, e inobjetable, de extracción de información a partir de una inteligencia colectiva, o sea, del surgimiento de una verdad de abajo hacia arriba y no, como estamos acostumbrados desde los tiempos de Ptolomeo, de arriba hacia abajo.

Los Ptolomeos de este mundo —que son los santos patrones del sentido común— miran sin observar y decretan, por ejemplo, que la tierra es plana o que el viento sopla para donde le da su real gana. Los genios, por su lado, observan y van más allá del sentido común; pero sólo unos pocos de esos genios, entre los cuales está Maury, han tenido la oportunidad de basar sus descubrimientos en las miradas anónimas, desprejuiciadas, y en ocasiones reluctantes, de otros miles de seres humanos que no hicieron otra cosa que dejar algún rastro de sus observaciones.

Siempre he pensado que el internet y la blogosfera son el primer sistema de colección sistemática y análisis —de abajo hacia arriba— de nuestra inteligencia colectiva. No es casual que esa herramienta haya surgido en los Estados Unidos de Norteamérica. No es una sorpresa que los Ptolomeos de este mundo intenten coartarla y controlarla a como dé lugar. Les va la vida en ello; porque en un mundo de enjambres lúcidos —y hormigueros sagaces— las reinas y los líderes quedan, en el mejor de los casos, para poner huevos.

En Cuba, esa isla del mar Caribe que Sandokan nunca visitó, la lucha entre el oscurantismo del poder y la inteligencia colectiva alcanza proporciones épicas. Los Ptolomeos cubanos, mejor conocidos como castristas, llevan más de medio siglo controlando al pueblo a base de miedos y terrores. Cualquier análisis desprejuiciado de la realidad cubana demuestra que el discurso castrista tiene una enorme cantidad de puntos de contacto con la más rancia tradición oscurantista. Una visión del mundo y la sociedad —el comunismo— tan válida y vigente como la de un planeta en forma de plato. Un enemigo tan poderoso, ubicuo y fantasmagórico —el capitalismo— como Satanás. Un cabo Bojador —la democracia— mucho más aterrador e infranqueable que el que pudo rebasar Gil Eanes. Unas procesiones y unos autos de fe que se repiten con regularidad demencial, pero que nunca alcanzan el ansiado objetivo de lograr que todos dejen de pensar por sí mismos.

No es de extrañar, entonces, que para el castrismo el gran enemigo a derrotar sea la incipiente blogosfera cubana. Una herramienta que además de servir para colectar y analizar una inteligencia colectiva que lleva más de medio siglo adormecida, está sirviendo como catalizador para el despertar de esa inteligencia. La gran osadía de todas esas personas es decirle a los cubanos que ya va siendo hora de que empiecen a pensar por sí mismos, y que la temida Dirección General de Inteligencia castrista nada puede hacer contra una inteligencia que no necesita una dirección general para ser extraordinariamente efectiva.

El precio que están pagando los blogueros cubanos, tanto dentro como fuera de Cuba, es bien alto. Raro es el día que pasa sin que los insulten, acosen, maltraten o encarcelen. A pesar de eso la inmensa mayoría de ellos —y de ellas— mantienen la calma y continúan, impasibles, ante un poder que tiene todas las de perder; porque como dice Stefan Zweig en su libro sobre Magallanes: “ya es sabido que donde exista una generación decidida, el mundo se transformará”.

Foto: Cabo Bojador, visto por Google Earth

Acerca de reynelaguilera

La Habana, 1963. Médico. Bioquímico. Escritor. Desde 1995 vive en Montreal.
Imagen | Esta entrada fue publicada en Cuba. Guarda el enlace permanente.

21 respuestas a Cuadernos y cuadernas

  1. Victor Mozo dijo:

    Ya era hora amigo César, felicitaciones.

  2. Oxana Alvarez dijo:

    siempre he pensado que la mezcla de ciencia y arte es imbatible, tienes el don, nosotros -tus lectores- la suerte de leerte. Qué agradable sorpresa!

  3. Bienvenido a la blogosfera Ceci. Te añado a mi blog roll enseguida.
    Gracias por este post maravilloso.
    Un besote,
    Vero

  4. Gabriel Deldprino dijo:

    ¡Bienvenido al mundo de los blogs!

  5. isiswirth dijo:

    Felicidades! Muy buen post. Volveré. Casualmente, hacía varios días estaba pensando en tí. Saludos,
    Isis

  6. Yass Montana dijo:

    Un primer post muy ameno e inteligente. Gracias. Saludos desde Ottawa.

  7. Alexis Romay dijo:

    Bro:

    Bienvenido al éter nuestro que está en todas partes. Faltaba tu voz en este coro. Que lleves viento en popa y arribes a buen puerto.

    ¡Enhorabuena!

    Un abrazo,
    A

  8. Muchas gracias a todas y todos. Besos y abrazos. C.

  9. Ein zuverlaessiger Freund dijo:

    Zweig

  10. Francisco García dijo:

    felicidades!!

  11. ¡Felicidades! Ya era hora…

  12. Paco Hermosín dijo:

    Magnífico artículo y aún mejor inicio de cingladura Cesar.
    Nunca leí la biografía de Magallanes redactada por Zweig pero sí sus Memorias de un europeo, donde describe en detalle ese otro oscurantismo que asoló a Europa en su periodo de entre guerras.
    Te seguire desde mi chalupa, catalejo en mano y atento a cuanto escribas en este tu particular cuaderno de bitácora.
    Enhorabuena

  13. alexis callado dijo:

    Su valor teórico, sin embargo, permanece intocado.
    intocado no existe en español , intacto si…
    Excelente texto
    Enhorabuena¡¡¡

  14. Isbel Alba dijo:

    ¿Qué decir? Me sorprende que hayas tardado tanto. Magnifico post. Abrazote.

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